miércoles, 16 de agosto de 2017

Tonta Niña Cursi

Que todo está escrito, que nada es casual. Que el universo trazó un camino que se extiende desde la nada hacia el infinito. No lo inventé yo, ni Coelho, ni el Papa Francisco. No lo leí en tus ojos ni me lo transmitiste a través del inconsciente en una de esas tantas madrugadas en las que te sueño. Que todo está escrito, que nada es casual, es una clásica excusa que los tontos usamos para tratar de explicar lo que no entendemos y para excusarnos ante el vacío luego de haber sido derrotados. Es una salida, una coartada, un escudo. Algo de tontos.
Los días pasan y más me convenzo de que aquello que creía que tardaría siglos en pasar, está pasando. Los astros conspiran para que el resplandor de la luna se materialice tras mi ventana cada noche. Aparecés en forma de lechuza. Alas, plumas y unos ojos inmensos sintetizan el porqué de mi paso por el mundo. Todo tiene sentido cuando reposo mis latidos en la suavidad y en la fuerza de tus alas, cuando apago las luces de mis ojos y me dejo arrastrar por la envolvente corriente de palabras carentes de sentido y de amabilidad que desplegás como muestrario del inmenso miedo que te provoca el hecho de sentir. Y no es que me crea experto en el arte de tus sentidos, pero a veces necesito darle explicación a ciertas cosas que no comprendo del todo para seguir avanzando. Porque al final de cuentas, solo de eso se trata vivir: seguir avanzando sin detenerse tanto a pensar ni a mirar para atrás. Ni enloquecer pensando en lo que pasara adelante.
El día me encontró vivo, destruido, pero vivo. La tonta niña cursi que te invade, cuando no dispara, genera luz. Luz sin estruendo, luz con calor. Luz que me asesina la cordura y obliga a mis brazos a experimentar la devastadora necesidad de abrazar. Y abrazan. Almohadas, árboles, mascotas y botellas. ¿Qué te encuentro en cada cosa que abrazo? Imposible, además de super cursi. Te encontré una vez, en el aire, en la luz, y fue definitivo. Te llame por uno de los nombres que mejor te queda, H.G., pero nada mágico sucedió. Pasaron estaciones, personas y libros. Decenas de libros que me obligaron enfocar mi desvalida atención en otros focos. Focos claros, oscuros, quemados. Pero Hermione me sacudió por los hombros y me devolvió al camino.
Hoy formás parte del club, como tantos otros seres -reales o ficticios- que llenan páginas con palabras confusas, trágicas y cargadas de ese estúpido romanticismo que me avergüenza frente a los más valientes héroes griegos. No es que me crea parte de su grupo, pero no puedo evitar soñar con sus rostros burlones ante mis tontas metáforas románticas. Vos sos la TNC, no yo.
Siempre es difícil cerrar un texto. Y más aún cuando en él lo único que se buscó fue decir cosas sin decirlas realmente. El blanco se vuelve fuego cuando las palabras se niegan a ser escritas. Corazones, cuchillos, dementores. Paseos, colectivos, libros trágicos. Cancelaciones, Patronus, una banda que nunca fue. Tonta niña cursi, otro tonto escribe por vos.

J


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