Laguna Larga,
Córdoba. 12 de febrero de 2018
Querida
Hermione,
El reloj siguió su curso desde que le cambié las
pilas. Tic, tic, tic, comentó agradecido.
Sonreí y me acordé de vos. De tu risa, de tu pelo y de esa forma tan tuya de
hablar. Hacía un tiempo que no me sentía tan tonto… y creo recordar que la última
vez, también había sido por vos.
Leí varios libros, escribí algunas cartas y escapé
a varios soles durante este último tiempo. El clima es una locura. Pensé en
vos, aunque no me haya parecido necesario hacértelo saber. Te imaginé sentada
bajo un árbol, leyendo ilegalmente en tu computadora. También te vi cuerpo a
tierra bajo una lluvia de balas protegiendo a un dulce y asustado gatito. Temblaba,
pero le era inevitable sonreír ante la cercanía de tu existir. El pequeño
felino me recordó a mí, en aquellas épocas en que era común para el cielo
vernos vagar juntos. ¿De verdad te dije todas aquellas cosas? ¿Fue real la
osadía de creerme merecedor de respirar el mismo aire, de comer las mismas
papas fritas, de fantasear con la idea de reposar sobre la misma cama?
Se me complica evitar el desvanecimiento sensitivo
al evocar la última conversación telefónica que tuvimos. Entiendo todo, pero
quisiera no tener nada que entender. Recuerdo que esa vez creía que era posible
decirte adiós para siempre… y lo dije, con toda esa seguridad del mutilado que
contempla lloroso a su sangrante corazón sobre la mesa del sacrificio. Es su
corazón, que ya no es suyo; se marcha en silencio, sabiendo que ya nada será lo
mismo. Así me sentía, pero al marchar, mi corazón no se extinguía sobre el
altar, sino que ya había sido esparcido en cada una de las palabras, los gestos
y los besos que te había dado. Esa fue una de las tantas veces que te perdí.
No es la primera vez que tengo que cambiar las
pilas del reloj. Cuando existía algo parecido a un nosotros, te confieso que tuve que hacerlo varias veces. En ocasiones
era tan complicado entenderte, o entenderme a mí mismo en correlación con tu
existir que, incluso con pilas nuevas, tuve que empujar a las agujas para que
no dejen de marchar. Extraño, pero dulce ahora que lo recuerdo con nostalgia.
Nostalgia me despierta también el hecho de que
siempre buscabas un porqué a todo. ¿Seguirás siendo así? ¿Trataras de razonar
con los delincuentes acerca del porqué de sus fechorías? ¿Con el calendario sobre
qué tipo de mecanismos utiliza para sincronizar su tiempo de vida con los
movimientos de la tierra alrededor del sol? ¿Con la vida acerca de porqué a
veces se comporta tan estúpida con vos y con la gente que querés? Ojalá lo
sigas haciendo. Ojalá el Universo (sí,
él) siga permitiéndote ser tan vos como siempre. Estas palabras no tienen
un porqué más que acariciarte y recordarte que alguien, en un aburrido lugar del mundo, sonríe y se le
entibia el alma al pensar en vos.
JS

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