Destellos de luz invadieron el cielo nocturno de un existir
aburridamente solitario. Me asomé a la ventana y te vi, esperando
(¿esperándome?).
Resbalé en la ferocidad de tu mirada y exorcicé a la agonía de un
tiempo cegado por un olvido distante, constante y empalagoso. Como
una alienígena me mostraste algo desconocido, invisible ante mis
ojos, pero que jamás podría haber pasado desapercibido por mi
sentir. Me mostraste sin mostrarme nada, que no se trata de volver a
empezar, sino de continuar andando escudado por una esperanza
atareada por el clima cálido de espacios verdes tan conocidos, tan
descriptos en sueños definitivamente inconclusos.
Me abracé a tus anteojos que me pidieron que no te suelte más. Tu
nave me convirtió en ave con ansias de vuelo, y mientras te espero
desespero por despegar, por perderme en ese desconocido firmamento
que anida estrellas que brillan al son de tu risa, de tu saber
envolvente que se disfraza de pasión, y aniquila al tiempo como un
martillo intergaláctico programado para crear, para crecer. Para ser
más de lo que esperé, más de lo que espero. Exactamente lo que
necesito.
Se alinean los planetas como los trazos de un pentagrama que quiero
abrazar, tatuar en mi brazo y sobre un altar adorar. Te esperé años
luz mientras no sabía que existías, mientras otros soles me
confundían y me abrasaban sin darme luz. En un día nublado, como un
flechazo con tus ojos atravesaste mi espacio, convirtiéndolo en
solamente tuyo.
No sé si sos una estrella, mi marciana o una doncella de otro
tiempo. De lo que estoy seguro, es de que no me miento, no creo que
sea posible un pronto casamiento, pero mientras escribo, no me
arrepiento. Lo había perdido, pero tu energía espacial me hizo
recuperar el aliento. Esta noche no escribo para olvidar, ni para
invitar gente a mi pasado. Como hacía mucho, vuelvo a sentir a mi
corazón pesado, repleto de algo que no puedo describir, a punto de
implosionar, con la agonía en estado de coma y con los días
contados.
Cayó una estrella, y me tocó un deseo...1
Yo no quería. Ni sabía que podría, pero pasó. Me
enamoré de un ser espacial. Especial internamente, de frente
y a los costados. No importa que no seas de este mundo. Aunque seas
un rayo del mismísimo sol, esta noche, sin pensarlo, me abrasaría
abrazado entre tus brazos.
12/12/15




