jueves, 18 de agosto de 2016

Helena de nunca jamás

Brisa. No de la que acaricia, sino de la que molesta. De la que te engaña sin dejar huellas. Esa que desparrama las hojas mientras doña Elvira barre. Ni cálida ni fría. Jamás podrías haber sido un huracán.
Me enredaste con tu suave soplido, invitándome a imaginar que tu murmullo sería capaz de parir tempestades, y te seguí. Te seguí tanto y con tanta convicción, que en cierto momento fueron mis pasos los que avanzaban adelante, mientras que los tuyos, inesperadamente, decidieron andar a contramano. Giré, intenté alcanzarte, pero no. ¿Por qué se tiene que repetir la historia? ¿Por qué tengo que, constantemente, hacer y deshacer eternidades? ¿Yo te busqué? ¿Yo te esperé? Te alcancé, pero no sigo más. ¿Vale abandonar antes de que inicie el juego? Soy de los que apagan fuego con más fuego... y tu frío me congela.
¿Qué alguna vez una guerra se desencadenó por tu causa? Permitime dudar, y al mismo tiempo creerte sin ganas. Con el tiempo evolucionan las almas. Se enlazan destinos, se mezclan caminos, se ordena el universo. ¿De dónde venís? ¿A dónde vas? ¿Por qué te seguí hasta acá? Me aburrieron las historias de guerreros inmortales y de pasiones que incendiaban ciudades. ¿Ahora que busco, a quien sigo, de quien escapo? Tu voz no resalta sobre la de los personajes de mi historia. Sos tan mortal, tan corriente como los demás.
Desde el principio fuiste brisa, que por el aire se esparcía sin prisa. Una anécdota más del tiempo que me hacía renacer, simplemente para exponerme ante el suplicio de verte marchar un vez más. ¿Cuántas veces vas a usar las mismas cartas? ¿No te aburrís de que el final sea siempre igual? Te entrego mi escudo, mi casco y mi lanza. Sobre la balanza pesé, primero, mis ganas de volver a encontrarte. Después, nada. Y decidí liberarte. Y liberarme. Que seas de acá, que seas de allá, que seas de cualquier parte, son puros detalles. Y no son de mi incumbencia.

08-08-16


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