domingo, 27 de agosto de 2017

Cómo ser un gran escritor, por Charles Bukowski

Tienes que tirarte a muchas mujeres
bellas mujeres, y escribir unos pocos poemas
de amor decentes
y no te preocupes por la edad
y los nuevos talentos.
Solo toma más cerveza, más y más cerveza.
Anda al hipódromo por lo menos una vez
a la semana
y gana
si es posible.
Aprender a ganar es difícil,
cualquier pendejo puede ser un buen perdedor.
Y no olvides tu Brahms,
tu Bach
y tu cerveza.
No te exijas.
Duerme hasta el mediodía.
Evita las tarjetas de crédito
o pagar cualquier cosa en término.
Acuérdate de que no hay un pedazo de culo
en este mundo que valga más de 50 dólares
(en 1977).
Y si tienes capacidad de amar
ámate a ti mismo primero
pero siempre sé consciente
de la posibilidad
de la total derrota
ya sea por buenas o malas razones.
Un sabor temprano de la muerte
no es necesariamente una mala cosa.
Quédate afuera de las iglesias
y los bares y los museos
y como las arañas,
sé paciente,
el tiempo es la cruz de todos.
Más
el exilio
la derrota
la traición
toda esa basura.
Quédate con la cerveza,
la cerveza es continua sangre.
Una amante continua.
Agarra una buena máquina de escribir
y mientras los pasos van y vienen
más allá de tu ventana
dale duro a esa cosa,
dale duro.
Haz de eso una pelea de peso pesado.
Haz como el toro en la primer embestida.
Y recuerda a los perros viejos,
que pelearon tan bien:
Hemingway, Celine,
Dostoyevski, Hamsun.
Si crees que no se volvieron locos
en habitaciones minúsculas
como te está pasando a ti ahora,
sin mujeres sin comida
sin esperanza…
entonces no estás listo
toma más cerveza.
Hay tiempo.
Y si no hay,
está bien

igual.

Las cosas que sueño


El estado de las cosas reales, suele diferir de maneras extremas cuando se materializan en el plano onírico. Cambian los espacios, se funden unos con otros. Las personas pueden cambiar su fisonomía, sus nombres, o sus sentimientos. Todo puede ser de la misma estúpida manera en que puede dejar de serlo. Últimamente mis sueños han sido demasiado potentes, cargados de una intensidad a la que no estoy acostumbrado. Es que siempre mis sueños se caracterizaron por el aburrimiento y las cosas que se caen. Objetos, personas, todo siempre se caía.
Todo cambió cuando ella intercedió entre el sueño y la vigilia convirtiendo a mi existir en un plano azul incapaz de unirse completamente a lo onírico o a la realidad. Llegó desde el pasado para convertir mi presente en una breve estadía soleada en medio del deshielo. Y me aferré a lo que mi corazón me dijo que podría ser una buena opción. Qué bien que me cae la gente que no escucha a su propio corazón. Espero caerle tan mal como me caería a mí mismo si yo estuviese de su lado. 
Las cosas que sueño ya no me gustan. Mientras duermo, las más grandes utopías se materializan frente a mis pasos haciéndome creer lo maravilloso de las cosas que brillan. Y floto entre ellas como un estúpido globo sabiendo que en algún momento me van a reventar. Pero sigo flotando, entre besos y abrazos falsos, entre miradas ciegas que parecen mirar, pero que no miran. No me miran ni me miraran. Y ella es parte del sueño. Es ella ese y todos los sueños en los que vuelo hasta el cielo y de repente estalló y amanezco recostado sobre una cama dura, fría e inmensa. El problema no es la cama, es ella y su voz, su risa, su pelo y sus manos. Jamás pensé en su boca hasta el último sueño. Desperté y el beso se convirtió en grito que inundó la habitación y solo a mí llegó a aturdirme. Como siempre.
De ella sé que vivirá en mis sueños quien sabe por cuanto tiempo. Quizás asesinando en alguna historia pueda volver a mis sueños de antes, en donde todo era gris y se caía. De su persona no onírica, quizás prefiero no saber. Duele menos cuando no se sabe. Y si tiene que doler, mejor que duela hoy, que es domingo, o el martes, y que se adelante el abismo. El tiempo es relativo e cuestiones de olvido, así que no debo desesperar. La magia no pude durar para siempre.


27\08\17

miércoles, 16 de agosto de 2017

Tonta Niña Cursi

Que todo está escrito, que nada es casual. Que el universo trazó un camino que se extiende desde la nada hacia el infinito. No lo inventé yo, ni Coelho, ni el Papa Francisco. No lo leí en tus ojos ni me lo transmitiste a través del inconsciente en una de esas tantas madrugadas en las que te sueño. Que todo está escrito, que nada es casual, es una clásica excusa que los tontos usamos para tratar de explicar lo que no entendemos y para excusarnos ante el vacío luego de haber sido derrotados. Es una salida, una coartada, un escudo. Algo de tontos.
Los días pasan y más me convenzo de que aquello que creía que tardaría siglos en pasar, está pasando. Los astros conspiran para que el resplandor de la luna se materialice tras mi ventana cada noche. Aparecés en forma de lechuza. Alas, plumas y unos ojos inmensos sintetizan el porqué de mi paso por el mundo. Todo tiene sentido cuando reposo mis latidos en la suavidad y en la fuerza de tus alas, cuando apago las luces de mis ojos y me dejo arrastrar por la envolvente corriente de palabras carentes de sentido y de amabilidad que desplegás como muestrario del inmenso miedo que te provoca el hecho de sentir. Y no es que me crea experto en el arte de tus sentidos, pero a veces necesito darle explicación a ciertas cosas que no comprendo del todo para seguir avanzando. Porque al final de cuentas, solo de eso se trata vivir: seguir avanzando sin detenerse tanto a pensar ni a mirar para atrás. Ni enloquecer pensando en lo que pasara adelante.
El día me encontró vivo, destruido, pero vivo. La tonta niña cursi que te invade, cuando no dispara, genera luz. Luz sin estruendo, luz con calor. Luz que me asesina la cordura y obliga a mis brazos a experimentar la devastadora necesidad de abrazar. Y abrazan. Almohadas, árboles, mascotas y botellas. ¿Qué te encuentro en cada cosa que abrazo? Imposible, además de super cursi. Te encontré una vez, en el aire, en la luz, y fue definitivo. Te llame por uno de los nombres que mejor te queda, H.G., pero nada mágico sucedió. Pasaron estaciones, personas y libros. Decenas de libros que me obligaron enfocar mi desvalida atención en otros focos. Focos claros, oscuros, quemados. Pero Hermione me sacudió por los hombros y me devolvió al camino.
Hoy formás parte del club, como tantos otros seres -reales o ficticios- que llenan páginas con palabras confusas, trágicas y cargadas de ese estúpido romanticismo que me avergüenza frente a los más valientes héroes griegos. No es que me crea parte de su grupo, pero no puedo evitar soñar con sus rostros burlones ante mis tontas metáforas románticas. Vos sos la TNC, no yo.
Siempre es difícil cerrar un texto. Y más aún cuando en él lo único que se buscó fue decir cosas sin decirlas realmente. El blanco se vuelve fuego cuando las palabras se niegan a ser escritas. Corazones, cuchillos, dementores. Paseos, colectivos, libros trágicos. Cancelaciones, Patronus, una banda que nunca fue. Tonta niña cursi, otro tonto escribe por vos.

J


miércoles, 9 de agosto de 2017

Los Dementores de tu silencio

El tiempo se escondió durante siglos
a la espera del momento indicado
en el que el universo debía estallar.
Entre las luces del cielo
decenas de sombras se muestran ocultas
en la ausencia de tu voz,
en la plenitud de tu silencio.
El frío y la oscuridad escapan tras cada suspiro,
mientras montañas de esperanza
se desvanecen hasta desaparecer.
Parece que nada tiene sentido
cuando la negatividad de los polos se convierte en lava
y arrasa con joviales existíres
exentos de la noción de luchar.
Y todo por culpa de tu silencio.

Antiguamente, cuando algo no tenía sentido, reinaba la costumbre de aceptar cada cosa como caía del cielo. Los astros siempre habían estado en su sitio. El viento soplaba porque esa era su función. Cuando algo desaparecía, jamás había existido. El tiempo pasó, quienes antes estaban, dejaron de estar. Cíclicamente las tragedias y las buenaventuras siguieron sucediéndose e interpretándose de diversas maneras.
La magia siempre fue magia, pero su materia fue transformándose, cambiando de cuerpo como un caracol que cambia de caparazón. Estuvo primero en seres eternos que mezclaban sustancias y hacían bailar al fuego. Escobas voladoras, varitas y objetos mágicos fueron elementos primordiales para su expansión. Hoy la magia se volvió invisible e inmaterial, sin leyes que regulen su práctica ni Ministerios que condenen su indebida ejecución. Los magos ya no presumen sus poderes, pero tampoco se esconden en sus guaridas.
La Maga camina entre la gente, como una más. A veces sonríe, a veces sus pensamientos la obligan a parecer enojada. Pero no está enojada, está viva. Y por eso siente cosas. En su mochila transporta sueños, alegrías y algunas tragedias. Tragedias mundanas, similares a las de cualquier Muggle que la saluda por el camino. La magia le estalla a través de los ojos y de esa inacabable paciencia con los mortales que triunfan con variable capacidad de decisión. La Maga escucha, piensa y habla. Cuando no habla, los Dementores de su silencio congelan la atmósfera, envileciendo el aire, despertando soledades, negativizando cada centímetro de positividad. Y ella lo sabe. Ella siempre sabe todo.

Y todo por culpa de tu silencio.
Y todo por culpa de mi constante necesidad de escucharte.
El cielo se oscurece y el frío avanza,
pero nada estalla ni deja de existir.
Así como el sol descansa del día durante la noche,
tus silencios no son más que un tranquilo complemento de tu existir.
Y cuando tu voz calla, tu eco resuena
y continúa la magia.
Los dementores se besan las manos,
estallan y se convierten en polvo,
al ser derrotados por algo que suena desde el pasado
expandiéndose hacia el presente
salvando eternidades mudas
que se maravillan con el Patronus de tu voz.
Salvaste al mundo.
Con tu magia salvaste mi mundo.
Bienvenida al club.

09/08/17

sábado, 5 de agosto de 2017

Silenciosa pasión

Belén y la música. Belén y el pan casero. Belén y el mate y el termo y la ventana que me avisa que el sol se está muriendo. ¿Cómo se verá al dormir? ¿Cómo se verá al despertar? No es constante, pero cuando aparece su presencia desbarata emocionalmente mi pobre existir. Ella no sabe que existo. Lo sabe, pero no hay nada que ignore más que mis pensamientos hacia ella. De a ratos el amor que siento hacia su persona es más fuerte que todo lo que sentí hasta hoy, pero solo de a ratos. La mayor parte del tiempo no existe. O existe, pero del mismo modo en que existo para ella.
Belén y Shakespeare y Ovidio y los sintagmas. Hace meses que mis ojos no se maravillan con su andar. ¿Será que acaso se pregunta por ese ser con el que cada tanto se cruzaba? ¿Me busca? ¿Transitará los mismos caminos esperando encontrarme? No sé qué desayuna, ni a qué hora prefiere almorzar. Tengo entendido que hablamos el mismo idioma, pero no logro recordar como sonaba su voz. Belén, su nombre, y esa sonrisa dormida que me deslumbra cada tanto en los mejores sueños, son algo que aunque quiera, o no, me acompañan cada vez que un rayo de sol me pega en la cara. Su pelo, el rubio natural y el negro artificial que la destacan del resto de los mortales. Sus ojos claros, ella en su total plenitud. Plenitud. ¿Qué la hará sentir bien? ¿Qué cosas la harán llorar?
Acepto con total hidalguía el hecho de saber que jamás sabré cuál es su color favorito, o el nombre de su primera mascota. Acepto adorarla como a la diosa que es, como a la musa que le da sentido a los más sentidos versos.  Acepto qué, antes que nada, mi mayor necesidad es su existir y esta distancia. ¿Sería tan ideal si supiera mi nombre, si conociera sus secretos, si compartiéramos algo más que esta silenciosa pasión? Porque una pasión no necesita de los besos ni del calor de dos cuerpos pereciendo tras el abrazo que los aleja. No necesita más que latidos, misterio, y la promesa de que el encuentro puede ser tan real como jamás existir.

03/08/17


jueves, 27 de julio de 2017

Desencuentros extraordinarios


Encontrarte y que me encuentres, es lo que pedí cada vez que una estrella fugaz iluminaba el cielo.  Estabas a mi lado, estabas en otro tiempo, encontrarte y que me encuentres fue siempre mi mayor anhelo. Y no me arrepiento de haberte confundido en otras caras, en otros besos y en otras historias. Estuviste siempre hasta que dejaste de estar, mientras yo me quedé sentado a la espera de que una nueva confusión momentánea incendie mi espíritu y me acompañe al caminar. Inconscientemente siempre supe cuando una historia terminaría en desencuentro. Algunas veces sentí un terror inmenso cuando el tiempo pasaba y todo marchaba bien, pero el día menos pensado -y al mismo tiempo más esperado- ¡zas!. Otro final. Otro desencuentro. Otro dolor.
Porque me doliste en cada historia, en cada nuevo encuentro el destierro se ocultaba tras tu mirada que destellaba paz. A veces tu ojos eran claros, grandes y redondos; otras veces pequeños, chinos y oscuros. Pero siempre eras vos y ese calor que derretía el universo y me dejaba desnudo de mis glorias y de mis bajezas, de mis ganas de abrazarte o de pelearte hasta no dar más. Pero te fuiste. Siempre te fuiste y volviste sin terminar nunca de escapar. Nunca eras la misma, pero siempre eras vos ante mí, ante la devastadora realidad de que todo volvería a suceder. ¿Destino? ¿Castigo? Ni siquiera puedo darte un nombre, mucho menos bautizar a la eternidad que me golpea en el rostro con el vaivén de tu pelo cuando te marchas. Cuando te escapas. Cuando decidís que es tiempo de abrazarnos al abismo y caer hasta reventar. Caer una vez más.
Desencuentros extraordinarios y eternamente repetitivos abundan en mi historia, en la tuya y en la del mundo. Mudo el tiempo avanza y retrocede transformando cada dolor en la antesala de uno mayor y peor organizado. Escapate. Escapate conmigo y ayudame a desenterrar la clave para sortear el abismo. Nuestro abismo. Acepto que ninguna estrella te bajará desde el espacio para mí. Acepto que no puedo vivir tan solo de los besos que en sueños me das. Acepto que aceptar que mi existir no depende pura y exclusivamente de encontrarte una y otra vez cada vez que desapareces, es el primer paso para dejar de lado los desencuentros y, al fin, encontrarme conmigo mismo. 


27\07\17

sábado, 27 de mayo de 2017

Lo que vive a pesar de no estar vivo

Es una escalera, una llave, una linterna. Una espada, un refugio, una bandera.
Reposa a la espera del momento de actuar, pero no es un actor. Hay quienes dicen que está en peligro de extinción, aunque no es ni una planta ni un animal. Y claro, si no está vivo, dirá un amante de la televisión. No come, no camina, pero tanta vida aloja su interior, que si fuera un lugar, sería el universo. Muchos universos alojados en los cuerpos de los miembros de su especie. Si, especie de algo que no come, que no camina, pero que vuela y te lleva a volar. Porque sin ser avión tiene alas que aletean elevando nubes de polvo de conocimiento y de aventura y de misterio y de pasión y de todo aquello capaz de movilizar los sentidos de los vivos y resucitar aquellos de los que se quieren morir. Él no muere, y no porque no esté vivo. No muere porque es atemporal, porque su carne está compuesta por fragmentos de almas que sucumbieron en diversos tiempos y en todos los espacios. No es una piedra ni una daga, pero si lo dejás, de un solo golpe, te abre la cabeza y el corazón.
Hace unos días lo entrevistaron para que dé su opinión acerca de cosas.
_ Señor don Libro, ¿es usted consciente de que hasta lo no vivo puede dejar de vivir? -consultó el reportero, y don Libro respondió:
_ Soy muy consciente de que lo no vivo, al dejar de vivir, vive. Y lo importante es eso, sentirte vivo a pesar de que no te dejen vivir, y de que no crean que estés vivo.

El reportero asintió, cerró el libro y volvió a colocarlo en el estante de la gran biblioteca. Tres años después volvió a tomarlo. Sus hojas estaban más amarillas y olía a humedad. Está más muerto que antes, pensó el reportero, sin reparar en que las historias que dormían en sus páginas estaban más vivas que nunca.