domingo, 5 de junio de 2016

Los demonios de tu risa

Me despierto y todo sigue igual. La almohada en el piso, la ventana abierta, y los retorcidos pájaros felices, como si no fuera domingo. La mañana se muere en un suspiro, ya que el mediodía se presenta sin invitación después de qué, según mi existir, desde la noche ni media hora pude dormir.
¿Hay algo que tenga menos sentido que un domingo a las dos de la tarde? Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno... domingo, dos de la tarde. Es esta la mejor de las incoherencias de Dios. Una tortuga ciega, coja y boluda carga sobre sus espaldas a la pesada tarde. Mientras avanza como si retrocediera, me comenta que alguien le contó que en el concurso de longitudes, la altanera tarde de domingo, a la mismísima muralla china venció. No logro salir de mi asombro hasta que el sol se esconde.
Llega la noche y de a poco empiezo a odiar al lunes. Pero antes de que ese bendito día a todos nos abrume, después de cenar, me dispongo a soñar. Y en sueños me persiguen los demonios de tu risa, que en otras épocas me incendiaban la vida y me hacían creer que más allá de todo, siempre había más. Que el cielo no era techo, sino la próxima parada, un simple descanso para recargar energías y, con más fuerza, poder avanzar. Hacia el espacio, hacia otros firmamentos más puros y celestes. Volar juntos de la mano hacia sitios distintos, creados por alguien, alguna vez, sólo para nosotros.
Cuando la magia se convierte en recuerdo, no tiene tanto valor. Intentar olvidar es convertirse en asesino serial del tiempo. Sin armas, pero con resentimiento, todo se contamina, se debilita, la magia se convierte en hielo y ya no te entibia.
Cuando una historia se acaba, ¿de qué sirven los recuerdos? Los malos, nos consuelan, tratan de convencernos de que lo mejor que podría haber pasado, fue el final. ¿Y los buenos? ¿No llores porque terminó, sonríe porque sucedió? No. A las frases de sobrecitos de azúcar jamás las tomaría en serio por más que sean proverbios árabes, chinos o aztecas. Recordar una historia terminada, quizás te sirva para no volver a cometer los mismos errores, para no confiar tanto en la gente, para pensarlo más antes de darle tus contraseñas a cualquiera. ¿Realmente sirve para estar prevenidos? No, para nada. A la próxima, además de la contraseña de las redes sociales, le damos la clave del cajero automático, y hasta una extensión de la tarjeta de crédito, por no mencionar que nos hacemos los duros, al principio, pero al final terminamos arrastrándonos suplicando que no nos nieguen su amor. ¿De verdad somos tan así? Lamento decirte que no. No somos tan así. Me estoy quedando corto.
Pero bueno, no todo en la vida tiene que ser perfecto. Si sufro por amor, quizás la recompensa venga por otro lado, ¿o no? Sin tu risa, no hay demonios. Sin vos, puedo seguir perfectamente siendo yo. O mejor que yo.
Paz.

31/01/16

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