Inmune a tus influencias, a tu egoísmo enfrento enarbolando una bandera gris. Gris oscura, casi negra, que oscureció de tanto contemplarte. No la viste. No me viste plantado frente a tu casa, con ansias de apagar el fuego, de detener el temblor. Tu casa y tu mirada se convirtieron en mi karma. Perdí la calma y perdí todo.
Te fallé tantas veces al jurarte que nuestro amor era para siempre. Las estrellas que colgué sobre tu cielo cayeron a prisa y formaron sobre la superficie cráteres imposibles de rellenar. La lluvia los inundó. Vos no sabés nadar, yo olvidé mis clases. En náufragos espaciales nos convirtió tu ego. Mi alma se estrelló contra el muro de tu indiferencia y colapsó la falsa armonía que sin ganas nos envolvía y nos obligaba a creer sin crecer, sin entender, sin permitirnos ser. Nos engañamos para pasar el tiempo, porque creímos que no existía mejor ni peor. Nos acostumbramos a pasar la bomba de una mano a otra, sin prisa, sin pausa, sin darnos cuenta de que sin importar que explote en vos, o explote en mí, en escombros nos convertiríamos los dos.
Fuiste tan culpable como yo. Quizás te dolió menos, pero al menos, yo no tuve que explicar nada a nadie más que a mí mismo. Y entendí. Finalmente, después de siglos, entendí. Y no me arrepiento de nada. Gané. Y que yo haya salido victorioso, no significa que hayas sido derrotada. Cada uno es arbitro y juez de sus desgracias. Hoy todo es distinto. Y más que entendimiento, el tiempo me llevó a aprender. No puedes derivarme, mi vida vale más que este sol, que por igual alumbra a los dos. Y tanto de vos, como de mí, depende que siempre sea así.
09-07-16
Te fallé tantas veces al jurarte que nuestro amor era para siempre. Las estrellas que colgué sobre tu cielo cayeron a prisa y formaron sobre la superficie cráteres imposibles de rellenar. La lluvia los inundó. Vos no sabés nadar, yo olvidé mis clases. En náufragos espaciales nos convirtió tu ego. Mi alma se estrelló contra el muro de tu indiferencia y colapsó la falsa armonía que sin ganas nos envolvía y nos obligaba a creer sin crecer, sin entender, sin permitirnos ser. Nos engañamos para pasar el tiempo, porque creímos que no existía mejor ni peor. Nos acostumbramos a pasar la bomba de una mano a otra, sin prisa, sin pausa, sin darnos cuenta de que sin importar que explote en vos, o explote en mí, en escombros nos convertiríamos los dos.
Fuiste tan culpable como yo. Quizás te dolió menos, pero al menos, yo no tuve que explicar nada a nadie más que a mí mismo. Y entendí. Finalmente, después de siglos, entendí. Y no me arrepiento de nada. Gané. Y que yo haya salido victorioso, no significa que hayas sido derrotada. Cada uno es arbitro y juez de sus desgracias. Hoy todo es distinto. Y más que entendimiento, el tiempo me llevó a aprender. No puedes derivarme, mi vida vale más que este sol, que por igual alumbra a los dos. Y tanto de vos, como de mí, depende que siempre sea así.
09-07-16

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