martes, 31 de enero de 2017

Estructuras atípicas

   
 Información sobre el éxito de los procesos constantes y arrítmicos fluye desde la profundidad del Inequívoco Sistema de Compatibilidades Extremas adoptado por la Congregación. Los fieles abusan de los festejos, justificándose con que no todos los días el tiempo puede ser aprovechado de tal manera. Las excusas abundan mientras las risas hacen expandir la noticia. Hasta el firmamento parece favorecido por los nuevos avances en tan complejo campo de la investigación social. Las estrellas se desplazan creando estructuras atípicas celestes con el fin de convertir en formas humanas su satisfacción. Los aplausos y silbidos suben hasta el cielo produciendo sonrojamiento y tímidas sonrisas tan imperceptibles como la oscuridad que debería abundar a esa altura de la noche. Algo no estaba bien.
    Subió el más joven y atlético fiel a la Colina Rocosa del Milagro Eterno, y comprobó qué, realmente, algo no estaba bien. Quizás no era ese el día indicado, o el mensajero había decodificado no del todo bien el mensaje, a pesar de que para él era lo suficientemente claro: estructuras atípicas, formadas por nociones conocidas para el pensamiento congregacional, serían las responsables del cataclismo final de la aurora. El día y la hora no se especificaban, pero se indicaba una improrrogable proximidad, envuelta en gritos de delirio, efusividad y desesperación no reconocida. El mensaje fluía a borbotones desde el Inequívoco Sistema de Compatibilidades Extremas, y se derramaba como manantial por la ladera de la despoblaba colina milenaria. Era tarde para cualquier tipo de acción, de decisión, de reparo. Lo importante era sucumbir de la manera más poética posible. El joven atlético decidió adoptar, sin saberlo, una pose shakespereana y así esperar el fin.
      Al pie de la montaña el alboroto se extendía y parecía no dar lugar a la calma ni a la comprensión. ¿Cómo después de tantos siglos, el Inequívoco Sistema de Compatibilidades Extremas, podría haber funcionado? En caso de que funcionara, ¿qué era realmente? ¿Quién lo había inventado? ¿Cuál era la información que los había puesto tan felices? Nadie tenía por qué pensar en ello, ya que ni pensar ni existir estaba dentro de las fortalezas de la Congregación. Las estrellas brillaban y dibujaban formas que podrían haberse interpretado fácilmente por quien las conociese. Los congregacionales solo festejaban, pues Festejo Eterno era el lema que gritaban las voces de sus dioses desde el templo.
    Siguieron festejando cuando las letras los golpeaban fuertemente en sus cabezas, cuando corrientes de vocales y signos de interrogación los arrastraban como potentes ríos. Los niños tomaban con sus manos a los pequeños signos de puntuación y se los arrojaban como si estos fuesen bolas de nieve. Se golpeaban, herían sus cabezas y estas desangraban. Más sangre brotaba de sus pares, mayor estruendo provocaban los gritos con los que festejaban sus hazañas. Los mayores parecían niños, los niños parecían animales. Solo los pájaros pudieron escapar, cuando el diccionario entero diluvió sobre la tierra. Ningún ser humano sobrevivió.  

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