Querida reina de las
lechuzas:
Hoy estuve desde
temprano tarareando ¡maldición, va a ser
un día hermoso!. Más tarde, me llamaste y el celular sonó con esa canción.
Yo no sabía que la tenía como tono de llamadas. A partir de ahí el día fue
extraño. No hubo monstruos ni escobas voladoras, pero algunas cosas brillaron más
que de costumbre -brillas y yo me pongo al lado, al menos me brilla el costado,
que es más que no brillar- Vos. Me gusta la gente como vos. Porque si, un poco
gente sos. Me hiciste pensar, y eso es algo que no mucha gente logra. Hace
mucho que no bajaba un cambio y miraba hacia mi alrededor. Descubrí que hay
cosas que creía olvidadas que siguen cerca. Descubrí situaciones, personas, y a
vos. Ya te había visto varias veces, pero hoy me cayó la ficha. Te vi a vos, a
la gente, a las situaciones, a los fantasmas... Y a mí. Ahí en medio estaba yo.
Te miraba a vos, después hacia atrás,
hacia el frente y hacia los costados. Me sentí demasiado estúpido. Y solo, como
hacía mucho no me sentía. A veces la soledad ocupa demasiado espacio y me
ahoga. Me acribilla a preguntas que no quiero responder y me obliga a caer en
el martirio de replantearme mi propia existencia de principio a fin. Las
preguntas me hieren hasta provocarme un dolor tan intenso que tratando de
responder, para de ese modo tratar de mitigar el dolor, no consigo más que
hacerme más daño. Solo una vez creí tener todo claro, pero el sol que iluminaba
mi espacio se apagó y me dejo ciego. Ciego y mentiroso. Me miento a mí mismo,
le miento al mundo, al tiempo y al dolor. Hay algo que adentro mío duele. Que
siempre dolió y quizás jamás deje de doler. Me duele estar solo. Miento. Lo que
duele es, en realidad, sentirme solo. Y no duele todo el tiempo. A veces la
soledad es un escudo que me protege de posibles amenazas externas. Otras veces,
y son estas las que podrían resultarte más interesantes, el escudo se convierte
en la espada que se me hunde en las entrañas, que en mi interior gira y
destruye todo lo que encuentra a su paso. Son esas veces en las que la soledad
se convierte en agonía, en porqués, en un espejo que me devuelve lo peor de mí.
La secuencia del escudo y de la espada se repite desde que tengo uso de razón.
Por eso escribo, por eso leo tanto. Para inventar o sumergirme en otras
realidades en la que la gente la pasa tan mal como yo. Jamás me imaginé como el
príncipe de alguna historia. Jamás me sentí protagonista de nada. Se me hace
imposible imaginarme a mí mismo en el futuro, pero igualmente el tiempo sigue
avanzando y estoy de pie. Tan solo como hace un año, tan solo como en la
próxima navidad. El suicidio, dicen, dura tan solo un instante. Pero no fue
opción ni en la más terrible de las soledades. Creo que la mejor manera de
morir seria en una gran tragedia, rodeado de desconocidos. Fantasee varias
veces -influenciado por los libros y la televisión con que una especie de
apocalipsis azote al mundo y unos pocos elegidos logren sobrevivir. Me veo
entre ellos, siendo una especie de líder salvador. Solo en una situación así
podría ser protagonista. Pero la vida no es Lost ni The walking dead. El
problema no está en una isla del Pacifico ni en las calles de Atlanta. El
problema está adentro mío y en la infinidad de dudas que se esconden detrás de
mis prolongados silencios. Soy yo el humo negro que me persigue, soy yo quien
desde el espejo juega a ser Negan y me amenaza con Lucille. Esta noche llegué
al fondo, o más profundo que las demás veces. ¿Puedo caer un poco más? ¿Es esto
un pedido de auxilio? ¿Qué voy a pensar mañana acerca de estas revelaciones?
Volviendo a las cosas
que brillan, como los focos, las luciérnagas y vos... no me queda mucho más que
decir. Cada una de esa cosas/insecto/persona
tiene una función. Algunas veces esa función no está a la altura del valor que
tiene esa cosa/insecto/persona. Está
en la propia naturaleza de la cosa/insecto/persona saber cuando decir basta,
cuando exigir lo que le corresponde y no quedarse con migajas. -nunca había
escrito la palabra 'migajas'-. La cosa/insecto/persona
puede equivocarse. Está en todo su derecho, pero también es su obligación tomar
todos los recaudos necesarios para qué, de ser inevitable la caída, esta duela
lo menos posible. Si en vez de la caída la cosa/insecto/persona
se encuentra con el triunfo, todos a los que nos brilla el costado
estaremos ahí para festejar.
Me despido con la
esperanza de que estas palabras lleguen a destino, que Juventus gane la
Champions, y que ojalá te vea pronto. Con afecto,
J.
PD: se supone que
cuando alguien escribe una carta, lo hace con un fin específico. Bueno, no es
este el caso. Quizás saques alguna cosa en claro, como que tan loco estoy o
porqué me gusta asesinar personajes, o porqué a veces te miro como te miro, si
es que alguna vez me miraste mientras te estaba mirando. Sos libre Kaela.
PD2: con respecto al
porqué me gusta asesinar en la ficción, lo acabo de descubrir. Transferencia.
Yo mato porque me mataron, o porque no me siento tan vivo. Y con respecto a
eso, tengo una teoría acerca de las actitudes del Dr. Pancho que te expondré
prontamente.
PD3-sedesprendedelfinaldelaPD-:
el año pasado tu nombre, Kaela, me parecía extraño, y hasta gracioso. Hoy me
encanta.

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