domingo, 16 de octubre de 2016

Mi excusa para volver

Ella tiene una manera de abrazar diferente a todas las que conozco. Sí, extiende sus brazos y me rodea como haría cualquier persona en el acto de abrazar, pero... pero es distinta. Al abrazarme me envuelve con sus brazos y con el resto de su cuerpo, de su historia y con su inmensa alma. Existe en mi corazón desde hace siglos, pero hace muy pocos suspiros que mis ojos la descubrieron y que de su nombre mis pensamientos hicieron un coro ensordecedor. De tan pequeña que es, sin proponérselo, inundó todo. Sin previo aviso, deshizo y enterró bajo el piso nubes de pasado que amenazaban con frías precipitaciones, con tormentas de ayer que solo vienen para acongojar a mi poca cordura.  
La encontré. Vagando por un jardín marchito, en donde casi no llegaba el sol y la lluvia solo caía en forma de diluvio, una Flor distinta de aroma nuevo mis sentidos alteró. La miro y la siento como no sabía que podía contemplarse un simple milagro de la creación. Es ella o soy yo, pero el destino de alguno de los dos decidió que era este el momento de encontrarnos. Si me esperaba, si la esperaba yo, hoy no tiene importancia. Su abrazo al envolverme parió mares de flores que inundaron el jardín, el universo, y la eternidad sensitiva que fluye entre sus ojos y los míos dispara realidades alternas en las que ninguno de los dos existe sin la mirada del otro. Ella es mi excusa para volver. Mi puente que se inclina sobre el abismo. Una Flor, un camino. Alguien que ayer me abrazó, y que a pesar de las horas, invisible, sigue al lado mío. 

08/10/16