viernes, 29 de septiembre de 2017

Me enamoré como un boludo

Ella siempre dijo que no, aunque a veces lo disfrazaba con un quizás. Para mí, todas sus respuestas fueron sí. Y me enamoré como un boludo.
No en todos los cuentos hay magia, pero a veces uno se confunde. Sobretodo, después de leer los ocho libros de la saga de Harry Potter en seis semanas. Mi personaje favorito fue Hermione Granger de principio a fin. Ese pelo incontrolable, esa mezcla de ñoñez y audacia encandilaron al tonto lector de fantasía que habita en mí. ¿Y cual es el nombre de quien me encandiló en la vida real? Maga. Lo primero que este idiota hizo al leer su nombre, fue bautizarla Hermione. Algo tonto, divertido, pero que marcó el comienzo de algo que podría haber terminado en una gran tragedia moderna: casamiento. Por su mente jamás pasó esa idea, lo debo admitir. Fui yo quien iba juntando los destellos de cariño que ella irradiaba y los amontonaba en un rincón dándoles la forma de un corazón. Cursi, casi vomitivo, dirán muchos. Pero ella tiene mucho para enamorar. ¿Está buena, por lo menos? Pide saber la hinchada. Sí, lo está, y mucho. Está buena, es inteligente, le encanta el rock, le gusta pasarla bien. Y el idiota se enamoró.
Le dije que la amaba, que podíamos vivir bajo un puente y enviar a su pequeña hija a un internado mágico. Le abrí mi corazón como nunca lo había hecho antes. Le prometí ser lo que ella quisiera que fuese. Sí, de verdad, así pasó. Por favor, hagánle saber esto a Sofía para que se burle de mí. Que el mundo se entere que todavía hay estúpidos Romeos que dan la vida por amor. No morí, ni tengo pensado hacerlo por este asunto, pero... ¿si la Maga (la mía, no la de Cortázar) lo hubiese pedido? No quiero pensarlo.
Fui con ella el tierno ángel que hubiesen querido que sea la mayoría de mis profesoras del secundario. Amable, atento, educado. Siempre traté de hacerla sentir cómoda e importante. Jamás le mentí, hubiera hecho todo por ella. Todo. Creo que ella, en definitiva, no captó del todo el mensaje que le estaba enviando el universo. No vio más allá de mi aspecto desalineado. Sintió cosas, se confundió, avanzó, se retractó, siguió con su vida mientras yo le escribía los más sentidos versos que podría haber vomitado mi estúpido corazón. Y esto no habla mal de la Maga. Desde el comienzo fui yo el que andaba descolocado. Sus formas, sus modos, daban indicios de que no era conveniente enamorarme de ella. Lo mismo que con Sofía. ¿Por qué será que me atraen tanto las tragedias? Sí, genial con Shakespeare y Sófocles, pero... viejo, ¡cortala! Mi vida no es cuento de hadas, pero tampoco para ser representada en una plaza publica varios siglos atrás. La Maga tiene sus cosas, que la hicieron ser del modo en el que es. Y yo lo sabía. Su manera de ser jamás fue para mí un secreto. El tema fueron sus dudas, sus estúpidas e infantiles dudas, que no hacían más que incitarme a enamorarme como lo hice. Idiotas.
Me hizo bien, a pesar de estos días en los que lágrimas de bronca supieron acariciarme. Su aroma, su risa y el dulcisimo sabor de sus besos, hoy me hacen sentir estafado. Recordé como se besaba, lo mágica que pude ser una mirada y esa sonrisa de paz en mitad del beso. Está bueno abrazar y que te abracen. Está bueno ese mensaje al comenzar el día, y esas extrañas conversaciones en la madrugada en la que todo puede pasar. Pero ya pasó. Varias veces intenté despegarme de ella porque sabía que no había futuro. Quizás lo había, y era hermoso. La Maga, yo, su pequeña niña y los que pudiesen venir. Pero en medio había un camino complejo en el que teníamos que conocernos a fondo, aprender a soportar nuestras diferencias y amoldarnos a la manera de ser del otro. En definitiva, complementarnos. Yo pensé en que podría intentarlo, pero ella... a ella le gustan las papas fritas, ama leer y le gusta criticar mis escritos. Por ella retomé y finalicé un proyecto literario que tenía guardado hacía mucho tiempo. Por ella hubiera cambiado el mundo, pero no pudo ser.
La voy a extrañar demasiado. Mañana el vacío va a ser enorme, pero qué otra cosa puedo hacer. Puse de mí todo lo que podía. Creo que ella, a su modo, también lo hizo. El cariño es grande, pero también el abismo que nos separa. Voy a extrañar los audios de azulina y esa salida al parque que nunca va a suceder. La Maga me debe treinta pesos y una salida al cine. Hubiese estado bueno ir a algún recital. Hubiese estado bueno que se jugará un poco más. Pero quizás no tenía que ser. Quizás pase el tiempo, las historias, y algún día volvamos a encontrarnos. Quizás se aburra de lo simple, de lo vacío y necesite que la amen de verdad. Quizás, si no pasa tanto tiempo, todavía esté para acompañarla y ayudarla a ser feliz. O quizás me busca mañana y ya no quiero. ¿Quién sabe? Pero, mientras tanto, otro crimen quedará sin resolver.
29/09/17


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