miércoles, 15 de junio de 2016

Arquero con guantes de latex



El mundo gira estúpido, como siempre. No sabe girar de otra manera. A veces se la cree, y nos la hace creer a nosotros. Que todo está en orden, que no podría ser mejor, que es como tiene que ser. Todo tiene sentido, porque estaba escrito, porque el mundo es lo que es.
El mundo rebalso en estupidez cuando envió con el viento hasta tu puerta a una estrella sin luz. Pensaste que eran de las que se enchufaban, o de las que se regaban, pero no. El mundo te envió un desafío en forma de dolor, de procedimientos quirúrgicos y de esperanza. De verdad, mundo, ¿así tenía que ser?
Las ruedas de las bicicletas se gastaron de tantas vueltas a la manzana que dábamos jugando al rally. Siempre ganaba yo, con trampa la mayoría de las veces. De aquel tiempo, lo que más grabado me quedó, fue el día en el que al tocar la rueda de atrás de tu bicicleta con la delantera de la mía, giré dando una vuelta por encima tuyo y caí adelante, sin perder el equilibrio. Pareció un efecto extraído de la película Matrix, pero fue real. Nadie nos creyó. A veces dudé acerca de la veracidad del incidente... Pero es imposible que no haya sido real.
Entré a la sala y te encontré quieto, ni dormido ni despierto. Nunca antes te había visto tan grande, tan inmenso. Casi que no cabías en la cama, ni en la habitación, ni en el sanatorio completo. Luego de la sorpresa seguida de la duda, supe que la causa no eran ni los pebetitos ni las gaseosas. Eras vos, y ese espíritu inmenso que intentas ocultar debajo de la bata blanca. Vos y tus ideales que vaya a saber uno de donde los sacaste, quién te los dio, o por qué te empeñas en ocultar. Porque lo haces. Aunque muy mal. Todos sabemos que, a pesar de aparentar ser el tipo más bueno del mundo, sos mucho más de lo que pareces. No tiene mucho sentido, pero lo veo y lo siento así. Sobre todo lo siento. Desde la noche del domingo, en la que no pude dormir ni un minuto, siento muchas cosas que no sabía que estaban en mí. Miedos extraños, sentimientos confusos, y la inmensa necesidad de volver el tiempo atrás. Diez, quince, veinte años atrás. Y empezar de nuevo. Avanzar como lo hicimos hasta cierto punto y tratar de que el tiempo no se interponga esta vez. Cuándo nos separó, en que momento y a través de que artilugio maldito, no lo sé. A pesar de repensarlo y de hallar ciertos indicios, la respuesta no es para nada esclarecedora. Estábamos a la par, y cuando me di cuenta, uno de los dos había cruzado la vereda. Quien de los dos lo hizo, no lo sé. Y mucho no me interesaría, si tan solo lo pudiésemos reparar. Pero primero arreglate la cabeza. Hacéle fosforito al mundo y seguí demostrando que si te lo proponés, lo lográs. Como hiciste con cada cosa que emprendiste. Nunca me molesto ser el hermano del chico enfermero. Suena y se siente bien. Cuando seas el chico doctor, quizás suene mejor, pero lo importante y más valiosos de esa vistosa forma de referirse a mi persona, radica en la primera parte. El hermano. Germanus, en latín, que comparte raíz con germen (geno). El germen, el hermano, es lo verdadero. Lo exacto. Eso que una vez que se origina, ya no puede dejar de ser por nada del mundo. Lo que realmente vale y le da sentido a las cosas.
Todos sabemos que de esta vas a salir. Está escrito en tu historia, en tu entrega, en tu manera de encarar a la estupidez del mundo. Igualmente, si en pleno partido se te cae el arco encima y quedás atrapado por la red, como aquella vez en Costa Sacate, no te desesperes. Por un lado, con el arco caído, es bastante difícil que te hagan goles. Y por otro, sabés que al rededor tenés a un montón de gente para ayudarte a que te pongas de pie, así podés seguir haciendo lo que te gusta. Atajar, ayudar a los demás, jugar con los perros, mirar a House. Cualquier persona que te conozca no tendría ningún problema en pararse en la barrera y recibir el pelotazo por vos. Igualmente, si la pelota pasa,  aunque hoy atajes con guantes de latex, tu arco siempre está seguro. Y no sería para nada sorprendente que, cada tanto, desde tu arco, envíes la pelota a la red del arco del frente.
Finalmente, algo bueno hizo el mundo. Nos puso a jugar en el mismo equipo.


15-07-16

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