viernes, 9 de diciembre de 2016

Tragicomedia romántica


Destellos azules interrumpen la calma de un viernes con cara de domingo. La música, el sol, la lluvia que no se anima a instalarse… y vos. Desde allá, desde donde no te veo, desde donde no me recordás. Desde un sitio tan similar al olvido que te resguarda del abismo de mi mirada y que me protege de la inmortalidad de tu risa.
De a poco se me acaban las excusas para no olvidarte. Tu voz, tu perfume, tu forma de mirar… todo lo que me hacía volar, hoy voló y me dejó la boca con un sabor extraño que me cuesta mucho describir. ¿Así sabrá el olvido, la superación, el desinterés? ¿En eso se convertirán los grandes amores cuando nadie los ama? Tantos despojos lo llevan a uno a pensar si valió la pena haber vivido todo lo que se vivió. La felicidad, la entrega, la siempre tan larga agonía al final de las cosas… y no lo entiendo. El resultado de cada delirio resulta fastidioso y aburrido. Ya no me da para caer en eso de que de todo se aprende, que todo pasa por algo. ¿En tan poca cosa se basa el vivir? Primero todo bien, después más o menos, drama, tragedia, calma, tranquilidad. Principio, nudo y desenlace una y otra vez hasta que de tanto girar la rueda del destino se salga de su eje y rodando se pierda en el infinito. Muerte. Al final del camino siempre está la muerte. Para vos, para mí, para quien te quiso, para quien te traicionó, para quien no te dio ni la hora, para quien te dejó tres horas plantada.
Los destellos azules no existen. Fueron una excusa para iniciar de manera poética algo que sabía que iba a terminar mal. Como cuando me preguntaste sí quería ser tu amigo. ¿Con qué necesidad? ¿Con que necesidad me esfuerzo en revolver algo que ya no tiene ni forma ni color? Ya no quedan ni pensamientos, ni recuerdos ni palabras. Me duele el alma de tanto aburrimiento al intentar forzar algo que nunca tuvo fuerza, ni calor. Algo que solo vivió dentro de un espejo que tuvimos que romper para ser libres. Quien aventó la piedra al final, no es importante. Si lo rompiste a patadas, si lo destruí a cabezazos para no estallar, es como el beso bajo la lluvia al final de la comedia romántica: totalmente estúpido e innecesario. Hoy la distancia nos hace libres y el olvido nos brinda nuevas oportunidades. Oportunidades buenas, aburridas, destinadas al fracaso, pero oportunidades al fin. Fin. Nuestra tragicomedia romántica se extinguió. La última copia que quedaba la cambié por una hoja de papel en blanco y un lápiz nuevo. Por suerte el lápiz tiene goma, con la cual pienso borrar tu nombre y, sí alguna vez paso frente a tu casa, arrojarla con mucha fuerza contra tu ventana. No por maldad, rencor o vandalismo, sino para darte motivos acerca de que todo lo malo que pasa en el mundo es culpa mía. Y que así sigas creyendo que tenés razón, para que cuando vuelvas a equivocarte, aunque sea invadida por la bronca, vuelvas a pensar en mí.


09-12-16

Noches cobardes


En noches cobardes que me incitan a recordarla, escapo de su risa, que desde el cielo sonríe distante. Despliega sus alas y velozmente desciende hacia el abismo del que intento huir. Su llegada convierte en tortura al simple infortunio que padezco como antesala del fin. Mis buenas intenciones caducan frente a su descomunal artillería de venganza. Mis estrategias no tienen forma, no tienen cara. Su risa es el vil instrumento del destino que el pasado utiliza para cobrarse partidas en las que aposté todo sabiendo que lo único que conseguiría serían toneladas de nada. Porque ni siquiera era un vacío para llenar. Era nada, abismal y cruelmente nada. Esa que al mismo tiempo puede ser el fuego que te quema y el hielo que te congela. El aire que te falta, el abismo que te espanta, ese reflejo que a través del espejo te dice que estás muerto y que ya no vale resucitar. Que no tiene sentido.
Ella gira sobre mi cabeza. Del movimiento de sus alas surgen huracanes que elevan mis penas hasta el firmamento que me castiga. Soy mi propia victima, el victimario de las horas que cada noche me aniquilan apuñalando cada espacio de mi ser con caricias de besos de esa boca que cuando reía me hacía creer en mí. Y en ella. E introducía en mi alma la necesidad de nunca jamás dejarla ir. Estaba todo planeado de antemano. El amor, la desdicha, el huracán, la ausencia de su risa. Esta noche tenebrosa que se repetirá hasta el fin de mis días como acreedora de todos los sueños que enterré esa tarde en la que le dije adiós. Esa tarde en qué, con la excusa de pensar en mí, olvidé completamente mi propio existir. Y me quedé en la tierra. Hundiéndome y pensando en ella, mientras el verdugo infinito del tiempo programaba su agenda para nunca más dejarme de torturar con la imagen de su espalda dejándome atrás. ¿En qué pensaba ella mientras se marchaba? ¿En que pensaba yo cuando la dejé ir?      


02/10/16

sábado, 3 de diciembre de 2016

Guerra contra la paz


El barrio se hizo silencio, y el silencio se hizo paz. Avancé entre los escombros como quien busca renacer, como quien busca olvidar. Después de una guerra, la paz te alivia tanto como te aburre. Como te enferma. Al comprender que la enfermedad es también la cura, todo recupera su sentido. Aunque abunde el vacío, aunque sea tanto el silencio que se confunda con el ruido, el alma perdida se te escapa como arena y contamina al viento mientras juega a poseer una libertad que no le pertenece, que la contamina, pero que por nada del mundo va a dejar escapar. 
Siento pedazos de sueños flotar en mi aire interior. Como en una cápsula espacial, que vaga por infinitos abismos imposibles de percibir. Sueños que no soñé, sueños que cumplí, sueños que perdí, inflaman mi espíritu y me convierten en globo. Un globo sin aire, que flota pero no respira; que grita, pero que nadie lo escucha. ¿Y si estallo? ¿Y si arrojo mis sueños a la superficie que me envuelve sin saber que estoy? 
El barrio se hizo silencio, y el silencio se hizo paz. Esa paz de cementerio que me estruja el alma y me llena de frío el cuerpo. Ni el sol me acompaña, cuando en cada esquina las penumbras me asaltan. Me preguntan por vos, por tu pelo, por esa risa que inmovilizaba hasta al mismísimo viento, por esos besos que sobre mi piel dieron a luz inmensos universos. Y no sé que responder, no sé que pensar. Sí ellas aún te recuerdan, ¿será posible que algún día te pueda olvidar? Y tampoco mi pregunta respondo. Respiro hondo solo para ganar tiempo, para no perder la calma. Y la paz del ambiente se traslada hasta mi alma, convirtiendo en titánica a la desbordante confusión. Tanta paz duele, hace mal. Altera mis sentidos y me hunde cada vez más. Prefiero mil infiernos entre tu cuerpo y mi cuerpo, que la sepulcral paz que me invade desde que no estás. Y no exagero. Prefiero morir, solo, y ciego, a vivir eternamente acompañado por la sombra de tu recuerdo. 
Tanta calma desespera. Cien mil estrellas que resplandecen, solo para recordarme que su muerte está más próxima a cada instante. Que yo también me puedo apagar en cualquier momento. Que el tiempo vuela, que ni la desgracia es eterna. Y me vuelvo a aburrir. Saber que hasta la inmensidad tiene un punto final, que aunque recemos o invoquemos divinidades, todo termina en oscuridad... todo se diluye, se esparce y se convierte en polvo. Como el barrio. 
Camino en círculos y enciendo luces. Mis manos se juntan en posición de oración tratando de omitir excusas profanas. Te invoco, invoco con mil plegarias al febrero que alguna vez hasta mí te trajo. Le prometo vientos que extingan humedades, paraguas para la lluvia y menos calor. Le prometo a quien alguna vez fuiste, priorizarte ante mí y antes mis ganas de guerrear. De guerrearte y demostrarte quien puede más. Te entrego mis armas, mis banderas y mis libros de estrategias. Si estoy solo, la paz no me sirve. Si estoy con vos, no quiero guerra. 
Hoy el mundo está al revés y me obliga a entrar en guerra contra la paz. No me hallo ni te encuentro en esta tempestad. Vacío, pero lleno de vos. Bordeando con mis pies el oscuro abismo, la tentación de saltar se convierte en posibilidad de alivio. ¿Cuánta paz necesito para saltar? ¿Cuánta paz necesito para no caer? Toda la paz que me diste, la cambio por no existir, por no dejarte ir, por esperarte una vez más en la esquina, y abrazarte, ignorando que siempre, al final del sueño, como viniste, te volvés a ir.

18/07/16






jueves, 24 de noviembre de 2016

Tan culpable como yo

Inmune a tus influencias, a tu egoísmo enfrento enarbolando una bandera gris. Gris oscura, casi negra, que oscureció de tanto contemplarte. No la viste. No me viste plantado frente a tu casa, con ansias de apagar el fuego, de detener el temblor. Tu casa y tu mirada se convirtieron en mi karma. Perdí la calma y perdí todo.
Te fallé tantas veces al jurarte que nuestro amor era para siempre. Las estrellas que colgué sobre tu cielo cayeron a prisa y formaron sobre la superficie cráteres imposibles de rellenar. La lluvia los inundó. Vos no sabés nadar, yo olvidé mis clases. En náufragos espaciales nos convirtió tu ego. Mi alma se estrelló contra el muro de tu indiferencia y colapsó la falsa armonía que sin ganas nos envolvía y nos obligaba a creer sin crecer, sin entender, sin permitirnos ser. Nos engañamos para pasar el tiempo, porque creímos que no existía mejor ni peor. Nos acostumbramos a pasar la bomba de una mano a otra, sin prisa, sin pausa, sin darnos cuenta de que sin importar que explote en vos, o explote en mí, en escombros nos convertiríamos los dos.
Fuiste tan culpable como yo. Quizás te dolió menos, pero al menos, yo no tuve que explicar nada a nadie más que a mí mismo. Y entendí. Finalmente, después de siglos, entendí. Y no me arrepiento de nada. Gané. Y que yo haya salido victorioso, no significa que hayas sido derrotada. Cada uno es arbitro y juez de sus desgracias. Hoy todo es distinto. Y más que entendimiento, el tiempo me llevó a aprender. No puedes derivarme, mi vida vale más que este sol, que por igual alumbra a los dos. Y tanto de vos, como de mí, depende que siempre sea así.

09-07-16

domingo, 16 de octubre de 2016

Mi excusa para volver

Ella tiene una manera de abrazar diferente a todas las que conozco. Sí, extiende sus brazos y me rodea como haría cualquier persona en el acto de abrazar, pero... pero es distinta. Al abrazarme me envuelve con sus brazos y con el resto de su cuerpo, de su historia y con su inmensa alma. Existe en mi corazón desde hace siglos, pero hace muy pocos suspiros que mis ojos la descubrieron y que de su nombre mis pensamientos hicieron un coro ensordecedor. De tan pequeña que es, sin proponérselo, inundó todo. Sin previo aviso, deshizo y enterró bajo el piso nubes de pasado que amenazaban con frías precipitaciones, con tormentas de ayer que solo vienen para acongojar a mi poca cordura.  
La encontré. Vagando por un jardín marchito, en donde casi no llegaba el sol y la lluvia solo caía en forma de diluvio, una Flor distinta de aroma nuevo mis sentidos alteró. La miro y la siento como no sabía que podía contemplarse un simple milagro de la creación. Es ella o soy yo, pero el destino de alguno de los dos decidió que era este el momento de encontrarnos. Si me esperaba, si la esperaba yo, hoy no tiene importancia. Su abrazo al envolverme parió mares de flores que inundaron el jardín, el universo, y la eternidad sensitiva que fluye entre sus ojos y los míos dispara realidades alternas en las que ninguno de los dos existe sin la mirada del otro. Ella es mi excusa para volver. Mi puente que se inclina sobre el abismo. Una Flor, un camino. Alguien que ayer me abrazó, y que a pesar de las horas, invisible, sigue al lado mío. 

08/10/16

lunes, 19 de septiembre de 2016

No hay tal cura


Cataratas vacías inundan senderos corruptos por los que alguna vez destellos de vida se confundieron con rayos del mismísimo sol. En medio de tanta quietud, los recuerdos se aceleran y quebrantan sepulcrales días que se ocultan tras la bruma de aquello que jamás llegará a ser. Se me acaba el mate, el tiempo, la vida, y no desisto de la esperanza de verla volver algún día. Mis sueños son suyos, varias horas del día también. Estoy al borde del abismo de resignación que me obliga a aceptar su presencia como a la de un fantasma que jamás va a dejar de atormentarme con recuerdos de tiempos mejores y con el baño de presente, que más que un baño es una lluvia de vómito que me grita en la cara que las cosas son como son porque no supe hacer lo que tenía que hacer. ¿Cuánta de esa culpa es mía? ¿Cuánta de esa culpa voy a cargar por el resto de mis días? ¿Cuántas veces más estas palabras sin sentido se apoderarán de mi existir, entregándome atado a un frío que solamente a su lado llegué a sentir? Hoy estoy convencido de que la enfermedad es mucho menos grave que la cura. Que en realidad, no hay tal cura. Y que como con un tercer ojo, o un sexto dedo en la mano derecha, esa historia durante varios siglos me acompañará. Será parte de mí, y yo de ella. Tomados de la mano descenderemos al infierno y ahí nos calcinaremos, y desde ahí volveremos a renacer. Y desde ahí... hasta ahí. Venimos del polvo y acabaremos siendo ceniza. Como al principio seremos rehenes de la brisa, y ella nuestro destino marcará. ¡Oh, viento! ¡Que tu soplido en huracán se convierta y me aleje para siempre de aquella que supo ser mi estrella! Que no quede ningún rastro de su mirada para alimentar mi pena. Que tan solo en olvido se convierta mi abismal tristeza. Que se acabe el dolor, que su risa de mi alma desaparezca. Que vuele, y me permita volver a volar. Sin culpas, sin excusas, sin alas. Libre, sin su cuerpo, sin su recuerdo, sin ella.  


03-09-16

lunes, 5 de septiembre de 2016

Tu extraña manera de estornudar


Cataratas de vos inundaron cuatro paredes que creían haberte olvidado. Volviste en forma de calor y de agonía que se esparcía por todos lados. Al contrario de la mayoría de las veces, me dejé llevar. Sin salvavidas, apartando la vista de cualquier orilla. Como cuando estabas.
Te recordé de aquella manera en la que cada segundo mi cuerpo me recuerda que jamás voy a olvidarte. Porque aunque te olvide, las letras de tu nombre sobre mi piel se reproducen y me aprisionan. Estalla en mi mente tu mirada como cuando solo me mirabas a mí, como cuando en el mundo no existíamos más que nosotros dos. Y esta vez no se trata de religiones o de cultos misteriosos. El aire se quiebra y el sonido estalla en una muda explosión que me sacude y me incinera el alma. ¿Qué hacer cuando volvés en forma de volcán, pero estás tan lejos que ni siquiera llegas a quemarme? Te convertís en sol. Te veo, te siento... pero no más. En esos momentos la distancia me duele y el saber que jamás voy a volver a alcanzarte se convierte en catástrofe. Si no eras vos, no era nadie. ¿Realmente será así para siempre? Todo indica que sí. Todo indica que al perderte me perdí, y condené a mi existir a existir sin vos. Ser agonía, lo puedo soportar. ¿Pero ser nada?
Cuando la distancia al sol se convierte en ausencia, todo vuelve a pesarme como en el momento en el que me di cuenta de que te había perdido. Me siento vacío, derrotado, y todo por culpa de la piel. ¿Por qué me la dejaste? ¿Por qué no te la llevaste, si era más tuya que mía? ¿Por qué me dejaste seguir viviendo así, cubierto de piel pero sin alma? ¿Por qué me dejaste?
Mañana seguramente voy a arrepentirme de estas palabras y de las maneras suicidas a las que acudo para enfrentar al vacío. Hace siglos que no estás, y sigo enfrentándote. Porque vos sos mi vacío.Los bufones de esta historia, asesinan mi memoria, y me invitan aolvidar. ¿Pero como olvidarte, si tu nombre me aturde en cada sitio al que voy? Tu nombre es tan común y a mí gusta tanto, que me tiemblatodo de sólo pensarlo, tarareo cada vez que esas cinco letras suenan y me escupen en la cara viles escombros de tu ausencia. ¿A dónde estás? ¿Qué hacés? ¿Alguna vez pensás en mí? Te extraño, daría lo que sea por volver a escuchar tu voz. Porque me mires y tu brillo opaque toda la mierda que gira y se estanca a mi alrededor, consumiéndome cada día más. Es tan inmensa la necesidad de volver atrás el tiempo, pero del mismo deseo escaparme. De vos, de mí, de lo que fuimos, de lo que no pudimos ser. Aunque la mayor parte del tiempo creo que te superé, y que hasta te odio... tenés el nombre más lindo del mundo. Esos ojitos chinos, inmensamente pequeños, que me hicieron descubrir el infinito. Tu risa, tu extraña manera de estornudar, tu mancha de nacimiento casi en donde muere la espalda. Vos, completa. Hoy, te extraño.

08-08-16



sábado, 27 de agosto de 2016

Sangre de ángeles

Dios se volvió loco. Tanta creación lo encegueció de tal manera que absolutamente todo, le da igual. Ya no necesita de pecadores que lo inciten a desplegar su ira. Basta solo con un rato de aburrimiento, para que su dedo maligno señale el sitio en el que va a caer la siguiente bomba atómica celestial. Sin hidrógeno ni plutonio, simplemente con una sobrecarga de maldad y resentimiento todo puede colapsar. Todo DEBE colapsar, porque sino el cielo se pone gris.
Ya no son dictadores ni diablos humanizados los encargados de la parte sucia del trabajo, ya que los honorarios de estos eran cada vez mayores y el Señor decidió que no era conveniente malgastar tantos fondos en unos simples instrumentos de su funesta cólera. Hoy la cosa es más sencilla. Por tierras próximas y alejadas se extiende a diario la premisa de que es acertado que quien te da la vida, está en todo su derecho de quitártela. ¿No es así más rápido y efectivo? Obviamente, están también quienes no te conocen y deciden asesinarte, pero el número de ellos se mantiene, mientras que el de los sicarios a traición agravada por el vinculo, no deja de crecer.
¿Tanta maldad en el mundo, es realmente el plan de Dios? ¿O será que el pobre creador está tan viejo que el pariente de abajo le está mordiendo los talones? ¿Será que Dios y el Diablo, no son más que el Dr. Jekyll y Mr. Hyde? ¿Será que tanto arriba como abajo solo existe el vacío? ¿Será que desde el principio el mundo estaba destinado a irse a la mierda?
Mientras perecemos entre tantas preguntas sin respuesta, la sangre de ángeles nos llega al cuello. No hay salvavidas que nos proteja del fuego que invade nuestras conciencias ante semejante espectáculo. Pensamos solamente en venganza. ¿Contra quien? ¿Contra quien empuña el arma? ¿Contra quien, abusando de su fuerza y de la debilidad de su retoño, descarga sus tensiones en alguien a quien debería abrazar? ¿A dónde está Dios cuando un padre golpea a su hija contra la pared? ¿A caso sucedió fuera de su jurisdicción? ¿Cuánto de verdad hay en la conciencia de los hombres y en eso que llaman religión?
Tanta indignación nos incita a la interminable búsqueda de culpables. ¿Justicia? La justicia es mierda ante un río rojo que nos escupe en la cara hasta donde puede llegar la brutalidad humana. ¿Prevención? ¿Cómo prevenir la barbarie primitiva que aprisiona el alma de alguien que no vale más que el peso de su cuerpo? ¿Alguien tiene alguna respuesta consciente que no se base en el odio?
¿Qué hay con Dios? ¿Realmente Gott ist tot[1]? Eso no cambia nada. Culpar a Dios es como culpar al maestro de primaria de la madre que asfixia a su hijo, o del hijo que maltrata a su anciano padre. Decir que el Diablo está ganando la batalla, es como decir que en África la gente se muere por culpa de Obama. ¿Cuánto hay de cierto en mis palabras? No creo que sea importante. Que escribo con egoísmo, con impotencia, con hartazgo, con bronca, con mezquindad... está claro. Somos todos producto de una realidad que inventamos y que nos inventa a diario. ¿Estamos transitando el peor momento de la historia del mundo? Sí, y no. Nuestro mundo está mal. Parece una casa vieja que se cae a pedazos. Quizás estemos en una habitación que todavía resiste, pero en ella no cabemos todos. ¿Qué pasa con la gente que está en la cocina o en el comedor? ¿Y nuestros vecinos? Escuchamos sus gritos, pero nos cuesta entender su dolor. Nos asomamos a la ventana y el suelo ya no se ve. En su lugar, abundan las olas de sangre de ángeles que desde arriba... ¿nos miran? ¿Se olvidaron de la tierra y no sufren más? Los vidrios se tiñen de rojo y de la impresión no queremos ni mirar. O queremos salir, mancharnos la ropa y mezclar sangre inocente con la sangre ácida del padre alcohólico o drogadicto o que simplemente necesita que lo encarcelen y lo maten y lo resuciten cada día para volverlo a matar. En nombre de la justicia, nos sale el Hitler más salvaje. ¿Pero que podemos hacer? El mundo gira cada vez más rápido, y es imposible bajarse.
¿Qué hay que hacer con el que mata? Simple. Tomamos una balanza y pesamos la vida que queda y la que se perdió. ¿Cuánto duró el sufrimiento del angelito que partió? Multipliquemos ese número, por una eternidad, y démosle al verdugo lo que merece. ¿Qué a donde quedaron los derechos humanos? Eso mismo me pregunto también mirando los rostros ilusos de John y Yoko mientras con sus dedos dibujan una V. No quiero ser Dios, ni el Diablo. No quiero leer el diario, y que a pesar de ser de hoy, lea siempre las noticias de ayer. No quiero vivir triste ni enojado ni con una impotencia tan inmensa como la maldita locura de padres y madres pobres de espíritu que crecen como hiedra venenosa. No voy a salir con la bandera de el que mata tiene que morir, aunque creo, desde mi humilde lugar, que el que mata, no merece vivir. Y para no vivir más, no es necesario dejar de respirar. Solo hace falta JUSTICIA. Justicia de verdad.

27-08-16



[1] Dios ha muerto.

viernes, 26 de agosto de 2016

La reina que se convirtió en sombra



Llegaste siendo luz, deslizándote por el aire sobre una alfombra mágica. Ante tu mirada se detuvo el tiempo y, sin necesidad de haber perecido, me obligaste a renacer. Por vos, en vos. Para vos. Cambiaste con tu risa el rumbo de unos pasos que se perdían, que no entendían, que no aceptaban que era necesaria la elección de un camino. Desordené átomos tuyos1, mientras vos acomodaste mi destino sobre un surco delimitado ancestralmente por la estrella que aquel febrero vomitó nuestros nombres. Nos expulsó desde el espacio y nos puso a andar de la mano. Creo que debí de apretarte más fuerte, o más suave, o simplemente ignorar tan, desde el inicio, desdichado designio.
Fuiste la reina, que descayó a princesa, para luego extinguirse y no ser más que un nombre con voz y rostro que ya casi olvidé. El tiempo te convirtió en polvo que el viento desparramó. Las arañas, en molde para su arte, convirtieron tu trono; el diablo, a tu risa, convirtió en protagonista de mis peores pesadillas. No me quedaron más que heridas de aquel pobre reinado que, desde las sombras, o desde el costado más frío del lecho, a carcajadas se ríe de mí. Tanto amor, extendido en exceso sobre un tiempo obligado, se convirtió en todo lo que jamás quise ser, en lo que jamás hubiera querido mostrarte. Fuiste menos de lo que sentí. Te amé tanto que me intoxiqué de vos. Me creí vos, y no me aguanté más.
Hoy las canciones ya no te nombran, ni las musas me hablan con tu voz. Hoy lo poco de tu existir que llega a mi espacio rebalsa tanta hipocresía que me descompone e indigna. Me hace pensar y replantearme infinidad de cuestiones. ¿Quién sos? ¿Lo que eras o lo aparentas hoy? ¿Te perdiste o finalmente aprendiste a jugar el juego? Des-afortunadamente no hay manera de obtener respuestas concretas. Algo me dice que ni siquiera vos sos poseedora de semejantes verdades. Pero algo, muy en el fondo, me dice que perdiste. Que por comodidad te dejaste vencer. Decidiste traicionarte a vos misma, con tal de que nadie vuelva a hacerlo. ¿Vale tanto una nueva vida como para que la tuya se deje pisotear? Te llenas de polvo, como ese que cubriste con tierra y le regalaste al viento. Ojalá me fuera tan fácil reemplazar como lo fue para vos.
Te fuiste al descenso en la lista de personas que tenían mi respeto. Es increíble ver como a algunos se nos va la vida, mientras que otros la regalan a cambio de no sentirse tan solos. Porque estás muy sola, aunque te mientas y te dejes engañar. Le estás cambiando los pañales a una nueva tragedia. ¿Te das cuenta que todo está volviendo a suceder? Cuando se acaben los envoltorios de burbujas, algo más van a tener que reventar. ¿Y quien va a estar ahí para recibir los golpes? Cenicienta. La chica de los mandados. La Reina que se convirtió en sombra.


03-08-16

1 Puente – Gustavo Cerati

jueves, 18 de agosto de 2016

El peso muerto de su cuerpo

Dilaté al máximo el momento final del olvido, con la esperanza de que el mundo estalle, y yo en él, para así partir hacia el más allá con el recuerdo de su mirada mejor. Que hoy la odie, no es por mí. Es culpa del mundo.
El viento me trajo hasta un sitio que nunca esperé visitar. Mucho menos habitar. Su ausencia me acompañó hasta el último momento, viciando el aire de recuerdos grises que fueron rojos en otras épocas. No fueron pocas las noches en las que el alma me pesó más que el cuerpo, más que la vida. Noches en que su sonrisa china se impregnó dentro de mis ojos, mientras con fuerza los cerraba intentando apartarla. Más presión, más adentro me invadía. Y no era solo mi alma y su risa. Se sumaba a mi agonía el peso muerto de su cuerpo rebosante de vida. Grité, intenté escapar, pero solo el fin del mundo me dio la libertad.
El fin de un mundo paralelo, que nadie percibió, que nadie más que a ella y a mí nos cambió la vida. A veces los cambios no son tan grandes ni perceptibles, pero de alguna manera se hacen notar. Hoy puedo mirar al futuro más que como a la pantalla de un televisor. Hoy lo miro como a una hoja en blanco, en la que todo lo que se va a escribir depende de mí. De mis ganas de llenar esa hoja, más que de ilusiones y sueños que ni siquiera me eran propios.
Es julio 9 y el mundo sigue girando. La libertad de mi pueblo es mi libertad también. Hoy no me invade su risa china, y el peso muerto de su cuerpo descansa en un buen lugar. Lejos de mi cama, dos metros debajo de mi indiferencia. Muy próximo a iniciar su descomposición.


09-07-16

Helena de nunca jamás

Brisa. No de la que acaricia, sino de la que molesta. De la que te engaña sin dejar huellas. Esa que desparrama las hojas mientras doña Elvira barre. Ni cálida ni fría. Jamás podrías haber sido un huracán.
Me enredaste con tu suave soplido, invitándome a imaginar que tu murmullo sería capaz de parir tempestades, y te seguí. Te seguí tanto y con tanta convicción, que en cierto momento fueron mis pasos los que avanzaban adelante, mientras que los tuyos, inesperadamente, decidieron andar a contramano. Giré, intenté alcanzarte, pero no. ¿Por qué se tiene que repetir la historia? ¿Por qué tengo que, constantemente, hacer y deshacer eternidades? ¿Yo te busqué? ¿Yo te esperé? Te alcancé, pero no sigo más. ¿Vale abandonar antes de que inicie el juego? Soy de los que apagan fuego con más fuego... y tu frío me congela.
¿Qué alguna vez una guerra se desencadenó por tu causa? Permitime dudar, y al mismo tiempo creerte sin ganas. Con el tiempo evolucionan las almas. Se enlazan destinos, se mezclan caminos, se ordena el universo. ¿De dónde venís? ¿A dónde vas? ¿Por qué te seguí hasta acá? Me aburrieron las historias de guerreros inmortales y de pasiones que incendiaban ciudades. ¿Ahora que busco, a quien sigo, de quien escapo? Tu voz no resalta sobre la de los personajes de mi historia. Sos tan mortal, tan corriente como los demás.
Desde el principio fuiste brisa, que por el aire se esparcía sin prisa. Una anécdota más del tiempo que me hacía renacer, simplemente para exponerme ante el suplicio de verte marchar un vez más. ¿Cuántas veces vas a usar las mismas cartas? ¿No te aburrís de que el final sea siempre igual? Te entrego mi escudo, mi casco y mi lanza. Sobre la balanza pesé, primero, mis ganas de volver a encontrarte. Después, nada. Y decidí liberarte. Y liberarme. Que seas de acá, que seas de allá, que seas de cualquier parte, son puros detalles. Y no son de mi incumbencia.

08-08-16


martes, 9 de agosto de 2016

La más linda del barrio

Después de un día más, espero que te vaya bien. ¿Cómo fue que se fue el misterio?. Es otro día más, no es tiempo de mirar atrás, necesito empezar de nuevo. Aunque sea una sola vez. Nunca me había costado tanto llegar a conocer el nombre de una persona. Igual, algo de sentido tiene: se trata de la más linda del barrio. La veo desde que tengo uso de razón. Siempre apurada, con serpientes bailoteándole en la cabeza y la mirada de quién está a punto de sonreír. Pero nunca sonríe. Sí lo hiciera, seguramente, envidioso y vencido, el sol dejaría de brillar. La bauticé con el nombre de Daniela, por el gran parecido que tiene con una cantante de rock. Me acostumbré a llamarla de ese modo... no sé si sea posible, a partir de esta noche, llamarla con su nombre real. Y no porque sea un nombre poco agradable, sino todo lo contrario. Le queda perfecto. Al igual que su mirada, su nombre contiene la palabra ángel. No hay otra que le siente mejor. Recuerdo haberla visto, alguna vez sobre una bicicleta amarilla; parece que le gustan los gorros y las bufandas. Tiene una manera muy partícula de caminar, casi hipnótico. Lleva un ritmo extraño, maravilloso. No creo que sea un defecto físico, pero sí lo es... bienvenido sea. Es bastante más alta que yo, pero nunca tuve problemas para saltar o para trepar. Igualmente, de solo verla me elevo, sobrevuelo por el pueblo, y trato de mirarla lo más que puedo. Quizás ahora esté durmiendo. Acá, cerca de casa. Hace vidas que vivimos a la vuelta el uno del otro y... nada. Daniela con serpientes y bufandas. Su bicicleta. ¿Era realmente amarilla? Me asusta el saber que tiene una vida más allá de mis suposiciones. Creo que durante estos años la idealicé demasiado. O quizás no. Quizás es más perfecta que lo que pude imaginar de tan solo verla pasar. Por suerte no tengo apuro.


25/06/16

sábado, 9 de julio de 2016

Helena de cualquier parte

Caer me hace recordarte. Mientras ruedo por el piso, me lleno de tierra y se desgarra mi vestimenta, volvés. Con esa risa fría que me desconsertaba, y que al recordarla agradezco al cielo que ya no esté. Quizás hoy ríe para otro público, o no ríe más, o ríe distinto. Ninguna de las opciones, hoy, es de mi incumbencia. Y eso es todo lo positivo que extraigo de caer. El invierno llegó con bombos y platillos. Tu ausencia esta vez no me sorprendió. Lo extraño, es lo contrario. Presencias distantes y certeras convierten en brisa su andar y me obligan a voltear y a perseguirlas con la mirada. Mirada más potente que la de un par de simples ojos. Las contemplo ubicándolas en un marco que define tiempo y espacio. Auras de colores me ocultan coléricos calores calculando hasta que punto mi conciencia pueda soportar. Y aguanto. La miro, me relajo. La espero, descanso. Ella viene en forma de voces con muchas caras, con muchas historias. Varias vidas conviven y ensalzan su pasivo existir. La percibo allá sentada en su trono, huyendo oculta arrasando con olas que se niegan a entregarle su complicidad. Ella brilla entre las penumbras y ante la bruma del mar sus ojos se vuelven rojos y escapan a las pautas del tiempo. Ella y su infinidad de caras, frente a mí, y a mi necesidad de encontrarla. De encontrar aunque sea una de sus tantas miradas, una de sus tantas bocas, una de sus tantas eternidades. Con el tiempo evolucionan las almas. Se enlazan destinos, se mezclan caminos, se ordena el universo. Entre Esparta y Troya muchos héroes fueron vencidos; el deleite de los dioses fue artífice de premios y castigos para mortales que solamente nacieron para morir. ¿Cuánto vale ser recordado? ¿Cuánto vale que tu nombre se convierta en inmortal, cuando los inmortales ya te enterraron? De dónde sos, a dónde vas, por qué lo haces, es lo que realmente cuenta. Que hoy seas brisa, que por el aire se esparse sin prisa, es sólo un detalle. Una anécdota más del tiempo que te hace renacer, para luego volver a escaparte. Que seas de acá, que seas de allá, que seas de cualquier parte, son puros detalles. Lo importante es que nuevamente llegaste, y que "hoy todo vuelve a empezar, y será lo que ya fue".
03/07/16

lunes, 27 de junio de 2016

Desesperadamente tranquilo

Desesperadamente tranquilo, intercedo entre tu recuerdo y tu ausencia. Juntos se potencian, estallan, martirizan sin piedad a lo que queda de mi corazón.
Estás pero no estás siempre en todo lugar, como el aire, como el tiempo, como Dios.
Podría vivir perfectamente sin ellos, ¿pero sin vos? También. Pero no, se me puso que te extraño, que te necesito y que la vida no es vida sin vos.
Te extraño mucho. El término vivir, varía mucho su significado dependiendo de si vas camino a mi olvido, o si estás a mi lado. Acá cerca, todo se vuelve fiesta, estruendo, magia (burdeles y orgías). Vivir sin vos no tiene sentido, no brilla, no me deja ser (es una mierda).
¿Por qué te digo lo que estoy diciendo? Porque estoy solo, porque no tengo con quien hablar. Porque toda la gente me parece idiota, porque necesito volver a perderme en tu mirar. Y tu corazón. Órgano sucio, sangrón. Lleno de venas, ventrículos, cavidades y todas esas cosas del sistema circulatorio que solamente le interesan a las profesoras de biología. En ninguna entrevista de trabajo le preguntan a uno en cuantos ventrículos está dividido el corazón. En fin, ¿cómo puedo desear tanto ser el dueño de algo tan horrible? Ah, claro. Los sentimientos. Sentimentalmente hablando, tu tórax aloja al corazón más grande y puro de... de toda el área limítrofe. El más cálido, el más tierno, el más frágil. El único corazón por el que estaría dispuesto a entregar el mío. Además de riñones, pulmones, hígados y cualquier otro repugnante órgano. Si no me sirve para amarte y hacerte feliz, no me sirve para nada. ¿O qué? ¿Mis riñones te dan felicidad? No.
¿Qué me pasa hoy? ¿Por qué me siento así? Porque te necesito Sofía. Porque en sueños tu sonrisa me eleva y me pellizca. Se introduce por mis ojos y me desviste sin prisa, desde adentro, desde el sombrero hasta las zapatillas. Y yo me dejo llevar, te convertiste en el ángel que me salvó1, y hoy, ridículamente, lo único que me importa, sos vos. Y un poco yo, sobretodo la parte de mí que desespera por abrazarte. Y no son mis brazos. Es una parte que no se ve, que aunque te la explique y te la dibuje, no la vas a entender. Podría graficarte partes de mi anatomía que te extrañan, pero prefiero, hoy, no ser vulgar. No tanto.
Twittea infiernos, detrás del cascarón, mientras jadea, su seudo rebelión. Acá el problema, es que te descuidas, y la más Heidi, parece Satanás. Se afila los colmillos, dulces de cotillón, y exhibe en su nudillos, rudeza tiesa de cartón2.
Extrañarte me droga. Me pone loco, me delira. Enciende en mi cabeza una chispa capaz de incendiarme la vida. Avenidas de fuego se dibujan ante mis ojos. El fuego, tu piel... tu piel, mi piel. Mi vida... ¡cómo te movías! ¡cómo quemabas toda la casa mientras sonreías! Que hermosa que era la vida cuando tus piernas se enredaban con las mías. Cuando cantábamos, cuando llorábamos, cuando le sacábamos las pilas a los pájaros y asfixiábamos al puto viento para que deje de soplar.
Hoy me quedan fotos, papeles con tu letra, tarjetitas con frases chotas que te dejan en las mesas a cambio de monedas. ¿Quién escribe esas frases? ¿El Cupido más boludo? Yo me haría millonario si escribiera tarjetas de esas. Pero no. Se me dio por escribir novelitas. Sí, soy el mejor pero... bah, no soy tan bueno. Pero al menos le pongo onda. Y mato mucha gente. Eso está bueno, a la gente le gusta que se muera otra gente, ¿o no?
Desesperadamente tranquilo, intercedo entre tu recuerdo y tu ausencia. Juntos se potencian, estallan, martirizan sin piedad a lo que queda de mi corazón.
Quisiera que me agarre la vejez al lado tuyo caminando, diciéndome al oído, no me sueltes la mano. Y si me robo alguna frase de aquellas canciones que escuchamos, lo hago para decirte, cuanto yo te extraño. Y tengo tantas cosas por decirte no me alcanzaría un día, quisiera que me digas, mi amor te doy mi vida3.
Por eso, por eso no te voy a dejar ir. Ya está, me encapriché. No voy a perderte y a quedarme sentado a esperar perderme yo. Si llegamos hasta acá, lo hicimos juntos. Admito que la mayor parte del camino me tuviste que cargar. Vivimos tantas cosas... comimos a mas no poder, dormimos eternidades. Cantamos tanto, y de maneras tan espantosas... nos pervertimos. Mucho. Pero igual nos quedó mucho por hacer. Vos si querés, andate. O seguí yéndote. Yo te amo, y te voy a esperar. Cuando te des vuelta, yo voy a seguir estando acá4. Como tendría que haber sido siempre. Mi amor, hace la tuya. Yo te espero. Desesperadamente tranquilo, pero te espero.

Agosto/2015

Y al final, no fue tan trágico cerrar el libro. En un momento las hojas parecieron hincharse, o que escupían cuchillos... pero domarlas, dependía solamente de saber elegir. Y elegimos. Por fin, después de tantos errores, una opción que, de no ser la correcta, fue la mejor para todos. Larga vida a tu risa, y a tus ganas de seguirla luchando. Tu cese el sueño de unos cuantos giles. Salud.

Junio/2016

1 ¿Casualidad o causalidad? – Las pastillas del abuelo
2 Heidi – Salta la banca
3 Dejame – La Beriso
4 Magoo – Eruca Sativa

sábado, 18 de junio de 2016

Amores cobardes



 

Intervengo entre la necesidad y el olvido, y me decido por un instante a simplemente recordarte. Risas de otros tiempos me elevan y me colocan en Marte, se vuelca el mate y me entretengo con tu voz diciéndome te lo dije.
Busco en la penumbra destellos del abismo que de a poco es, que de a poco se dilata y se disfraza de cariño rendido, reprimido ante las inclemencias del destino distinto a ese que juntos soñamos. Envuelto en la música te abrazo y arraso sobre campos de pensamientos suicidas que de tanto recordarte, te olvidan, y me deliran como tormentas que la brisa arrastra entre comida y comida que comparto con mi agonía, con la vida que se ríe de mí y me remarca que la prisa no es compañera de la soledad.
Ojalá que el desierto que te extraña, no actuara en mí como una piraña que desintegra momentos a la espera de que la calma que exaspera por miedo a que mi condena sea mayor que la de un simple olvido, que un insignificante volver a empezar.
Los amores cobardes, no llegan a amores, ni a historias. Porque si de amor se trata, toda hidalguía es permitida. Toda contienda es vencida con la supresión de agonía, de la carencia de caricias sin malicia. Cuando se trata de amor, la cobardía se ahoga con la rebeldía de dar siempre un poco más, esperando lo menos posible.
Ojalá algún día te olvide como vos te olvidaste de mí. Ojalá que la perfección de tu sonrisa viva solamente en una canción, o en mil canciones, y que se abran de par en par las puertas de las prisiones que me recluyen, y que tu voz y tu aroma no sean más que rejas que rieguen de humedad distantes sitios de mi existir. Me enredo en la necesidad de darle fin al delirio de olvidarte. Al martirio de seguir sin vos, sin mirarte. Me miro y como distantes catástrofes alrededor del globo, englobo pequeños momentos que mi mente arroja sobre mi corazón ante una risa, ante cualquier risa, que me recuerda que por mí sonreías, que por mí llegaste a decir que existías... y el cielo se cae.
Los amores cobardes, no llegan a amores, ni a historias. Se quedan ahí1, como recuerdo de aquello tan maravilloso que no llegó a ser. Pero que con todas las ganas del mundo, podría haber sido.


06/12/15

Tu espacio



Sueños de espacios distantes, me distraen mientras busco distracciones que ahoguen la espera del pitazo final en un partido perdido desde antes de empezar. Finalmente me embelesó tu murmullo espacial, traído a mí por el mismo viento que tantas veces me sirvió como mensajero de caricias. Hoy ya no miro hacia el norte, mis ojos se pierden en el firmamento nocturno contemplando distantes estrellas, que sin tener idea acerca de mis intenciones, brillan en paz, absorbiendo mi tiempo y calmando mi ansiedad.
Clamo en nombre del infinito, por una estancia en tierras sin piso, sin paredes ni techos. Ignoro a la gravedad de mi alma y me sumerjo en inmensidades constantes que me abrazan como si fuera parte de ellas. Como si jamás nuestras existencias hubiesen existido separadas. El tiempo no es más que una anécdota del espacio, un pedazo de nada que pateo mientras guiado por tu voz, a ciegas, busco tus brazos. Te abrazo en mi mente, me disfrazo de gravedad y poso sobre tu boca mis labios. Sos tan invisible que me pierdo, que te encuentro a cada paso en la inmensidad de tu espacio. Despacio pronuncio tu nombre, y el eco que no existe me devuelve cada letra en forma de beso, de sonrisa, de la impetuosa necesidad de desordenar átomos tuyos para hacerte aparecer[1]. Como en una película de ciencia ficción, como en un confuso sueño. Hacer salir a tu reflejo del espejo de mi porvenir, de mis deseos de que tu existencia sea real, y que camine junto a mi. O que flote, que juntos rememos en un bote, y entre la inmensidad de las estrellas naufragar una y otra vez hasta hacer del naufragio, nuestro salvavidas, el mapa que guíe nuestra escapada hacia el universo más distante de la vida.
Enredados en mis palabras, iluminados por tu risa, vagar por universos ocultos mientras juntos descubrimos que nuestra odisea va más allá del sentido de la tierra y de tu estrella. Que la noche puede ser eterna si es tu risa la que marca el camino. No desisto, no me dejo vencer ni por la inmensidad ni por el frío.
Una noche más, a través de la ventana, una y otra vez repito tu nombre, intentando con mi voz llegar hasta donde te escondés. Hasta donde me esperás. Hasta desde donde algún día, abrazados, contaremos estrellas.


12/12/15      

miércoles, 15 de junio de 2016

Arquero con guantes de latex



El mundo gira estúpido, como siempre. No sabe girar de otra manera. A veces se la cree, y nos la hace creer a nosotros. Que todo está en orden, que no podría ser mejor, que es como tiene que ser. Todo tiene sentido, porque estaba escrito, porque el mundo es lo que es.
El mundo rebalso en estupidez cuando envió con el viento hasta tu puerta a una estrella sin luz. Pensaste que eran de las que se enchufaban, o de las que se regaban, pero no. El mundo te envió un desafío en forma de dolor, de procedimientos quirúrgicos y de esperanza. De verdad, mundo, ¿así tenía que ser?
Las ruedas de las bicicletas se gastaron de tantas vueltas a la manzana que dábamos jugando al rally. Siempre ganaba yo, con trampa la mayoría de las veces. De aquel tiempo, lo que más grabado me quedó, fue el día en el que al tocar la rueda de atrás de tu bicicleta con la delantera de la mía, giré dando una vuelta por encima tuyo y caí adelante, sin perder el equilibrio. Pareció un efecto extraído de la película Matrix, pero fue real. Nadie nos creyó. A veces dudé acerca de la veracidad del incidente... Pero es imposible que no haya sido real.
Entré a la sala y te encontré quieto, ni dormido ni despierto. Nunca antes te había visto tan grande, tan inmenso. Casi que no cabías en la cama, ni en la habitación, ni en el sanatorio completo. Luego de la sorpresa seguida de la duda, supe que la causa no eran ni los pebetitos ni las gaseosas. Eras vos, y ese espíritu inmenso que intentas ocultar debajo de la bata blanca. Vos y tus ideales que vaya a saber uno de donde los sacaste, quién te los dio, o por qué te empeñas en ocultar. Porque lo haces. Aunque muy mal. Todos sabemos que, a pesar de aparentar ser el tipo más bueno del mundo, sos mucho más de lo que pareces. No tiene mucho sentido, pero lo veo y lo siento así. Sobre todo lo siento. Desde la noche del domingo, en la que no pude dormir ni un minuto, siento muchas cosas que no sabía que estaban en mí. Miedos extraños, sentimientos confusos, y la inmensa necesidad de volver el tiempo atrás. Diez, quince, veinte años atrás. Y empezar de nuevo. Avanzar como lo hicimos hasta cierto punto y tratar de que el tiempo no se interponga esta vez. Cuándo nos separó, en que momento y a través de que artilugio maldito, no lo sé. A pesar de repensarlo y de hallar ciertos indicios, la respuesta no es para nada esclarecedora. Estábamos a la par, y cuando me di cuenta, uno de los dos había cruzado la vereda. Quien de los dos lo hizo, no lo sé. Y mucho no me interesaría, si tan solo lo pudiésemos reparar. Pero primero arreglate la cabeza. Hacéle fosforito al mundo y seguí demostrando que si te lo proponés, lo lográs. Como hiciste con cada cosa que emprendiste. Nunca me molesto ser el hermano del chico enfermero. Suena y se siente bien. Cuando seas el chico doctor, quizás suene mejor, pero lo importante y más valiosos de esa vistosa forma de referirse a mi persona, radica en la primera parte. El hermano. Germanus, en latín, que comparte raíz con germen (geno). El germen, el hermano, es lo verdadero. Lo exacto. Eso que una vez que se origina, ya no puede dejar de ser por nada del mundo. Lo que realmente vale y le da sentido a las cosas.
Todos sabemos que de esta vas a salir. Está escrito en tu historia, en tu entrega, en tu manera de encarar a la estupidez del mundo. Igualmente, si en pleno partido se te cae el arco encima y quedás atrapado por la red, como aquella vez en Costa Sacate, no te desesperes. Por un lado, con el arco caído, es bastante difícil que te hagan goles. Y por otro, sabés que al rededor tenés a un montón de gente para ayudarte a que te pongas de pie, así podés seguir haciendo lo que te gusta. Atajar, ayudar a los demás, jugar con los perros, mirar a House. Cualquier persona que te conozca no tendría ningún problema en pararse en la barrera y recibir el pelotazo por vos. Igualmente, si la pelota pasa,  aunque hoy atajes con guantes de latex, tu arco siempre está seguro. Y no sería para nada sorprendente que, cada tanto, desde tu arco, envíes la pelota a la red del arco del frente.
Finalmente, algo bueno hizo el mundo. Nos puso a jugar en el mismo equipo.


15-07-16

domingo, 5 de junio de 2016

Los demonios de tu risa

Me despierto y todo sigue igual. La almohada en el piso, la ventana abierta, y los retorcidos pájaros felices, como si no fuera domingo. La mañana se muere en un suspiro, ya que el mediodía se presenta sin invitación después de qué, según mi existir, desde la noche ni media hora pude dormir.
¿Hay algo que tenga menos sentido que un domingo a las dos de la tarde? Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno... domingo, dos de la tarde. Es esta la mejor de las incoherencias de Dios. Una tortuga ciega, coja y boluda carga sobre sus espaldas a la pesada tarde. Mientras avanza como si retrocediera, me comenta que alguien le contó que en el concurso de longitudes, la altanera tarde de domingo, a la mismísima muralla china venció. No logro salir de mi asombro hasta que el sol se esconde.
Llega la noche y de a poco empiezo a odiar al lunes. Pero antes de que ese bendito día a todos nos abrume, después de cenar, me dispongo a soñar. Y en sueños me persiguen los demonios de tu risa, que en otras épocas me incendiaban la vida y me hacían creer que más allá de todo, siempre había más. Que el cielo no era techo, sino la próxima parada, un simple descanso para recargar energías y, con más fuerza, poder avanzar. Hacia el espacio, hacia otros firmamentos más puros y celestes. Volar juntos de la mano hacia sitios distintos, creados por alguien, alguna vez, sólo para nosotros.
Cuando la magia se convierte en recuerdo, no tiene tanto valor. Intentar olvidar es convertirse en asesino serial del tiempo. Sin armas, pero con resentimiento, todo se contamina, se debilita, la magia se convierte en hielo y ya no te entibia.
Cuando una historia se acaba, ¿de qué sirven los recuerdos? Los malos, nos consuelan, tratan de convencernos de que lo mejor que podría haber pasado, fue el final. ¿Y los buenos? ¿No llores porque terminó, sonríe porque sucedió? No. A las frases de sobrecitos de azúcar jamás las tomaría en serio por más que sean proverbios árabes, chinos o aztecas. Recordar una historia terminada, quizás te sirva para no volver a cometer los mismos errores, para no confiar tanto en la gente, para pensarlo más antes de darle tus contraseñas a cualquiera. ¿Realmente sirve para estar prevenidos? No, para nada. A la próxima, además de la contraseña de las redes sociales, le damos la clave del cajero automático, y hasta una extensión de la tarjeta de crédito, por no mencionar que nos hacemos los duros, al principio, pero al final terminamos arrastrándonos suplicando que no nos nieguen su amor. ¿De verdad somos tan así? Lamento decirte que no. No somos tan así. Me estoy quedando corto.
Pero bueno, no todo en la vida tiene que ser perfecto. Si sufro por amor, quizás la recompensa venga por otro lado, ¿o no? Sin tu risa, no hay demonios. Sin vos, puedo seguir perfectamente siendo yo. O mejor que yo.
Paz.

31/01/16

miércoles, 1 de junio de 2016

Nueva Ley Olimpica



Energía romántica estancada por siglos, rebalsó de locura tu existir y el mío. Desintegró soledades ocultas entre rostros camaradas ante la luz, pero vacíos ante necesidades básicas y/o típicas del compañerismo. Perecimos abrasados dentro de un erupcionado volcán asesino de espíritus individuales. Nos fundimos en uno, nos elevamos y fuimos millones. Nos esparcimos por el cielo y por la tierra, haciendo de cada paso, una nueva flor, un nuevo suspiro. Buscamos bajo las piedras y entre las hojas de los árboles motivos y razones que ayuden a entender semejante idilio. Nos atrevimos a enfrentarnos a nosotros mismos con el fin de entendernos, de verificar la veracidad acerca de los extasiadores hechos, y así confirmar que lo sucedido existió más allá del plano onírico. Y así fue.
No te soñé ni me soñaste. No te imaginé ni me imaginaste. Te acaricié y me acariciaste. Desfallecí cada vez que me miraste. Contemplé el transitar de tu existir sobre un cielo colmado de miedos, de culpas y de curiosidad. Quise vencer, pero nunca antes fui tan vencido como cuando tu piel decidió hacer digna a mi piel. Como cuando tu alma, enredada en la mía, ascendió más allá del infinito eterno de la vida y promulgó una nueva ley olímpica que establecía que, desde ese día, el cielo y el infierno serían solamente uno, y que deberían coexistir entre tus pechos y el mío. Entre tu espalda y mi vientre. Entre tu mar y mi desierto.
Luego de la sesión extraordinaria del comité existencialista, la dicha, esparcida por la brisa, comenzó a quejarse, y a encontrar puntos poco nobles a nuestra inacción, producida por la efervescente acción de convertir en piel, deseos, energía y amor. Las miradas tiernas decidieron no enternecerse más. La impoluta desnudes, sintió pavor por su ignominiosa honradez, y de impávidos harapos se cubrió, congelando el volcán, asesinando a la magia, devolviéndonos a la realidad.
El río, el viento. El puente amenazando acusar con algún transeúnte nuestra insolencia. La tarde se moría. Entre nuestras ropas la arena nos recorría. El día no daba para más.

30/11/15

lunes, 30 de mayo de 2016

Mi Marciana


Destellos de luz invadieron el cielo nocturno de un existir aburridamente solitario. Me asomé a la ventana y te vi, esperando (¿esperándome?).
Resbalé en la ferocidad de tu mirada y exorcicé a la agonía de un tiempo cegado por un olvido distante, constante y empalagoso. Como una alienígena me mostraste algo desconocido, invisible ante mis ojos, pero que jamás podría haber pasado desapercibido por mi sentir. Me mostraste sin mostrarme nada, que no se trata de volver a empezar, sino de continuar andando escudado por una esperanza atareada por el clima cálido de espacios verdes tan conocidos, tan descriptos en sueños definitivamente inconclusos.
Me abracé a tus anteojos que me pidieron que no te suelte más. Tu nave me convirtió en ave con ansias de vuelo, y mientras te espero desespero por despegar, por perderme en ese desconocido firmamento que anida estrellas que brillan al son de tu risa, de tu saber envolvente que se disfraza de pasión, y aniquila al tiempo como un martillo intergaláctico programado para crear, para crecer. Para ser más de lo que esperé, más de lo que espero. Exactamente lo que necesito.
Se alinean los planetas como los trazos de un pentagrama que quiero abrazar, tatuar en mi brazo y sobre un altar adorar. Te esperé años luz mientras no sabía que existías, mientras otros soles me confundían y me abrasaban sin darme luz. En un día nublado, como un flechazo con tus ojos atravesaste mi espacio, convirtiéndolo en solamente tuyo.
No sé si sos una estrella, mi marciana o una doncella de otro tiempo. De lo que estoy seguro, es de que no me miento, no creo que sea posible un pronto casamiento, pero mientras escribo, no me arrepiento. Lo había perdido, pero tu energía espacial me hizo recuperar el aliento. Esta noche no escribo para olvidar, ni para invitar gente a mi pasado. Como hacía mucho, vuelvo a sentir a mi corazón pesado, repleto de algo que no puedo describir, a punto de implosionar, con la agonía en estado de coma y con los días contados.
Cayó una estrella, y me tocó un deseo...1 Yo no quería. Ni sabía que podría, pero pasó. Me enamoré de un ser espacial. Especial internamente, de frente y a los costados. No importa que no seas de este mundo. Aunque seas un rayo del mismísimo sol, esta noche, sin pensarlo, me abrasaría abrazado entre tus brazos.

12/12/15
 

viernes, 27 de mayo de 2016

Vivir libre o nada

Esparcí tu sonrisa de nube por el camino más largo por el que escapa mi desesperación. Caminé con los ojos en el cielo a la espera de que alguna estrella parpadee en forma de señal. Tu nube era dueña de todo. Encandilaba al cielo con la fuerza de cien soles y desterraba tristezas añejas adormecidas por el fétido aroma de la desesperanza. Encendí un cigarrillo y cerré los ojos. Ahí estabas. Resplandeciente entre resplandores mágicos e irradiantes de vida. Brillabas y enceguecías oscuridades tenebrosas qué, de no ser por tu luz, serían trágicas para mi existir. Siempre me salvaste. Primero vos, después tu sonrisa, y al final tu adiós. No porque quisiera librarme de tu presencia, sino por el presentimiento de que lo peor podría suceder en cualquier momento. Sin consultar oráculos, tan sólo mirándonos a los ojos, apocalípticos finales se podían ante el abismo vislumbrar. Finales tuyos, finales míos, extinción del calor que por varios inviernos supo darnos abrigo, generaron la impetuosa necesidad de patear el tablero, aplastar las piezas que durante algún tiempo favorecieron el juego, y escapar. Escapar a toda velocidad y sin mirar atrás hasta estar muy lejos, hasta hallar una trinchera y desde ahí disparar. Te disparé con mi amor, con mi arrepentimiento. Vos optaste, de vos, sacar lo peor. Tu elección fue buena, me espantaste. Venciste. Me salvaste de nuevo.
Vivir libre o nada, es una virtud que hoy enarbolo encabezando el ejercito que me defiende de miles de miradas que me miran como me mirabas vos. De miles de cuerpos que me acorralan el alma como tan sólo sabías hacerlo vos. Ante las acometidas no me acobardo, me defiendo de mis instintos humanos y de todo lo que me hace recordarte. Incluso de mí mismo. ¿Existe algo en mí que no me haga recordarte? No. Nada. Soy vos, estás en mí. Me toco y te toco. En el espejo te encuentro, con tu voz me hablo. Sos aire, sos tiempo, sos espacio. Soy vos, a mí mismo ante el abismo me acorralo. Pero no sucumbo. Vivir libre o nada es el destino del mundo, del mío, del tuyo, del de los demás. No es una elección, es un designio, un derecho divino que abarca desde los dominios de Zeus hasta los de Jehová. ¿Vale la pena abandonar sin haberse enfrentado a los abismos más profundos del propio existir? ¿Vale la pena olvidarte, y seguir, haciendo de cuenta que no existís?
No vale rendirse. No vale escaparse. Ni siquiera estas palabras valdrían, si no tuvieran la fuerza y el deseo de enfrentarte. De ahogarte adentro mío y entre recuerdos enterrarte. Asesinarte de mi alma, es al mismo tiempo y de alguna manera, otra forma de liberarte. Mi libertad vale tanto como la tuya, y si no se proyectan juntas, es escaso el valor de las dos. Me quedo solamente con el recuerdo de tu sonrisa de nube, adornada con gotas de lagrimas, del último día en el que te vi. Ese abrazo, esa mirada. Ese beso cálido con sabor a libertad. Con sabor a vos. Con sabor a nuevo comienzo.

  30/04/16

Media eternidad


 

Cerré los ojos y me dispuse a dibujarte en mi mente. De tan ausente que estabas, al invocarte, el aire inundaste descaradamente. Mediante trazos finos y distantes, algo parecido a tu boca pude divisar. Sonreía, de esa manera tan tuya que de sólo mirarte ya me hacía brillar. Temblaba, contemplaba el espacio de forma insana, surrealista, imposible. Pero así sucedía. Así, tan mágico era el mundo cuando sonreías.
Fuiste luz, fuiste locura, fuiste ese instante sin tiempo, que bajo las sabanas, conquistaba universos. Sin vueltas, sin versos, fuiste mil estrellas en una, que de tanto brillar me dejaron ciego. Aprendí a sentir, a verte a vos y a verme a mí sin necesidad de espejos; me invadiste, trastornaste mi paso por este mundo. ¿Es preciso agradecerte? Gracias. Gracias sol, gracias aire, gracias vida, por vivir y acompañarme. Gracias por amarme, gracias por herirme, gracias por liberarme. Gracias por desconfiar y por no engañarme. Si la tierra no quiso girar más, fue quizás porque necesitaba otro sol. Porque a veces, tanto calor enferma. Te agrieta la piel, te obliga a estornudar sin importar que estés solo o en una primera cita. A veces el sol te excita, o brilla tanto, que te apaga. Te eclipsa a la luna que tanto te inspira, matando millares de canciones, y tantas o más poesías.
Sin mover mis manos, dibujé muy adentro tus mejillas. Tu pelo, tu cuerpo entero mientras te movías. Así el dibujo se convirtió en una película, y tu voz jadeante se apoderó de la acción. Te movés como en sueños de noches perdidas que ya no puedo alcanzar. Noches que dormido disfruto, pero que como dagas en los ojos se me clavan al despertar. Y no hay consuelo, no hay osadía que derrita la distancia que hoy nos aparta. Ni siquiera Ulises, con sus mejores ardides, podría engañar al tiempo, al inconsciente e impenetrable tiempo, que deshoja florecientes eternidades que jamás llegarán a madurar. Y de tanto dolor, casi no puedo mirarte. De a poco sos una sombra que entre penumbras se mueve y me envuelve en el pernicioso deseo de viajar en el tiempo y volver a equivocarme. En la cama, en la cocina, en el techo, en el sillón, en la arena, en el parque. Equivocarme una y mil veces más mientras volamos al cielo, mientras se hunden mitos y tragedias que, cuando se ama, no son tan reales, ni tan importantes, como sí lo es el simple hecho de elevarse. De cerrar los ojos, y enredados asirnos a la creencia de que ese instante puede ser eterno. Confiar en que la coalición de nuestros cuerpos, culmina mucho más allá de nuestras propias y ajenas existencias. Que no sólo nuestros brazos y nuestras almas se aferran, sino que un concepto mayor al del propio existir, naufraga sin tiempo, contra el viento, exigiéndole a la eternidad mantener viva la osadía de no dejar de ser, de no dejar de fluir, de no dejar de coexistir, aceptando y aprendiendo a convivir con la realidad de que dentro de mi pecho, y en las paredes de mi mente, tu nombre siga siendo más fuerte que mi capacidad de razonar, que mi necesidad de latir. Que cuando menos te pienso, más te necesito; que cuando más te necesito, te busco, y siempre te encuentro entre los escombros de la eternidad que dejamos a la mitad.

23/05/16           

Más débiles que el papel


Sigue pasando el tiempo. Días, meses y semanas bailotean frente a mí, mientras de a poco los asesino intentando olvidar. Olvidarlos, olvidarte, seguir. Es como si el universo prefiriera que seas durante toda mi vida un recuerdo tibio y constante, que me hace pensar y repensar cada paso dado y por dar.
Libros, muchos libros que cuentan muchas cosas. A pesar de ello, la mejor historia está escrita con tu letra. Como mensajes dentro de botellas, cuando menos los espero aparecen. Sin quererlo, vuelvo a abrir libros casi olvidados que se amontonan en mi biblioteca esperando que algún día alguien se digne a volver a leerlos. Los observo, los tomo entre mis manos, y al abrirlos, apareces. Volvés en forma de recordatorios de aniversarios, sonrisas dibujadas y te amos de tiempos mejores que, sobre el papel, sobrevivieron a todos las tempestades que nos sacudieron y nos alejaron. ¿Somos más débiles que el papel?
Fuimos sueños, que ya no soñamos pero que sobre papel dejamos grabados. Nos acostumbramos a gritar, además de con nuestra piel y con nuestras almas, con tintas de colores que cada día, ante cada nuevo hallazgo, me demuestran que ahí están, y que quizás sigan estando más allá de vos y de mí. Varias veces pensé en tomar una hora de mi tiempo, revisar uno a uno los libros y deshacerme de lo único que hoy me queda de vos. Pero no puedo. No tengo fuerza -¿no tengo ganas?-. Prefiero dejarlos ahí, y que vayan apareciendo, o extinguiéndose según sea su destino, tal y como pasó con nosotros.

03/03/16