martes, 9 de agosto de 2016

La más linda del barrio

Después de un día más, espero que te vaya bien. ¿Cómo fue que se fue el misterio?. Es otro día más, no es tiempo de mirar atrás, necesito empezar de nuevo. Aunque sea una sola vez. Nunca me había costado tanto llegar a conocer el nombre de una persona. Igual, algo de sentido tiene: se trata de la más linda del barrio. La veo desde que tengo uso de razón. Siempre apurada, con serpientes bailoteándole en la cabeza y la mirada de quién está a punto de sonreír. Pero nunca sonríe. Sí lo hiciera, seguramente, envidioso y vencido, el sol dejaría de brillar. La bauticé con el nombre de Daniela, por el gran parecido que tiene con una cantante de rock. Me acostumbré a llamarla de ese modo... no sé si sea posible, a partir de esta noche, llamarla con su nombre real. Y no porque sea un nombre poco agradable, sino todo lo contrario. Le queda perfecto. Al igual que su mirada, su nombre contiene la palabra ángel. No hay otra que le siente mejor. Recuerdo haberla visto, alguna vez sobre una bicicleta amarilla; parece que le gustan los gorros y las bufandas. Tiene una manera muy partícula de caminar, casi hipnótico. Lleva un ritmo extraño, maravilloso. No creo que sea un defecto físico, pero sí lo es... bienvenido sea. Es bastante más alta que yo, pero nunca tuve problemas para saltar o para trepar. Igualmente, de solo verla me elevo, sobrevuelo por el pueblo, y trato de mirarla lo más que puedo. Quizás ahora esté durmiendo. Acá, cerca de casa. Hace vidas que vivimos a la vuelta el uno del otro y... nada. Daniela con serpientes y bufandas. Su bicicleta. ¿Era realmente amarilla? Me asusta el saber que tiene una vida más allá de mis suposiciones. Creo que durante estos años la idealicé demasiado. O quizás no. Quizás es más perfecta que lo que pude imaginar de tan solo verla pasar. Por suerte no tengo apuro.


25/06/16

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