Dios se volvió loco. Tanta creación lo encegueció de
tal manera que absolutamente todo, le da igual. Ya no necesita de pecadores que
lo inciten a desplegar su ira. Basta solo con un rato de aburrimiento, para que
su dedo maligno señale el sitio en el que va a caer la siguiente bomba atómica
celestial. Sin hidrógeno ni plutonio, simplemente con una sobrecarga de maldad
y resentimiento todo puede colapsar. Todo DEBE colapsar, porque sino el cielo
se pone gris.
Ya no son dictadores ni diablos
humanizados los encargados de la parte sucia del trabajo, ya que los honorarios
de estos eran cada vez mayores y el Señor decidió que no era conveniente
malgastar tantos fondos en unos simples instrumentos de su funesta cólera. Hoy
la cosa es más sencilla. Por tierras próximas y alejadas se extiende a diario
la premisa de que es acertado que quien te da la vida, está en todo su derecho
de quitártela. ¿No es así más rápido y efectivo? Obviamente, están también
quienes no te conocen y deciden asesinarte, pero el número de ellos se
mantiene, mientras que el de los sicarios a traición agravada por el vinculo,
no deja de crecer.
¿Tanta maldad en el mundo, es
realmente el plan de Dios? ¿O será que el pobre creador está tan viejo que el
pariente de abajo le está mordiendo los talones? ¿Será que Dios y el Diablo, no
son más que el Dr. Jekyll y Mr. Hyde? ¿Será que tanto arriba como abajo solo
existe el vacío? ¿Será que desde el principio el mundo estaba destinado a irse
a la mierda?
Mientras perecemos entre tantas preguntas
sin respuesta, la sangre de ángeles nos llega al cuello. No hay salvavidas que
nos proteja del fuego que invade nuestras conciencias ante semejante
espectáculo. Pensamos solamente en venganza. ¿Contra quien? ¿Contra quien
empuña el arma? ¿Contra quien, abusando de su fuerza y de la debilidad de su
retoño, descarga sus tensiones en alguien a quien debería abrazar? ¿A dónde
está Dios cuando un padre golpea a su hija contra la pared? ¿A caso sucedió
fuera de su jurisdicción? ¿Cuánto de verdad hay en la conciencia de los hombres
y en eso que llaman religión?
Tanta indignación nos incita a la
interminable búsqueda de culpables. ¿Justicia? La justicia es mierda ante un
río rojo que nos escupe en la cara hasta donde puede llegar la brutalidad
humana. ¿Prevención? ¿Cómo prevenir la barbarie primitiva que aprisiona el alma
de alguien que no vale más que el peso de su cuerpo? ¿Alguien tiene alguna
respuesta consciente que no se base en el odio?
¿Qué hay con Dios? ¿Realmente Gott ist tot[1]?
Eso no cambia nada. Culpar a Dios es como culpar al maestro de primaria
de la madre que asfixia a su hijo, o del hijo que maltrata a su anciano padre.
Decir que el Diablo está ganando la batalla, es como decir que en África la
gente se muere por culpa de Obama. ¿Cuánto hay de cierto en mis palabras? No
creo que sea importante. Que escribo con egoísmo, con impotencia, con hartazgo,
con bronca, con mezquindad... está claro. Somos todos producto de una realidad
que inventamos y que nos inventa a diario. ¿Estamos transitando el peor momento
de la historia del mundo? Sí, y no. Nuestro mundo está mal. Parece una casa
vieja que se cae a pedazos. Quizás estemos en una habitación que todavía
resiste, pero en ella no cabemos todos. ¿Qué pasa con la gente que está en la
cocina o en el comedor? ¿Y nuestros vecinos? Escuchamos sus gritos, pero nos
cuesta entender su dolor. Nos asomamos a la ventana y el suelo ya no se ve. En
su lugar, abundan las olas de sangre de ángeles que desde arriba... ¿nos miran?
¿Se olvidaron de la tierra y no sufren más? Los vidrios se tiñen de rojo y de
la impresión no queremos ni mirar. O queremos salir, mancharnos la ropa y
mezclar sangre inocente con la sangre ácida del padre alcohólico o drogadicto o
que simplemente necesita que lo encarcelen y lo maten y lo resuciten cada día
para volverlo a matar. En nombre de la justicia, nos sale el Hitler más
salvaje. ¿Pero que podemos hacer? El mundo gira cada vez más rápido, y es
imposible bajarse.
¿Qué hay que hacer con el que
mata? Simple. Tomamos una balanza y pesamos la vida que queda y la que se
perdió. ¿Cuánto duró el sufrimiento del angelito que partió? Multipliquemos ese
número, por una eternidad, y démosle al verdugo lo que merece. ¿Qué a
donde quedaron los derechos humanos? Eso mismo me pregunto también mirando los
rostros ilusos de John y Yoko mientras con sus dedos dibujan una V. No quiero
ser Dios, ni el Diablo. No quiero leer el diario, y que a pesar de ser de hoy,
lea siempre las noticias de ayer. No quiero vivir triste ni enojado ni con una
impotencia tan inmensa como la maldita locura de padres y madres pobres de
espíritu que crecen como hiedra venenosa. No voy a salir con la bandera de el
que mata tiene que morir, aunque creo, desde mi humilde lugar, que el que
mata, no merece vivir. Y para no vivir más, no es necesario dejar de respirar.
Solo hace falta JUSTICIA. Justicia de verdad.
27-08-16

