Volcanes erupcionando
lava azul, con llamas rojas que flamean descontroladas. El agua avanza saliendo
desde el mar arrasando con toda forma de vida. El diluvio se precipita sobre el
desierto, el mar se seca, la montaña estalla y se hunde. Millares de plagas se
esparcen y asolan débiles poblados que se funden en el delirio de la oración.
Un estrepitoso estruendo deshace cada canción convirtiendo gritos en silencio,
susurros en silencio, voces en nada.
Semejante panorama se
manifiesta en presente. No le temo, no me escapo. Ella se acerca y me siento
fuerte, dotado de infinidad de poderes capaces de bloquear tempestades y ahogar
infiernos. Ella me mira y el infinito, incluso el más inmenso, se reduce a
polvo.
Ella y sus libros,
ella y sus ocultos caprichos. Ella y su volcán y su maremoto y su diluvio y sus
plagas y su voz. Su voz. Calma como
silencio, la oigo y a ciegas hacia el precipicio voy. Vuelo aferrado al
recuerdo de su risa, de sus pasos que me asesinan, primero cuando viene, luego
cuando se va. En el aire la promesa del futuro encuentro se esparce y me
contamina. Risas, temblores y calor son el resultado de su visita. Ella es
presente. Es el pasado del futuro que intenta renacer, ese que el universo,
cual cruel tirano, ante nuestros ojos quiere imponer. Ella lo sabe. Aunque no
sepa que lo sabe. Yo lo sé, pero cuando llegue voy a fingir sorpresa.
Cintas de colores,
siento como si el cielo sintiera el poder de un arcoíris a punto de reventar.
Los ángeles se aprietan el cinto y vuelan desplegando sus alas sincerándose con
el ambiente. Ya no hay tiempo de arrepentirse. Ella es presente, hoy. Y siempre
es hoy.
3/1/17

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