sábado, 18 de junio de 2016

Tu espacio



Sueños de espacios distantes, me distraen mientras busco distracciones que ahoguen la espera del pitazo final en un partido perdido desde antes de empezar. Finalmente me embelesó tu murmullo espacial, traído a mí por el mismo viento que tantas veces me sirvió como mensajero de caricias. Hoy ya no miro hacia el norte, mis ojos se pierden en el firmamento nocturno contemplando distantes estrellas, que sin tener idea acerca de mis intenciones, brillan en paz, absorbiendo mi tiempo y calmando mi ansiedad.
Clamo en nombre del infinito, por una estancia en tierras sin piso, sin paredes ni techos. Ignoro a la gravedad de mi alma y me sumerjo en inmensidades constantes que me abrazan como si fuera parte de ellas. Como si jamás nuestras existencias hubiesen existido separadas. El tiempo no es más que una anécdota del espacio, un pedazo de nada que pateo mientras guiado por tu voz, a ciegas, busco tus brazos. Te abrazo en mi mente, me disfrazo de gravedad y poso sobre tu boca mis labios. Sos tan invisible que me pierdo, que te encuentro a cada paso en la inmensidad de tu espacio. Despacio pronuncio tu nombre, y el eco que no existe me devuelve cada letra en forma de beso, de sonrisa, de la impetuosa necesidad de desordenar átomos tuyos para hacerte aparecer[1]. Como en una película de ciencia ficción, como en un confuso sueño. Hacer salir a tu reflejo del espejo de mi porvenir, de mis deseos de que tu existencia sea real, y que camine junto a mi. O que flote, que juntos rememos en un bote, y entre la inmensidad de las estrellas naufragar una y otra vez hasta hacer del naufragio, nuestro salvavidas, el mapa que guíe nuestra escapada hacia el universo más distante de la vida.
Enredados en mis palabras, iluminados por tu risa, vagar por universos ocultos mientras juntos descubrimos que nuestra odisea va más allá del sentido de la tierra y de tu estrella. Que la noche puede ser eterna si es tu risa la que marca el camino. No desisto, no me dejo vencer ni por la inmensidad ni por el frío.
Una noche más, a través de la ventana, una y otra vez repito tu nombre, intentando con mi voz llegar hasta donde te escondés. Hasta donde me esperás. Hasta desde donde algún día, abrazados, contaremos estrellas.


12/12/15      

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