Ella siempre dijo que no, aunque a veces
lo disfrazaba con un quizás. Para mí, todas sus respuestas fueron
sí. Y me enamoré como un boludo.
No en todos los cuentos hay magia, pero a
veces uno se confunde. Sobretodo, después de leer los ocho libros de la saga de
Harry Potter en seis semanas. Mi personaje favorito fue Hermione Granger de
principio a fin. Ese pelo incontrolable, esa mezcla de ñoñez y audacia
encandilaron al tonto lector de fantasía que habita en mí. ¿Y cual es el nombre
de quien me encandiló en la vida real? Maga. Lo primero que este idiota hizo al
leer su nombre, fue bautizarla Hermione. Algo tonto, divertido, pero que marcó
el comienzo de algo que podría haber terminado en una gran tragedia moderna:
casamiento. Por su mente jamás pasó esa idea, lo debo admitir. Fui yo quien iba
juntando los destellos de cariño que ella irradiaba y los amontonaba en un
rincón dándoles la forma de un corazón. Cursi, casi vomitivo, dirán muchos.
Pero ella tiene mucho para enamorar. ¿Está buena, por lo menos? Pide
saber la hinchada. Sí, lo está, y mucho. Está buena, es inteligente, le encanta
el rock, le gusta pasarla bien. Y el idiota se enamoró.
Le dije que la amaba, que podíamos vivir
bajo un puente y enviar a su pequeña hija a un internado mágico. Le abrí mi
corazón como nunca lo había hecho antes. Le prometí ser lo que ella quisiera
que fuese. Sí, de verdad, así pasó. Por favor, hagánle saber esto a Sofía para
que se burle de mí. Que el mundo se entere que todavía hay estúpidos Romeos que
dan la vida por amor. No morí, ni tengo pensado hacerlo por este asunto,
pero... ¿si la Maga (la mía, no la de Cortázar) lo hubiese pedido? No quiero
pensarlo.
Fui con ella el tierno ángel que hubiesen
querido que sea la mayoría de mis profesoras del secundario. Amable, atento,
educado. Siempre traté de hacerla sentir cómoda e importante. Jamás le mentí,
hubiera hecho todo por ella. Todo. Creo que ella, en definitiva, no captó del
todo el mensaje que le estaba enviando el universo. No vio más allá de mi aspecto
desalineado. Sintió cosas, se confundió, avanzó, se retractó, siguió con su
vida mientras yo le escribía los más sentidos versos que podría haber vomitado
mi estúpido corazón. Y esto no habla mal de la Maga. Desde el comienzo fui yo
el que andaba descolocado. Sus formas, sus modos, daban indicios de que no era
conveniente enamorarme de ella. Lo mismo que con Sofía. ¿Por qué será que me
atraen tanto las tragedias? Sí, genial con Shakespeare y Sófocles, pero...
viejo, ¡cortala! Mi vida no es cuento de hadas, pero tampoco para ser
representada en una plaza publica varios siglos atrás. La Maga tiene sus cosas,
que la hicieron ser del modo en el que es. Y yo lo sabía. Su manera de ser
jamás fue para mí un secreto. El tema fueron sus dudas, sus estúpidas e
infantiles dudas, que no hacían más que incitarme a enamorarme como lo hice.
Idiotas.
Me hizo bien, a pesar de estos días en los
que lágrimas de bronca supieron acariciarme. Su aroma, su risa y el dulcisimo
sabor de sus besos, hoy me hacen sentir estafado. Recordé como se besaba, lo
mágica que pude ser una mirada y esa sonrisa de paz en mitad del beso. Está
bueno abrazar y que te abracen. Está bueno ese mensaje al comenzar el día, y
esas extrañas conversaciones en la madrugada en la que todo puede pasar. Pero
ya pasó. Varias veces intenté despegarme de ella porque sabía que no había
futuro. Quizás lo había, y era hermoso. La Maga, yo, su pequeña niña y los que
pudiesen venir. Pero en medio había un camino complejo en el que teníamos que
conocernos a fondo, aprender a soportar nuestras diferencias y amoldarnos a la
manera de ser del otro. En definitiva, complementarnos. Yo pensé en que podría
intentarlo, pero ella... a ella le gustan las papas fritas, ama leer y le gusta
criticar mis escritos. Por ella retomé y finalicé un proyecto literario que
tenía guardado hacía mucho tiempo. Por ella hubiera cambiado el mundo, pero no
pudo ser.
La voy a extrañar demasiado. Mañana el
vacío va a ser enorme, pero qué otra cosa puedo hacer. Puse de mí todo lo que
podía. Creo que ella, a su modo, también lo hizo. El cariño es grande, pero también
el abismo que nos separa. Voy a extrañar los audios de azulina y esa salida al
parque que nunca va a suceder. La Maga me debe treinta pesos y una salida al
cine. Hubiese estado bueno ir a algún recital. Hubiese estado bueno que se
jugará un poco más. Pero quizás no tenía que ser. Quizás pase el tiempo, las
historias, y algún día volvamos a encontrarnos. Quizás se aburra de lo simple,
de lo vacío y necesite que la amen de verdad. Quizás, si no pasa tanto tiempo,
todavía esté para acompañarla y ayudarla a ser feliz. O quizás me busca mañana y ya
no quiero. ¿Quién sabe? Pero, mientras tanto, otro crimen quedará sin
resolver.
29/09/17
