Desesperadamente tranquilo, intercedo entre tu recuerdo y tu
ausencia. Juntos se potencian, estallan, martirizan sin piedad a lo
que queda de mi corazón.
Estás pero no estás siempre en todo lugar, como el aire, como el
tiempo, como Dios.
Podría vivir perfectamente sin ellos, ¿pero sin vos? También. Pero
no, se me puso que te extraño, que te necesito y que la vida no es
vida sin vos.
Te extraño mucho. El término vivir, varía mucho su significado
dependiendo de si vas camino a mi olvido, o si estás a mi lado. Acá
cerca, todo se vuelve fiesta, estruendo, magia (burdeles y orgías).
Vivir sin vos no tiene sentido, no brilla, no me deja ser (es una
mierda).
¿Por qué te digo lo que estoy diciendo? Porque estoy solo, porque
no tengo con quien hablar. Porque toda la gente me parece idiota,
porque necesito volver a perderme en tu mirar. Y tu corazón. Órgano
sucio, sangrón. Lleno de venas, ventrículos, cavidades y todas esas
cosas del sistema circulatorio que solamente le interesan a las
profesoras de biología. En ninguna entrevista de trabajo le
preguntan a uno en cuantos ventrículos está dividido el corazón.
En fin, ¿cómo puedo desear tanto ser el dueño de algo tan
horrible? Ah, claro. Los sentimientos. Sentimentalmente hablando, tu
tórax aloja al corazón más grande y puro de... de toda el área
limítrofe. El más cálido, el más tierno, el más frágil. El
único corazón por el que estaría dispuesto a entregar el mío.
Además de riñones, pulmones, hígados y cualquier otro repugnante
órgano. Si no me sirve para amarte y hacerte feliz, no me sirve para
nada. ¿O qué? ¿Mis riñones te dan felicidad? No.
¿Qué me pasa hoy? ¿Por qué me siento así? Porque te necesito
Sofía. Porque en sueños tu sonrisa me eleva y me pellizca. Se
introduce por mis ojos y me desviste sin prisa, desde adentro, desde
el sombrero hasta las zapatillas. Y yo me dejo llevar, te
convertiste en el ángel que me salvó1,
y hoy, ridículamente, lo único que me importa, sos vos. Y un poco
yo, sobretodo la parte de mí que desespera por abrazarte. Y no son
mis brazos. Es una parte que no se ve, que aunque te la explique y te
la dibuje, no la vas a entender. Podría graficarte partes de mi
anatomía que te extrañan, pero prefiero, hoy, no ser vulgar. No
tanto.
Twittea infiernos, detrás del cascarón, mientras jadea, su seudo
rebelión. Acá el problema, es que te descuidas, y la más Heidi,
parece Satanás. Se afila los colmillos, dulces de cotillón, y
exhibe en su nudillos, rudeza tiesa de cartón2.
Extrañarte me droga. Me pone loco, me delira. Enciende en mi cabeza
una chispa capaz de incendiarme la vida. Avenidas de fuego se dibujan ante mis
ojos. El fuego, tu piel... tu piel, mi piel. Mi vida... ¡cómo te
movías! ¡cómo quemabas toda la casa mientras sonreías! Que
hermosa que era la vida cuando tus piernas se enredaban con las mías.
Cuando cantábamos, cuando llorábamos, cuando le sacábamos las
pilas a los pájaros y asfixiábamos al puto viento para que deje de
soplar.
Hoy me quedan fotos, papeles con tu letra, tarjetitas con frases
chotas que te dejan en las mesas a cambio de monedas. ¿Quién
escribe esas frases? ¿El Cupido más boludo? Yo me haría millonario
si escribiera tarjetas de esas. Pero no. Se me dio por escribir
novelitas. Sí, soy el mejor pero... bah, no soy tan bueno.
Pero al menos le pongo onda. Y mato mucha gente. Eso está bueno, a
la gente le gusta que se muera otra gente, ¿o no?
Desesperadamente tranquilo, intercedo entre tu recuerdo y tu
ausencia. Juntos se potencian, estallan, martirizan sin piedad a lo
que queda de mi corazón.
Quisiera que me agarre la vejez al lado tuyo caminando, diciéndome
al oído, no me sueltes la mano. Y si me robo alguna frase de
aquellas canciones que escuchamos, lo hago para decirte,
cuanto yo te extraño. Y tengo tantas cosas por decirte no me
alcanzaría un día, quisiera que me digas, mi amor te doy mi vida3.
Por eso, por eso no te voy a dejar ir. Ya está, me encapriché. No
voy a perderte y a quedarme sentado a esperar perderme yo. Si
llegamos hasta acá, lo hicimos juntos. Admito que la mayor parte del
camino me tuviste que cargar. Vivimos tantas cosas... comimos a mas
no poder, dormimos eternidades. Cantamos tanto, y de maneras tan
espantosas... nos pervertimos. Mucho. Pero igual nos quedó mucho por
hacer. Vos si querés, andate. O seguí yéndote. Yo te amo, y te voy
a esperar. Cuando te des vuelta, yo voy a seguir estando acá4.
Como tendría que haber sido siempre. Mi amor, hace la tuya. Yo
te espero. Desesperadamente tranquilo, pero te espero.
Agosto/2015
Y al final, no fue tan trágico cerrar el libro. En un momento las
hojas parecieron hincharse, o que escupían cuchillos... pero
domarlas, dependía solamente de saber elegir. Y elegimos. Por fin,
después de tantos errores, una opción que, de no ser la correcta,
fue la mejor para todos. Larga vida a tu risa, y a tus ganas de
seguirla luchando. Tu cese el sueño de unos cuantos giles. Salud.
Junio/2016
1
¿Casualidad o causalidad? – Las pastillas del abuelo
2
Heidi – Salta la banca
3
Dejame – La Beriso
4
Magoo – Eruca Sativa



