El tiempo se escondió durante
siglos
a la espera del momento
indicado
en el que el universo debía
estallar.
Entre las luces del
cielo
decenas de sombras se
muestran ocultas
en la ausencia de tu
voz,
en la plenitud de tu
silencio.
El frío y la oscuridad
escapan tras cada suspiro,
mientras montañas de
esperanza
se desvanecen hasta
desaparecer.
Parece que nada tiene sentido
cuando la negatividad de
los polos se convierte en lava
y arrasa con joviales existíres
exentos de la noción de
luchar.
Y todo por culpa de tu
silencio.
Antiguamente, cuando algo no tenía sentido,
reinaba la costumbre de aceptar cada cosa como caía del cielo. Los astros siempre
habían estado en su sitio. El viento soplaba porque esa era su función. Cuando
algo desaparecía, jamás había existido. El tiempo pasó, quienes antes estaban,
dejaron de estar. Cíclicamente las tragedias y las buenaventuras siguieron sucediéndose
e interpretándose de diversas maneras.
La magia siempre fue magia, pero su materia fue
transformándose, cambiando de cuerpo como un caracol que cambia de caparazón.
Estuvo primero en seres eternos que mezclaban sustancias y hacían bailar al
fuego. Escobas voladoras, varitas y objetos mágicos fueron elementos primordiales
para su expansión. Hoy la magia se volvió invisible e inmaterial, sin leyes que
regulen su práctica ni Ministerios que condenen su indebida ejecución. Los
magos ya no presumen sus poderes, pero tampoco se esconden en sus guaridas.
La Maga camina entre la gente, como una más. A
veces sonríe, a veces sus pensamientos la obligan a parecer enojada. Pero no
está enojada, está viva. Y por eso siente cosas. En su mochila transporta sueños,
alegrías y algunas tragedias. Tragedias mundanas, similares a las de cualquier Muggle que la saluda por el camino. La
magia le estalla a través de los ojos y de esa inacabable paciencia con los
mortales que triunfan con variable capacidad de decisión. La Maga escucha, piensa
y habla. Cuando no habla, los Dementores de su silencio congelan la atmósfera,
envileciendo el aire, despertando soledades, negativizando cada centímetro de
positividad. Y ella lo sabe. Ella siempre sabe todo.
Y todo por culpa de tu
silencio.
Y todo por culpa de mi
constante necesidad de escucharte.
El cielo se oscurece y
el frío avanza,
pero nada estalla ni
deja de existir.
Así como el sol descansa
del día durante la noche,
tus silencios no son más
que un tranquilo complemento de tu existir.
Y cuando tu voz calla, tu eco resuena
y continúa la magia.
Los dementores se besan
las manos,
estallan y se convierten
en polvo,
al ser derrotados por
algo que suena desde el pasado
expandiéndose hacia el
presente
salvando eternidades
mudas
que se maravillan con el
Patronus de tu voz.
Salvaste al mundo.
Con tu magia salvaste mi
mundo.
Bienvenida al club.
09/08/17

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