jueves, 21 de enero de 2021

Desperté y ahí estabas

 


Desperté y ahí estabas. Distante, diferente, dormida. Me alucinó ver tanta calma en tu rostro, cuando adentro mío decenas de tempestades bailaban una descontrolada melodía que una y otra vez repetía tu nombre. El real, el verdadero, el único. Ese que no esperaba, pero que sin pretenderlo lo atesoro junto a varias pertenencias de mediano valor. Y sí, vos dormís mientras yo avanzo ciego pero feliz hacia el precipicio. Ciego, feliz, con probabilidad de sensaciones de vacío hacia el fin de semana. Lo bueno dura poco, dicen. Pero ¿qué tan malo podría ser si durara más? ¿A que me refiero precisamente? ¿Qué es lo que podría durar más sin ser tan malo? Es muy difícil que una película sea buena si dura más de tres horas. Y mucho menos si se divide en varias partes que no tienen mucho que ver una con otra.

La mayoría de las veces no sé bien por qué hago lo que hago. Me gusta creer que son impulsos, pero no es del todo así. ¿Por qué estamos acá? ¿Quién arrastró a quién? Por mí quedáte a vivir. O a morir, dependiendo desde que punto de vista lo veas. No es necesario que seas del todo vos, podés elegir ser quien quieras, al fin y al cabo yo tampoco me conozco demasiado.

Desperté y ahí estabas. ¿Estabas realmente? Sí, y lo más extraño es que todavía estás. Vuelvo a la habitación y seguís ahí. Acostada, sin esfumarte como suelen hacer esos efímeros instantes de felicidad. Parece un castigo el caer una y otra vez en ese dilema de pretender averiguar cuánto cuesta la felicidad. En valor monetario es cuestión de llegar a un acuerdo, pero cuando se trata de deseo, es bastante más complicado. Es increíble como la misma situación, al final de cuentas, termina siendo tan barata y cara al mismo tempo. Que estés acá, sabiendo que te vas a ir, es un negocio que, además de no cerrarme, incomoda, molesta y duele. Pero es un dolor diferente. Es de esa clase de padecimientos a los que uno se acostumbra. Por momentos quisiera arrancarlo y mirar hacia otro lado, pero en cualquier otro lado estás, sin estarlo del todo, obviamente. Y eso es mucho más de lo que me atrevería a pedirte. ¿Hasta cuándo podría soportar tenerte y sentirte tan cerca? ¿Hasta cuándo podré aguantar el no volver a necesitarte, si teniéndote a dos metros, siento que lo mejor que podría pasarme sería que no salgas de esa cama jamás?


                                                                                                                               06/01/21

 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario