lunes, 27 de junio de 2016

Desesperadamente tranquilo

Desesperadamente tranquilo, intercedo entre tu recuerdo y tu ausencia. Juntos se potencian, estallan, martirizan sin piedad a lo que queda de mi corazón.
Estás pero no estás siempre en todo lugar, como el aire, como el tiempo, como Dios.
Podría vivir perfectamente sin ellos, ¿pero sin vos? También. Pero no, se me puso que te extraño, que te necesito y que la vida no es vida sin vos.
Te extraño mucho. El término vivir, varía mucho su significado dependiendo de si vas camino a mi olvido, o si estás a mi lado. Acá cerca, todo se vuelve fiesta, estruendo, magia (burdeles y orgías). Vivir sin vos no tiene sentido, no brilla, no me deja ser (es una mierda).
¿Por qué te digo lo que estoy diciendo? Porque estoy solo, porque no tengo con quien hablar. Porque toda la gente me parece idiota, porque necesito volver a perderme en tu mirar. Y tu corazón. Órgano sucio, sangrón. Lleno de venas, ventrículos, cavidades y todas esas cosas del sistema circulatorio que solamente le interesan a las profesoras de biología. En ninguna entrevista de trabajo le preguntan a uno en cuantos ventrículos está dividido el corazón. En fin, ¿cómo puedo desear tanto ser el dueño de algo tan horrible? Ah, claro. Los sentimientos. Sentimentalmente hablando, tu tórax aloja al corazón más grande y puro de... de toda el área limítrofe. El más cálido, el más tierno, el más frágil. El único corazón por el que estaría dispuesto a entregar el mío. Además de riñones, pulmones, hígados y cualquier otro repugnante órgano. Si no me sirve para amarte y hacerte feliz, no me sirve para nada. ¿O qué? ¿Mis riñones te dan felicidad? No.
¿Qué me pasa hoy? ¿Por qué me siento así? Porque te necesito Sofía. Porque en sueños tu sonrisa me eleva y me pellizca. Se introduce por mis ojos y me desviste sin prisa, desde adentro, desde el sombrero hasta las zapatillas. Y yo me dejo llevar, te convertiste en el ángel que me salvó1, y hoy, ridículamente, lo único que me importa, sos vos. Y un poco yo, sobretodo la parte de mí que desespera por abrazarte. Y no son mis brazos. Es una parte que no se ve, que aunque te la explique y te la dibuje, no la vas a entender. Podría graficarte partes de mi anatomía que te extrañan, pero prefiero, hoy, no ser vulgar. No tanto.
Twittea infiernos, detrás del cascarón, mientras jadea, su seudo rebelión. Acá el problema, es que te descuidas, y la más Heidi, parece Satanás. Se afila los colmillos, dulces de cotillón, y exhibe en su nudillos, rudeza tiesa de cartón2.
Extrañarte me droga. Me pone loco, me delira. Enciende en mi cabeza una chispa capaz de incendiarme la vida. Avenidas de fuego se dibujan ante mis ojos. El fuego, tu piel... tu piel, mi piel. Mi vida... ¡cómo te movías! ¡cómo quemabas toda la casa mientras sonreías! Que hermosa que era la vida cuando tus piernas se enredaban con las mías. Cuando cantábamos, cuando llorábamos, cuando le sacábamos las pilas a los pájaros y asfixiábamos al puto viento para que deje de soplar.
Hoy me quedan fotos, papeles con tu letra, tarjetitas con frases chotas que te dejan en las mesas a cambio de monedas. ¿Quién escribe esas frases? ¿El Cupido más boludo? Yo me haría millonario si escribiera tarjetas de esas. Pero no. Se me dio por escribir novelitas. Sí, soy el mejor pero... bah, no soy tan bueno. Pero al menos le pongo onda. Y mato mucha gente. Eso está bueno, a la gente le gusta que se muera otra gente, ¿o no?
Desesperadamente tranquilo, intercedo entre tu recuerdo y tu ausencia. Juntos se potencian, estallan, martirizan sin piedad a lo que queda de mi corazón.
Quisiera que me agarre la vejez al lado tuyo caminando, diciéndome al oído, no me sueltes la mano. Y si me robo alguna frase de aquellas canciones que escuchamos, lo hago para decirte, cuanto yo te extraño. Y tengo tantas cosas por decirte no me alcanzaría un día, quisiera que me digas, mi amor te doy mi vida3.
Por eso, por eso no te voy a dejar ir. Ya está, me encapriché. No voy a perderte y a quedarme sentado a esperar perderme yo. Si llegamos hasta acá, lo hicimos juntos. Admito que la mayor parte del camino me tuviste que cargar. Vivimos tantas cosas... comimos a mas no poder, dormimos eternidades. Cantamos tanto, y de maneras tan espantosas... nos pervertimos. Mucho. Pero igual nos quedó mucho por hacer. Vos si querés, andate. O seguí yéndote. Yo te amo, y te voy a esperar. Cuando te des vuelta, yo voy a seguir estando acá4. Como tendría que haber sido siempre. Mi amor, hace la tuya. Yo te espero. Desesperadamente tranquilo, pero te espero.

Agosto/2015

Y al final, no fue tan trágico cerrar el libro. En un momento las hojas parecieron hincharse, o que escupían cuchillos... pero domarlas, dependía solamente de saber elegir. Y elegimos. Por fin, después de tantos errores, una opción que, de no ser la correcta, fue la mejor para todos. Larga vida a tu risa, y a tus ganas de seguirla luchando. Tu cese el sueño de unos cuantos giles. Salud.

Junio/2016

1 ¿Casualidad o causalidad? – Las pastillas del abuelo
2 Heidi – Salta la banca
3 Dejame – La Beriso
4 Magoo – Eruca Sativa

sábado, 18 de junio de 2016

Amores cobardes



 

Intervengo entre la necesidad y el olvido, y me decido por un instante a simplemente recordarte. Risas de otros tiempos me elevan y me colocan en Marte, se vuelca el mate y me entretengo con tu voz diciéndome te lo dije.
Busco en la penumbra destellos del abismo que de a poco es, que de a poco se dilata y se disfraza de cariño rendido, reprimido ante las inclemencias del destino distinto a ese que juntos soñamos. Envuelto en la música te abrazo y arraso sobre campos de pensamientos suicidas que de tanto recordarte, te olvidan, y me deliran como tormentas que la brisa arrastra entre comida y comida que comparto con mi agonía, con la vida que se ríe de mí y me remarca que la prisa no es compañera de la soledad.
Ojalá que el desierto que te extraña, no actuara en mí como una piraña que desintegra momentos a la espera de que la calma que exaspera por miedo a que mi condena sea mayor que la de un simple olvido, que un insignificante volver a empezar.
Los amores cobardes, no llegan a amores, ni a historias. Porque si de amor se trata, toda hidalguía es permitida. Toda contienda es vencida con la supresión de agonía, de la carencia de caricias sin malicia. Cuando se trata de amor, la cobardía se ahoga con la rebeldía de dar siempre un poco más, esperando lo menos posible.
Ojalá algún día te olvide como vos te olvidaste de mí. Ojalá que la perfección de tu sonrisa viva solamente en una canción, o en mil canciones, y que se abran de par en par las puertas de las prisiones que me recluyen, y que tu voz y tu aroma no sean más que rejas que rieguen de humedad distantes sitios de mi existir. Me enredo en la necesidad de darle fin al delirio de olvidarte. Al martirio de seguir sin vos, sin mirarte. Me miro y como distantes catástrofes alrededor del globo, englobo pequeños momentos que mi mente arroja sobre mi corazón ante una risa, ante cualquier risa, que me recuerda que por mí sonreías, que por mí llegaste a decir que existías... y el cielo se cae.
Los amores cobardes, no llegan a amores, ni a historias. Se quedan ahí1, como recuerdo de aquello tan maravilloso que no llegó a ser. Pero que con todas las ganas del mundo, podría haber sido.


06/12/15

Tu espacio



Sueños de espacios distantes, me distraen mientras busco distracciones que ahoguen la espera del pitazo final en un partido perdido desde antes de empezar. Finalmente me embelesó tu murmullo espacial, traído a mí por el mismo viento que tantas veces me sirvió como mensajero de caricias. Hoy ya no miro hacia el norte, mis ojos se pierden en el firmamento nocturno contemplando distantes estrellas, que sin tener idea acerca de mis intenciones, brillan en paz, absorbiendo mi tiempo y calmando mi ansiedad.
Clamo en nombre del infinito, por una estancia en tierras sin piso, sin paredes ni techos. Ignoro a la gravedad de mi alma y me sumerjo en inmensidades constantes que me abrazan como si fuera parte de ellas. Como si jamás nuestras existencias hubiesen existido separadas. El tiempo no es más que una anécdota del espacio, un pedazo de nada que pateo mientras guiado por tu voz, a ciegas, busco tus brazos. Te abrazo en mi mente, me disfrazo de gravedad y poso sobre tu boca mis labios. Sos tan invisible que me pierdo, que te encuentro a cada paso en la inmensidad de tu espacio. Despacio pronuncio tu nombre, y el eco que no existe me devuelve cada letra en forma de beso, de sonrisa, de la impetuosa necesidad de desordenar átomos tuyos para hacerte aparecer[1]. Como en una película de ciencia ficción, como en un confuso sueño. Hacer salir a tu reflejo del espejo de mi porvenir, de mis deseos de que tu existencia sea real, y que camine junto a mi. O que flote, que juntos rememos en un bote, y entre la inmensidad de las estrellas naufragar una y otra vez hasta hacer del naufragio, nuestro salvavidas, el mapa que guíe nuestra escapada hacia el universo más distante de la vida.
Enredados en mis palabras, iluminados por tu risa, vagar por universos ocultos mientras juntos descubrimos que nuestra odisea va más allá del sentido de la tierra y de tu estrella. Que la noche puede ser eterna si es tu risa la que marca el camino. No desisto, no me dejo vencer ni por la inmensidad ni por el frío.
Una noche más, a través de la ventana, una y otra vez repito tu nombre, intentando con mi voz llegar hasta donde te escondés. Hasta donde me esperás. Hasta desde donde algún día, abrazados, contaremos estrellas.


12/12/15      

miércoles, 15 de junio de 2016

Arquero con guantes de latex



El mundo gira estúpido, como siempre. No sabe girar de otra manera. A veces se la cree, y nos la hace creer a nosotros. Que todo está en orden, que no podría ser mejor, que es como tiene que ser. Todo tiene sentido, porque estaba escrito, porque el mundo es lo que es.
El mundo rebalso en estupidez cuando envió con el viento hasta tu puerta a una estrella sin luz. Pensaste que eran de las que se enchufaban, o de las que se regaban, pero no. El mundo te envió un desafío en forma de dolor, de procedimientos quirúrgicos y de esperanza. De verdad, mundo, ¿así tenía que ser?
Las ruedas de las bicicletas se gastaron de tantas vueltas a la manzana que dábamos jugando al rally. Siempre ganaba yo, con trampa la mayoría de las veces. De aquel tiempo, lo que más grabado me quedó, fue el día en el que al tocar la rueda de atrás de tu bicicleta con la delantera de la mía, giré dando una vuelta por encima tuyo y caí adelante, sin perder el equilibrio. Pareció un efecto extraído de la película Matrix, pero fue real. Nadie nos creyó. A veces dudé acerca de la veracidad del incidente... Pero es imposible que no haya sido real.
Entré a la sala y te encontré quieto, ni dormido ni despierto. Nunca antes te había visto tan grande, tan inmenso. Casi que no cabías en la cama, ni en la habitación, ni en el sanatorio completo. Luego de la sorpresa seguida de la duda, supe que la causa no eran ni los pebetitos ni las gaseosas. Eras vos, y ese espíritu inmenso que intentas ocultar debajo de la bata blanca. Vos y tus ideales que vaya a saber uno de donde los sacaste, quién te los dio, o por qué te empeñas en ocultar. Porque lo haces. Aunque muy mal. Todos sabemos que, a pesar de aparentar ser el tipo más bueno del mundo, sos mucho más de lo que pareces. No tiene mucho sentido, pero lo veo y lo siento así. Sobre todo lo siento. Desde la noche del domingo, en la que no pude dormir ni un minuto, siento muchas cosas que no sabía que estaban en mí. Miedos extraños, sentimientos confusos, y la inmensa necesidad de volver el tiempo atrás. Diez, quince, veinte años atrás. Y empezar de nuevo. Avanzar como lo hicimos hasta cierto punto y tratar de que el tiempo no se interponga esta vez. Cuándo nos separó, en que momento y a través de que artilugio maldito, no lo sé. A pesar de repensarlo y de hallar ciertos indicios, la respuesta no es para nada esclarecedora. Estábamos a la par, y cuando me di cuenta, uno de los dos había cruzado la vereda. Quien de los dos lo hizo, no lo sé. Y mucho no me interesaría, si tan solo lo pudiésemos reparar. Pero primero arreglate la cabeza. Hacéle fosforito al mundo y seguí demostrando que si te lo proponés, lo lográs. Como hiciste con cada cosa que emprendiste. Nunca me molesto ser el hermano del chico enfermero. Suena y se siente bien. Cuando seas el chico doctor, quizás suene mejor, pero lo importante y más valiosos de esa vistosa forma de referirse a mi persona, radica en la primera parte. El hermano. Germanus, en latín, que comparte raíz con germen (geno). El germen, el hermano, es lo verdadero. Lo exacto. Eso que una vez que se origina, ya no puede dejar de ser por nada del mundo. Lo que realmente vale y le da sentido a las cosas.
Todos sabemos que de esta vas a salir. Está escrito en tu historia, en tu entrega, en tu manera de encarar a la estupidez del mundo. Igualmente, si en pleno partido se te cae el arco encima y quedás atrapado por la red, como aquella vez en Costa Sacate, no te desesperes. Por un lado, con el arco caído, es bastante difícil que te hagan goles. Y por otro, sabés que al rededor tenés a un montón de gente para ayudarte a que te pongas de pie, así podés seguir haciendo lo que te gusta. Atajar, ayudar a los demás, jugar con los perros, mirar a House. Cualquier persona que te conozca no tendría ningún problema en pararse en la barrera y recibir el pelotazo por vos. Igualmente, si la pelota pasa,  aunque hoy atajes con guantes de latex, tu arco siempre está seguro. Y no sería para nada sorprendente que, cada tanto, desde tu arco, envíes la pelota a la red del arco del frente.
Finalmente, algo bueno hizo el mundo. Nos puso a jugar en el mismo equipo.


15-07-16

domingo, 5 de junio de 2016

Los demonios de tu risa

Me despierto y todo sigue igual. La almohada en el piso, la ventana abierta, y los retorcidos pájaros felices, como si no fuera domingo. La mañana se muere en un suspiro, ya que el mediodía se presenta sin invitación después de qué, según mi existir, desde la noche ni media hora pude dormir.
¿Hay algo que tenga menos sentido que un domingo a las dos de la tarde? Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno... domingo, dos de la tarde. Es esta la mejor de las incoherencias de Dios. Una tortuga ciega, coja y boluda carga sobre sus espaldas a la pesada tarde. Mientras avanza como si retrocediera, me comenta que alguien le contó que en el concurso de longitudes, la altanera tarde de domingo, a la mismísima muralla china venció. No logro salir de mi asombro hasta que el sol se esconde.
Llega la noche y de a poco empiezo a odiar al lunes. Pero antes de que ese bendito día a todos nos abrume, después de cenar, me dispongo a soñar. Y en sueños me persiguen los demonios de tu risa, que en otras épocas me incendiaban la vida y me hacían creer que más allá de todo, siempre había más. Que el cielo no era techo, sino la próxima parada, un simple descanso para recargar energías y, con más fuerza, poder avanzar. Hacia el espacio, hacia otros firmamentos más puros y celestes. Volar juntos de la mano hacia sitios distintos, creados por alguien, alguna vez, sólo para nosotros.
Cuando la magia se convierte en recuerdo, no tiene tanto valor. Intentar olvidar es convertirse en asesino serial del tiempo. Sin armas, pero con resentimiento, todo se contamina, se debilita, la magia se convierte en hielo y ya no te entibia.
Cuando una historia se acaba, ¿de qué sirven los recuerdos? Los malos, nos consuelan, tratan de convencernos de que lo mejor que podría haber pasado, fue el final. ¿Y los buenos? ¿No llores porque terminó, sonríe porque sucedió? No. A las frases de sobrecitos de azúcar jamás las tomaría en serio por más que sean proverbios árabes, chinos o aztecas. Recordar una historia terminada, quizás te sirva para no volver a cometer los mismos errores, para no confiar tanto en la gente, para pensarlo más antes de darle tus contraseñas a cualquiera. ¿Realmente sirve para estar prevenidos? No, para nada. A la próxima, además de la contraseña de las redes sociales, le damos la clave del cajero automático, y hasta una extensión de la tarjeta de crédito, por no mencionar que nos hacemos los duros, al principio, pero al final terminamos arrastrándonos suplicando que no nos nieguen su amor. ¿De verdad somos tan así? Lamento decirte que no. No somos tan así. Me estoy quedando corto.
Pero bueno, no todo en la vida tiene que ser perfecto. Si sufro por amor, quizás la recompensa venga por otro lado, ¿o no? Sin tu risa, no hay demonios. Sin vos, puedo seguir perfectamente siendo yo. O mejor que yo.
Paz.

31/01/16

miércoles, 1 de junio de 2016

Nueva Ley Olimpica



Energía romántica estancada por siglos, rebalsó de locura tu existir y el mío. Desintegró soledades ocultas entre rostros camaradas ante la luz, pero vacíos ante necesidades básicas y/o típicas del compañerismo. Perecimos abrasados dentro de un erupcionado volcán asesino de espíritus individuales. Nos fundimos en uno, nos elevamos y fuimos millones. Nos esparcimos por el cielo y por la tierra, haciendo de cada paso, una nueva flor, un nuevo suspiro. Buscamos bajo las piedras y entre las hojas de los árboles motivos y razones que ayuden a entender semejante idilio. Nos atrevimos a enfrentarnos a nosotros mismos con el fin de entendernos, de verificar la veracidad acerca de los extasiadores hechos, y así confirmar que lo sucedido existió más allá del plano onírico. Y así fue.
No te soñé ni me soñaste. No te imaginé ni me imaginaste. Te acaricié y me acariciaste. Desfallecí cada vez que me miraste. Contemplé el transitar de tu existir sobre un cielo colmado de miedos, de culpas y de curiosidad. Quise vencer, pero nunca antes fui tan vencido como cuando tu piel decidió hacer digna a mi piel. Como cuando tu alma, enredada en la mía, ascendió más allá del infinito eterno de la vida y promulgó una nueva ley olímpica que establecía que, desde ese día, el cielo y el infierno serían solamente uno, y que deberían coexistir entre tus pechos y el mío. Entre tu espalda y mi vientre. Entre tu mar y mi desierto.
Luego de la sesión extraordinaria del comité existencialista, la dicha, esparcida por la brisa, comenzó a quejarse, y a encontrar puntos poco nobles a nuestra inacción, producida por la efervescente acción de convertir en piel, deseos, energía y amor. Las miradas tiernas decidieron no enternecerse más. La impoluta desnudes, sintió pavor por su ignominiosa honradez, y de impávidos harapos se cubrió, congelando el volcán, asesinando a la magia, devolviéndonos a la realidad.
El río, el viento. El puente amenazando acusar con algún transeúnte nuestra insolencia. La tarde se moría. Entre nuestras ropas la arena nos recorría. El día no daba para más.

30/11/15