Sueños de
espacios distantes, me distraen mientras busco distracciones que ahoguen la
espera del pitazo final en un partido perdido desde antes de empezar.
Finalmente me embelesó tu murmullo espacial, traído a mí por el mismo viento
que tantas veces me sirvió como mensajero de caricias. Hoy ya no miro hacia el
norte, mis ojos se pierden en el firmamento nocturno contemplando distantes
estrellas, que sin tener idea acerca de mis intenciones, brillan en paz,
absorbiendo mi tiempo y calmando mi ansiedad.
Clamo en
nombre del infinito, por una estancia en tierras sin piso, sin paredes ni
techos. Ignoro a la gravedad de mi alma y me sumerjo en inmensidades constantes
que me abrazan como si fuera parte de ellas. Como si jamás nuestras existencias
hubiesen existido separadas. El tiempo no es más que una anécdota del espacio,
un pedazo de nada que pateo mientras guiado por tu voz, a ciegas, busco tus
brazos. Te abrazo en mi mente, me disfrazo de gravedad y poso sobre tu boca mis
labios. Sos tan invisible que me pierdo, que te encuentro a cada paso en la
inmensidad de tu espacio. Despacio pronuncio tu nombre, y el eco que no existe
me devuelve cada letra en forma de beso, de sonrisa, de la impetuosa necesidad
de desordenar átomos tuyos para hacerte aparecer[1]. Como en una
película de ciencia ficción, como en un confuso sueño. Hacer salir a tu reflejo
del espejo de mi porvenir, de mis deseos de que tu existencia sea real, y que
camine junto a mi. O que flote, que juntos rememos en un bote, y entre la
inmensidad de las estrellas naufragar una y otra vez hasta hacer del naufragio,
nuestro salvavidas, el mapa que guíe nuestra escapada hacia el universo más
distante de la vida.
Enredados en
mis palabras, iluminados por tu risa, vagar por universos ocultos mientras
juntos descubrimos que nuestra odisea va más allá del sentido de la tierra y de
tu estrella. Que la noche puede ser eterna si es tu risa la que marca el
camino. No desisto, no me dejo vencer ni por la inmensidad ni por el frío.
Una noche
más, a través de la ventana, una y otra vez repito tu nombre, intentando con mi
voz llegar hasta donde te escondés. Hasta donde me esperás. Hasta desde donde
algún día, abrazados, contaremos estrellas.
12/12/15

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