Caer me hace recordarte. Mientras ruedo por el piso, me lleno de tierra y se desgarra mi vestimenta, volvés. Con esa risa fría que me desconsertaba, y que al recordarla agradezco al cielo que ya no esté. Quizás hoy ríe para otro público, o no ríe más, o ríe distinto. Ninguna de las opciones, hoy, es de mi incumbencia. Y eso es todo lo positivo que extraigo de caer.
El invierno llegó con bombos y platillos. Tu ausencia esta vez no me sorprendió. Lo extraño, es lo contrario. Presencias distantes y certeras convierten en brisa su andar y me obligan a voltear y a perseguirlas con la mirada. Mirada más potente que la de un par de simples ojos. Las contemplo ubicándolas en un marco que define tiempo y espacio. Auras de colores me ocultan coléricos calores calculando hasta que punto mi conciencia pueda soportar. Y aguanto. La miro, me relajo. La espero, descanso. Ella viene en forma de voces con muchas caras, con muchas historias. Varias vidas conviven y ensalzan su pasivo existir. La percibo allá sentada en su trono, huyendo oculta arrasando con olas que se niegan a entregarle su complicidad. Ella brilla entre las penumbras y ante la bruma del mar sus ojos se vuelven rojos y escapan a las pautas del tiempo. Ella y su infinidad de caras, frente a mí, y a mi necesidad de encontrarla. De encontrar aunque sea una de sus tantas miradas, una de sus tantas bocas, una de sus tantas eternidades.
Con el tiempo evolucionan las almas. Se enlazan destinos, se mezclan caminos, se ordena el universo. Entre Esparta y Troya muchos héroes fueron vencidos; el deleite de los dioses fue artífice de premios y castigos para mortales que solamente nacieron para morir. ¿Cuánto vale ser recordado? ¿Cuánto vale que tu nombre se convierta en inmortal, cuando los inmortales ya te enterraron? De dónde sos, a dónde vas, por qué lo haces, es lo que realmente cuenta. Que hoy seas brisa, que por el aire se esparse sin prisa, es sólo un detalle. Una anécdota más del tiempo que te hace renacer, para luego volver a escaparte. Que seas de acá, que seas de allá, que seas de cualquier parte, son puros detalles. Lo importante es que nuevamente llegaste, y que "hoy todo vuelve a empezar, y será lo que ya fue".
03/07/16sábado, 9 de julio de 2016
lunes, 27 de junio de 2016
Desesperadamente tranquilo
Desesperadamente tranquilo, intercedo entre tu recuerdo y tu
ausencia. Juntos se potencian, estallan, martirizan sin piedad a lo
que queda de mi corazón.
Estás pero no estás siempre en todo lugar, como el aire, como el
tiempo, como Dios.
Podría vivir perfectamente sin ellos, ¿pero sin vos? También. Pero
no, se me puso que te extraño, que te necesito y que la vida no es
vida sin vos.
Te extraño mucho. El término vivir, varía mucho su significado
dependiendo de si vas camino a mi olvido, o si estás a mi lado. Acá
cerca, todo se vuelve fiesta, estruendo, magia (burdeles y orgías).
Vivir sin vos no tiene sentido, no brilla, no me deja ser (es una
mierda).
¿Por qué te digo lo que estoy diciendo? Porque estoy solo, porque
no tengo con quien hablar. Porque toda la gente me parece idiota,
porque necesito volver a perderme en tu mirar. Y tu corazón. Órgano
sucio, sangrón. Lleno de venas, ventrículos, cavidades y todas esas
cosas del sistema circulatorio que solamente le interesan a las
profesoras de biología. En ninguna entrevista de trabajo le
preguntan a uno en cuantos ventrículos está dividido el corazón.
En fin, ¿cómo puedo desear tanto ser el dueño de algo tan
horrible? Ah, claro. Los sentimientos. Sentimentalmente hablando, tu
tórax aloja al corazón más grande y puro de... de toda el área
limítrofe. El más cálido, el más tierno, el más frágil. El
único corazón por el que estaría dispuesto a entregar el mío.
Además de riñones, pulmones, hígados y cualquier otro repugnante
órgano. Si no me sirve para amarte y hacerte feliz, no me sirve para
nada. ¿O qué? ¿Mis riñones te dan felicidad? No.
¿Qué me pasa hoy? ¿Por qué me siento así? Porque te necesito
Sofía. Porque en sueños tu sonrisa me eleva y me pellizca. Se
introduce por mis ojos y me desviste sin prisa, desde adentro, desde
el sombrero hasta las zapatillas. Y yo me dejo llevar, te
convertiste en el ángel que me salvó1,
y hoy, ridículamente, lo único que me importa, sos vos. Y un poco
yo, sobretodo la parte de mí que desespera por abrazarte. Y no son
mis brazos. Es una parte que no se ve, que aunque te la explique y te
la dibuje, no la vas a entender. Podría graficarte partes de mi
anatomía que te extrañan, pero prefiero, hoy, no ser vulgar. No
tanto.
Twittea infiernos, detrás del cascarón, mientras jadea, su seudo
rebelión. Acá el problema, es que te descuidas, y la más Heidi,
parece Satanás. Se afila los colmillos, dulces de cotillón, y
exhibe en su nudillos, rudeza tiesa de cartón2.
Extrañarte me droga. Me pone loco, me delira. Enciende en mi cabeza
una chispa capaz de incendiarme la vida. Avenidas de fuego se dibujan ante mis
ojos. El fuego, tu piel... tu piel, mi piel. Mi vida... ¡cómo te
movías! ¡cómo quemabas toda la casa mientras sonreías! Que
hermosa que era la vida cuando tus piernas se enredaban con las mías.
Cuando cantábamos, cuando llorábamos, cuando le sacábamos las
pilas a los pájaros y asfixiábamos al puto viento para que deje de
soplar.
Hoy me quedan fotos, papeles con tu letra, tarjetitas con frases
chotas que te dejan en las mesas a cambio de monedas. ¿Quién
escribe esas frases? ¿El Cupido más boludo? Yo me haría millonario
si escribiera tarjetas de esas. Pero no. Se me dio por escribir
novelitas. Sí, soy el mejor pero... bah, no soy tan bueno.
Pero al menos le pongo onda. Y mato mucha gente. Eso está bueno, a
la gente le gusta que se muera otra gente, ¿o no?
Desesperadamente tranquilo, intercedo entre tu recuerdo y tu
ausencia. Juntos se potencian, estallan, martirizan sin piedad a lo
que queda de mi corazón.
Quisiera que me agarre la vejez al lado tuyo caminando, diciéndome
al oído, no me sueltes la mano. Y si me robo alguna frase de
aquellas canciones que escuchamos, lo hago para decirte,
cuanto yo te extraño. Y tengo tantas cosas por decirte no me
alcanzaría un día, quisiera que me digas, mi amor te doy mi vida3.
Por eso, por eso no te voy a dejar ir. Ya está, me encapriché. No
voy a perderte y a quedarme sentado a esperar perderme yo. Si
llegamos hasta acá, lo hicimos juntos. Admito que la mayor parte del
camino me tuviste que cargar. Vivimos tantas cosas... comimos a mas
no poder, dormimos eternidades. Cantamos tanto, y de maneras tan
espantosas... nos pervertimos. Mucho. Pero igual nos quedó mucho por
hacer. Vos si querés, andate. O seguí yéndote. Yo te amo, y te voy
a esperar. Cuando te des vuelta, yo voy a seguir estando acá4.
Como tendría que haber sido siempre. Mi amor, hace la tuya. Yo
te espero. Desesperadamente tranquilo, pero te espero.
Agosto/2015
Y al final, no fue tan trágico cerrar el libro. En un momento las
hojas parecieron hincharse, o que escupían cuchillos... pero
domarlas, dependía solamente de saber elegir. Y elegimos. Por fin,
después de tantos errores, una opción que, de no ser la correcta,
fue la mejor para todos. Larga vida a tu risa, y a tus ganas de
seguirla luchando. Tu cese el sueño de unos cuantos giles. Salud.
Junio/2016
1
¿Casualidad o causalidad? – Las pastillas del abuelo
2
Heidi – Salta la banca
3
Dejame – La Beriso
4
Magoo – Eruca Sativa
sábado, 18 de junio de 2016
Amores cobardes
Intervengo
entre la necesidad y el olvido, y me decido por un instante a simplemente
recordarte. Risas de otros tiempos me elevan y me colocan en Marte, se vuelca
el mate y me entretengo con tu voz diciéndome te lo dije.
Busco en la
penumbra destellos del abismo que de a poco es, que de a poco se dilata y se
disfraza de cariño rendido, reprimido ante las inclemencias del destino
distinto a ese que juntos soñamos. Envuelto en la música te abrazo y arraso
sobre campos de pensamientos suicidas que de tanto recordarte, te olvidan, y me
deliran como tormentas que la brisa arrastra entre comida y comida que comparto
con mi agonía, con la vida que se ríe de mí y me remarca que la prisa no es
compañera de la soledad.
Ojalá que el
desierto que te extraña, no actuara en mí como una piraña que desintegra
momentos a la espera de que la calma que exaspera por miedo a que mi condena
sea mayor que la de un simple olvido, que un insignificante volver a empezar.
Los amores
cobardes, no llegan a amores, ni a historias. Porque si de amor
se trata, toda hidalguía es permitida. Toda contienda es vencida con la
supresión de agonía, de la carencia de caricias sin malicia. Cuando se trata de
amor, la cobardía se ahoga con la rebeldía de dar siempre un poco más, esperando
lo menos posible.
Ojalá algún
día te olvide como vos te olvidaste de mí. Ojalá que la perfección de tu
sonrisa viva solamente en una canción, o en mil canciones, y que se abran de
par en par las puertas de las prisiones que me recluyen, y que tu voz y tu
aroma no sean más que rejas que rieguen de humedad distantes sitios de mi
existir. Me enredo en la necesidad de darle fin al delirio de olvidarte. Al
martirio de seguir sin vos, sin mirarte. Me miro y como distantes catástrofes
alrededor del globo, englobo pequeños momentos que mi mente arroja sobre mi
corazón ante una risa, ante cualquier risa, que me recuerda que por mí
sonreías, que por mí llegaste a decir que existías... y el cielo se cae.
Los amores
cobardes, no llegan a amores, ni a historias. Se quedan ahí1, como
recuerdo de aquello tan maravilloso que no llegó a ser. Pero que con todas las
ganas del mundo, podría haber sido.
06/12/15
Tu espacio
Sueños de
espacios distantes, me distraen mientras busco distracciones que ahoguen la
espera del pitazo final en un partido perdido desde antes de empezar.
Finalmente me embelesó tu murmullo espacial, traído a mí por el mismo viento
que tantas veces me sirvió como mensajero de caricias. Hoy ya no miro hacia el
norte, mis ojos se pierden en el firmamento nocturno contemplando distantes
estrellas, que sin tener idea acerca de mis intenciones, brillan en paz,
absorbiendo mi tiempo y calmando mi ansiedad.
Clamo en
nombre del infinito, por una estancia en tierras sin piso, sin paredes ni
techos. Ignoro a la gravedad de mi alma y me sumerjo en inmensidades constantes
que me abrazan como si fuera parte de ellas. Como si jamás nuestras existencias
hubiesen existido separadas. El tiempo no es más que una anécdota del espacio,
un pedazo de nada que pateo mientras guiado por tu voz, a ciegas, busco tus
brazos. Te abrazo en mi mente, me disfrazo de gravedad y poso sobre tu boca mis
labios. Sos tan invisible que me pierdo, que te encuentro a cada paso en la
inmensidad de tu espacio. Despacio pronuncio tu nombre, y el eco que no existe
me devuelve cada letra en forma de beso, de sonrisa, de la impetuosa necesidad
de desordenar átomos tuyos para hacerte aparecer[1]. Como en una
película de ciencia ficción, como en un confuso sueño. Hacer salir a tu reflejo
del espejo de mi porvenir, de mis deseos de que tu existencia sea real, y que
camine junto a mi. O que flote, que juntos rememos en un bote, y entre la
inmensidad de las estrellas naufragar una y otra vez hasta hacer del naufragio,
nuestro salvavidas, el mapa que guíe nuestra escapada hacia el universo más
distante de la vida.
Enredados en
mis palabras, iluminados por tu risa, vagar por universos ocultos mientras
juntos descubrimos que nuestra odisea va más allá del sentido de la tierra y de
tu estrella. Que la noche puede ser eterna si es tu risa la que marca el
camino. No desisto, no me dejo vencer ni por la inmensidad ni por el frío.
Una noche
más, a través de la ventana, una y otra vez repito tu nombre, intentando con mi
voz llegar hasta donde te escondés. Hasta donde me esperás. Hasta desde donde
algún día, abrazados, contaremos estrellas.
12/12/15
miércoles, 15 de junio de 2016
Arquero con guantes de latex
El mundo gira
estúpido, como siempre. No sabe girar de otra manera. A veces se la cree, y nos
la hace creer a nosotros. Que todo está
en orden, que no podría ser mejor, que es como tiene que ser. Todo tiene
sentido, porque estaba escrito, porque el mundo es lo que es.
El mundo rebalso en
estupidez cuando envió con el viento hasta tu puerta a una estrella sin luz.
Pensaste que eran de las que se enchufaban, o de las que se regaban, pero no.
El mundo te envió un desafío en forma de dolor, de procedimientos quirúrgicos y
de esperanza. De verdad, mundo, ¿así tenía que ser?
Las ruedas de las
bicicletas se gastaron de tantas vueltas a la manzana que dábamos jugando al
rally. Siempre ganaba yo, con trampa la mayoría de las veces. De aquel tiempo,
lo que más grabado me quedó, fue el día en el que al tocar la rueda de atrás de
tu bicicleta con la delantera de la mía, giré dando una vuelta por encima tuyo
y caí adelante, sin perder el equilibrio. Pareció un efecto extraído de la
película Matrix, pero fue real. Nadie nos creyó. A veces dudé acerca de la
veracidad del incidente... Pero es imposible que no haya sido real.
Entré
a la sala y te encontré quieto, ni dormido ni despierto. Nunca antes te había
visto tan grande, tan inmenso. Casi que no cabías en la cama, ni en la
habitación, ni en el sanatorio completo. Luego de la sorpresa seguida de la
duda, supe que la causa no eran ni los pebetitos
ni las gaseosas. Eras vos, y ese espíritu inmenso que intentas ocultar debajo
de la bata blanca. Vos y tus ideales que vaya a saber uno de donde los sacaste,
quién te los dio, o por qué te empeñas en ocultar. Porque lo haces. Aunque muy
mal. Todos sabemos que, a pesar de aparentar ser el tipo más bueno del mundo,
sos mucho más de lo que pareces. No tiene mucho sentido, pero lo veo y lo
siento así. Sobre todo lo siento. Desde la noche del domingo, en la que no pude
dormir ni un minuto, siento muchas cosas que no sabía que estaban en mí. Miedos
extraños, sentimientos confusos, y la inmensa necesidad de volver el tiempo
atrás. Diez, quince, veinte años atrás. Y empezar de nuevo. Avanzar como lo
hicimos hasta cierto punto y tratar de que el tiempo no se interponga esta vez.
Cuándo nos separó, en que momento y a través de que artilugio maldito, no lo
sé. A pesar de repensarlo y de hallar ciertos indicios, la respuesta no es para
nada esclarecedora. Estábamos a la par, y cuando me di cuenta, uno de los dos
había cruzado la vereda. Quien de los dos lo hizo, no lo sé. Y mucho no me
interesaría, si tan solo lo pudiésemos reparar. Pero primero arreglate la
cabeza. Hacéle fosforito al mundo y seguí demostrando que si te lo proponés, lo
lográs. Como hiciste con cada cosa que emprendiste. Nunca me molesto ser el
hermano del chico enfermero. Suena y se siente bien. Cuando seas el chico
doctor, quizás suene mejor, pero lo importante y más valiosos de esa vistosa
forma de referirse a mi persona, radica en la primera parte. El hermano. Germanus, en latín, que comparte raíz
con germen (geno). El germen, el
hermano, es lo verdadero. Lo exacto. Eso que una vez que se origina, ya no
puede dejar de ser por nada del mundo. Lo que realmente vale y le da sentido a
las cosas.
Todos sabemos que de
esta vas a salir. Está escrito en tu historia, en tu entrega, en tu manera de
encarar a la estupidez del mundo. Igualmente, si en pleno partido se te cae el
arco encima y quedás atrapado por la red, como aquella vez en Costa Sacate, no
te desesperes. Por un lado, con el arco caído, es bastante difícil que te hagan
goles. Y por otro, sabés que al rededor tenés a un montón de gente para
ayudarte a que te pongas de pie, así podés seguir haciendo lo que te gusta.
Atajar, ayudar a los demás, jugar con los perros, mirar a House. Cualquier
persona que te conozca no tendría ningún problema en pararse en la barrera y
recibir el pelotazo por vos. Igualmente, si la pelota pasa, aunque hoy atajes con guantes de latex, tu
arco siempre está seguro. Y no sería para nada sorprendente que, cada tanto,
desde tu arco, envíes la pelota a la red del arco del frente.
Finalmente, algo bueno
hizo el mundo. Nos puso a jugar en el mismo equipo.
15-07-16
domingo, 5 de junio de 2016
Los demonios de tu risa
Me despierto y todo sigue igual. La almohada en el piso, la ventana
abierta, y los retorcidos pájaros felices, como si no fuera domingo.
La mañana se muere en un suspiro, ya que el mediodía se presenta
sin invitación después de qué, según mi existir, desde la noche
ni media hora pude dormir.
¿Hay algo que tenga menos sentido que un domingo a las dos de la
tarde? Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno... domingo,
dos de la tarde. Es esta la mejor de las incoherencias de Dios. Una
tortuga ciega, coja y boluda carga sobre sus espaldas a la pesada
tarde. Mientras avanza como si retrocediera, me comenta que alguien
le contó que en el concurso de longitudes, la altanera tarde de
domingo, a la mismísima muralla china venció. No logro salir de mi
asombro hasta que el sol se esconde.
Llega la noche y de a poco empiezo a odiar al lunes. Pero antes de
que ese bendito día a todos nos abrume, después de cenar, me
dispongo a soñar. Y en sueños me persiguen los demonios de tu risa,
que en otras épocas me incendiaban la vida y me hacían creer que
más allá de todo, siempre había más. Que el cielo no era techo,
sino la próxima parada, un simple descanso para recargar energías
y, con más fuerza, poder avanzar. Hacia el espacio, hacia otros
firmamentos más puros y celestes. Volar juntos de la mano hacia
sitios distintos, creados por alguien, alguna vez, sólo para
nosotros.
Cuando la magia se convierte en recuerdo, no tiene tanto valor.
Intentar olvidar es convertirse en asesino serial del tiempo. Sin
armas, pero con resentimiento, todo se contamina, se debilita, la
magia se convierte en hielo y ya no te entibia.
Cuando una historia se acaba, ¿de qué sirven los recuerdos? Los
malos, nos consuelan, tratan de convencernos de que lo mejor que
podría haber pasado, fue el final. ¿Y los buenos? ¿No
llores porque terminó, sonríe porque sucedió? No. A las
frases de sobrecitos de azúcar jamás las tomaría en serio por más
que sean proverbios árabes, chinos o aztecas. Recordar una historia
terminada, quizás te sirva para no volver a cometer los mismos
errores, para no confiar tanto en la gente, para pensarlo más antes
de darle tus contraseñas a cualquiera. ¿Realmente sirve para estar
prevenidos? No, para nada. A la próxima, además de la contraseña
de las redes sociales, le damos la clave del cajero automático, y
hasta una extensión de la tarjeta de crédito, por no mencionar que
nos hacemos los duros, al principio, pero al final terminamos
arrastrándonos suplicando que no nos nieguen su amor. ¿De verdad
somos tan así? Lamento decirte que no. No somos tan así. Me estoy
quedando corto.
Pero bueno, no todo en la vida tiene que ser perfecto. Si sufro por
amor, quizás la recompensa venga por otro lado, ¿o no? Sin tu risa,
no hay demonios. Sin vos, puedo seguir perfectamente siendo yo. O
mejor que yo.
Paz.
31/01/16
miércoles, 1 de junio de 2016
Nueva Ley Olimpica
Energía romántica estancada por siglos, rebalsó de locura tu
existir y el mío. Desintegró soledades ocultas entre rostros
camaradas ante la luz, pero vacíos ante necesidades básicas y/o
típicas del compañerismo. Perecimos abrasados dentro de un
erupcionado volcán asesino de espíritus individuales. Nos fundimos
en uno, nos elevamos y fuimos millones. Nos esparcimos por el cielo y
por la tierra, haciendo de cada paso, una nueva flor, un nuevo
suspiro. Buscamos bajo las piedras y entre las hojas de los árboles
motivos y razones que ayuden a entender semejante idilio. Nos
atrevimos a enfrentarnos a nosotros mismos con el fin de entendernos,
de verificar la veracidad acerca de los extasiadores hechos, y así
confirmar que lo sucedido existió más allá del plano onírico. Y
así fue.
No te soñé ni me soñaste. No te imaginé ni me imaginaste. Te
acaricié y me acariciaste. Desfallecí cada vez que me miraste.
Contemplé el transitar de tu existir sobre un cielo colmado de
miedos, de culpas y de curiosidad. Quise vencer, pero nunca antes fui
tan vencido como cuando tu piel decidió hacer digna a mi piel. Como
cuando tu alma, enredada en la mía, ascendió más allá del
infinito eterno de la vida y promulgó una nueva ley olímpica que
establecía que, desde ese día, el cielo y el infierno serían
solamente uno, y que deberían coexistir entre tus pechos y el mío.
Entre tu espalda y mi vientre. Entre tu mar y mi desierto.
Luego de la sesión extraordinaria del comité existencialista, la
dicha, esparcida por la brisa, comenzó a quejarse, y a encontrar
puntos poco nobles a nuestra inacción, producida por la efervescente
acción de convertir en piel, deseos, energía y amor. Las miradas
tiernas decidieron no enternecerse más. La impoluta desnudes, sintió
pavor por su ignominiosa honradez, y de impávidos harapos se cubrió,
congelando el volcán, asesinando a la magia, devolviéndonos a la
realidad.
El río, el viento. El puente amenazando acusar con algún transeúnte
nuestra insolencia. La tarde se moría. Entre nuestras ropas la arena
nos recorría. El día no daba para más.
30/11/15
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