sábado, 27 de mayo de 2017

Lo que vive a pesar de no estar vivo

Es una escalera, una llave, una linterna. Una espada, un refugio, una bandera.
Reposa a la espera del momento de actuar, pero no es un actor. Hay quienes dicen que está en peligro de extinción, aunque no es ni una planta ni un animal. Y claro, si no está vivo, dirá un amante de la televisión. No come, no camina, pero tanta vida aloja su interior, que si fuera un lugar, sería el universo. Muchos universos alojados en los cuerpos de los miembros de su especie. Si, especie de algo que no come, que no camina, pero que vuela y te lleva a volar. Porque sin ser avión tiene alas que aletean elevando nubes de polvo de conocimiento y de aventura y de misterio y de pasión y de todo aquello capaz de movilizar los sentidos de los vivos y resucitar aquellos de los que se quieren morir. Él no muere, y no porque no esté vivo. No muere porque es atemporal, porque su carne está compuesta por fragmentos de almas que sucumbieron en diversos tiempos y en todos los espacios. No es una piedra ni una daga, pero si lo dejás, de un solo golpe, te abre la cabeza y el corazón.
Hace unos días lo entrevistaron para que dé su opinión acerca de cosas.
_ Señor don Libro, ¿es usted consciente de que hasta lo no vivo puede dejar de vivir? -consultó el reportero, y don Libro respondió:
_ Soy muy consciente de que lo no vivo, al dejar de vivir, vive. Y lo importante es eso, sentirte vivo a pesar de que no te dejen vivir, y de que no crean que estés vivo.

El reportero asintió, cerró el libro y volvió a colocarlo en el estante de la gran biblioteca. Tres años después volvió a tomarlo. Sus hojas estaban más amarillas y olía a humedad. Está más muerto que antes, pensó el reportero, sin reparar en que las historias que dormían en sus páginas estaban más vivas que nunca. 

viernes, 5 de mayo de 2017

Carta a la reina de las lechuzas

Querida reina de las lechuzas:

Hoy estuve desde temprano tarareando ¡maldición, va a ser un día hermoso!. Más tarde, me llamaste y el celular sonó con esa canción. Yo no sabía que la tenía como tono de llamadas. A partir de ahí el día fue extraño. No hubo monstruos ni escobas voladoras, pero algunas cosas brillaron más que de costumbre -brillas y yo me pongo al lado, al menos me brilla el costado, que es más que no brillar- Vos. Me gusta la gente como vos. Porque si, un poco gente sos. Me hiciste pensar, y eso es algo que no mucha gente logra. Hace mucho que no bajaba un cambio y miraba hacia mi alrededor. Descubrí que hay cosas que creía olvidadas que siguen cerca. Descubrí situaciones, personas, y a vos. Ya te había visto varias veces, pero hoy me cayó la ficha. Te vi a vos, a la gente, a las situaciones, a los fantasmas... Y a mí. Ahí en medio estaba yo. Te miraba  a vos, después hacia atrás, hacia el frente y hacia los costados. Me sentí demasiado estúpido. Y solo, como hacía mucho no me sentía. A veces la soledad ocupa demasiado espacio y me ahoga. Me acribilla a preguntas que no quiero responder y me obliga a caer en el martirio de replantearme mi propia existencia de principio a fin. Las preguntas me hieren hasta provocarme un dolor tan intenso que tratando de responder, para de ese modo tratar de mitigar el dolor, no consigo más que hacerme más daño. Solo una vez creí tener todo claro, pero el sol que iluminaba mi espacio se apagó y me dejo ciego. Ciego y mentiroso. Me miento a mí mismo, le miento al mundo, al tiempo y al dolor. Hay algo que adentro mío duele. Que siempre dolió y quizás jamás deje de doler. Me duele estar solo. Miento. Lo que duele es, en realidad, sentirme solo. Y no duele todo el tiempo. A veces la soledad es un escudo que me protege de posibles amenazas externas. Otras veces, y son estas las que podrían resultarte más interesantes, el escudo se convierte en la espada que se me hunde en las entrañas, que en mi interior gira y destruye todo lo que encuentra a su paso. Son esas veces en las que la soledad se convierte en agonía, en porqués, en un espejo que me devuelve lo peor de mí. La secuencia del escudo y de la espada se repite desde que tengo uso de razón. Por eso escribo, por eso leo tanto. Para inventar o sumergirme en otras realidades en la que la gente la pasa tan mal como yo. Jamás me imaginé como el príncipe de alguna historia. Jamás me sentí protagonista de nada. Se me hace imposible imaginarme a mí mismo en el futuro, pero igualmente el tiempo sigue avanzando y estoy de pie. Tan solo como hace un año, tan solo como en la próxima navidad. El suicidio, dicen, dura tan solo un instante. Pero no fue opción ni en la más terrible de las soledades. Creo que la mejor manera de morir seria en una gran tragedia, rodeado de desconocidos. Fantasee varias veces -influenciado por los libros y la televisión con que una especie de apocalipsis azote al mundo y unos pocos elegidos logren sobrevivir. Me veo entre ellos, siendo una especie de líder salvador. Solo en una situación así podría ser protagonista. Pero la vida no es Lost ni The walking dead. El problema no está en una isla del Pacifico ni en las calles de Atlanta. El problema está adentro mío y en la infinidad de dudas que se esconden detrás de mis prolongados silencios. Soy yo el humo negro que me persigue, soy yo quien desde el espejo juega a ser Negan y me amenaza con Lucille. Esta noche llegué al fondo, o más profundo que las demás veces. ¿Puedo caer un poco más? ¿Es esto un pedido de auxilio? ¿Qué voy a pensar mañana acerca de estas revelaciones?
Volviendo a las cosas que brillan, como los focos, las luciérnagas y vos... no me queda mucho más que decir. Cada una de esa cosas/insecto/persona tiene una función. Algunas veces esa función no está a la altura del valor que tiene esa cosa/insecto/persona. Está en la propia naturaleza de la cosa/insecto/persona saber cuando decir basta, cuando exigir lo que le corresponde y no quedarse con migajas. -nunca había escrito la palabra 'migajas'-. La cosa/insecto/persona puede equivocarse. Está en todo su derecho, pero también es su obligación tomar todos los recaudos necesarios para qué, de ser inevitable la caída, esta duela lo menos posible. Si en vez de la caída la cosa/insecto/persona se encuentra con el triunfo, todos a los que nos brilla el costado estaremos ahí para festejar.
Me despido con la esperanza de que estas palabras lleguen a destino, que Juventus gane la Champions, y que ojalá te vea pronto. Con afecto,

                                                                                                                  J.



PD: se supone que cuando alguien escribe una carta, lo hace con un fin específico. Bueno, no es este el caso. Quizás saques alguna cosa en claro, como que tan loco estoy o porqué me gusta asesinar personajes, o porqué a veces te miro como te miro, si es que alguna vez me miraste mientras te estaba mirando. Sos libre Kaela.

PD2: con respecto al porqué me gusta asesinar en la ficción, lo acabo de descubrir. Transferencia. Yo mato porque me mataron, o porque no me siento tan vivo. Y con respecto a eso, tengo una teoría acerca de las actitudes del Dr. Pancho que te expondré prontamente.

PD3-sedesprendedelfinaldelaPD-: el año pasado tu nombre, Kaela, me parecía extraño, y hasta gracioso. Hoy me encanta.