Información sobre el éxito de los procesos constantes y arrítmicos
fluye desde la profundidad del Inequívoco Sistema de
Compatibilidades Extremas adoptado por la Congregación. Los fieles
abusan de los festejos, justificándose con que no todos los días el
tiempo puede ser aprovechado de tal manera. Las excusas abundan
mientras las risas hacen expandir la noticia. Hasta el firmamento
parece favorecido por los nuevos avances en tan complejo campo de la
investigación social. Las estrellas se desplazan creando estructuras
atípicas celestes con el fin de convertir en formas humanas su
satisfacción. Los aplausos y silbidos suben hasta el cielo
produciendo sonrojamiento y tímidas sonrisas tan imperceptibles como
la oscuridad que debería abundar a esa altura de la noche. Algo no
estaba bien.
Subió el más joven y atlético fiel a la Colina Rocosa del Milagro
Eterno, y comprobó qué, realmente, algo no estaba bien. Quizás no
era ese el día indicado, o el mensajero había decodificado no del
todo bien el mensaje, a pesar de que para él era lo suficientemente
claro: estructuras atípicas, formadas por nociones conocidas para el
pensamiento congregacional, serían las responsables del cataclismo
final de la aurora. El día y la hora no se especificaban, pero se
indicaba una improrrogable proximidad, envuelta en gritos de delirio,
efusividad y desesperación no reconocida. El mensaje fluía a
borbotones desde el Inequívoco Sistema de Compatibilidades Extremas,
y se derramaba como manantial por la ladera de la despoblaba colina
milenaria. Era tarde para cualquier tipo de acción, de decisión, de
reparo. Lo importante era sucumbir de la manera más poética
posible. El joven atlético decidió adoptar, sin saberlo, una pose
shakespereana y así esperar el fin.
Al pie de la montaña el alboroto se extendía y parecía no dar
lugar a la calma ni a la comprensión. ¿Cómo después de tantos
siglos, el Inequívoco Sistema de Compatibilidades Extremas, podría
haber funcionado? En caso de que funcionara, ¿qué era realmente?
¿Quién lo había inventado? ¿Cuál era la información que los
había puesto tan felices? Nadie tenía por qué pensar en ello, ya
que ni pensar ni existir estaba dentro de las fortalezas de la
Congregación. Las estrellas brillaban y dibujaban formas que podrían
haberse interpretado fácilmente por quien las conociese. Los
congregacionales solo festejaban, pues Festejo Eterno era el lema que
gritaban las voces de sus dioses desde el templo.
Siguieron festejando cuando las letras los golpeaban fuertemente en
sus cabezas, cuando corrientes de vocales y signos de interrogación
los arrastraban como potentes ríos. Los niños tomaban con sus manos
a los pequeños signos de puntuación y se los arrojaban como si
estos fuesen bolas de nieve. Se golpeaban, herían sus cabezas y
estas desangraban. Más sangre brotaba de sus pares, mayor estruendo
provocaban los gritos con los que festejaban sus hazañas. Los
mayores parecían niños, los niños parecían animales. Solo los
pájaros pudieron escapar, cuando el diccionario entero diluvió
sobre la tierra. Ningún ser humano sobrevivió.

