Brisa. No de la que
acaricia, sino de la que molesta. De la que te engaña sin dejar huellas. Esa
que desparrama las hojas mientras doña Elvira barre. Ni cálida ni fría. Jamás
podrías haber sido un huracán.
Me enredaste con tu
suave soplido, invitándome a imaginar que tu murmullo sería capaz de parir
tempestades, y te seguí. Te seguí tanto y con tanta convicción, que en cierto
momento fueron mis pasos los que avanzaban adelante, mientras que los tuyos,
inesperadamente, decidieron andar a contramano. Giré, intenté alcanzarte, pero
no. ¿Por qué se tiene que repetir la historia? ¿Por qué tengo que,
constantemente, hacer y deshacer eternidades? ¿Yo te busqué? ¿Yo te esperé? Te
alcancé, pero no sigo más. ¿Vale abandonar antes de que inicie el juego? Soy de
los que apagan fuego con más fuego... y tu frío me congela.
¿Qué alguna vez una
guerra se desencadenó por tu causa? Permitime dudar, y al mismo tiempo creerte
sin ganas. Con el tiempo evolucionan las almas. Se enlazan destinos, se
mezclan caminos, se ordena el universo. ¿De dónde venís? ¿A dónde vas? ¿Por
qué te seguí hasta acá? Me aburrieron las historias de guerreros inmortales y
de pasiones que incendiaban ciudades. ¿Ahora que busco, a quien sigo, de quien
escapo? Tu voz no resalta sobre la de los personajes de mi historia. Sos tan
mortal, tan corriente como los demás.
Desde el principio
fuiste brisa, que por el aire se esparcía sin prisa. Una anécdota más del
tiempo que me hacía renacer, simplemente para exponerme ante el suplicio de verte
marchar un vez más. ¿Cuántas veces vas a usar las mismas cartas? ¿No te aburrís
de que el final sea siempre igual? Te entrego mi escudo, mi casco y mi lanza.
Sobre la balanza pesé, primero, mis ganas de volver a encontrarte. Después,
nada. Y decidí liberarte. Y liberarme. Que seas de acá, que seas de allá, que
seas de cualquier parte, son puros detalles. Y no son de mi incumbencia.
08-08-16
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