viernes, 9 de diciembre de 2016

Tragicomedia romántica


Destellos azules interrumpen la calma de un viernes con cara de domingo. La música, el sol, la lluvia que no se anima a instalarse… y vos. Desde allá, desde donde no te veo, desde donde no me recordás. Desde un sitio tan similar al olvido que te resguarda del abismo de mi mirada y que me protege de la inmortalidad de tu risa.
De a poco se me acaban las excusas para no olvidarte. Tu voz, tu perfume, tu forma de mirar… todo lo que me hacía volar, hoy voló y me dejó la boca con un sabor extraño que me cuesta mucho describir. ¿Así sabrá el olvido, la superación, el desinterés? ¿En eso se convertirán los grandes amores cuando nadie los ama? Tantos despojos lo llevan a uno a pensar si valió la pena haber vivido todo lo que se vivió. La felicidad, la entrega, la siempre tan larga agonía al final de las cosas… y no lo entiendo. El resultado de cada delirio resulta fastidioso y aburrido. Ya no me da para caer en eso de que de todo se aprende, que todo pasa por algo. ¿En tan poca cosa se basa el vivir? Primero todo bien, después más o menos, drama, tragedia, calma, tranquilidad. Principio, nudo y desenlace una y otra vez hasta que de tanto girar la rueda del destino se salga de su eje y rodando se pierda en el infinito. Muerte. Al final del camino siempre está la muerte. Para vos, para mí, para quien te quiso, para quien te traicionó, para quien no te dio ni la hora, para quien te dejó tres horas plantada.
Los destellos azules no existen. Fueron una excusa para iniciar de manera poética algo que sabía que iba a terminar mal. Como cuando me preguntaste sí quería ser tu amigo. ¿Con qué necesidad? ¿Con que necesidad me esfuerzo en revolver algo que ya no tiene ni forma ni color? Ya no quedan ni pensamientos, ni recuerdos ni palabras. Me duele el alma de tanto aburrimiento al intentar forzar algo que nunca tuvo fuerza, ni calor. Algo que solo vivió dentro de un espejo que tuvimos que romper para ser libres. Quien aventó la piedra al final, no es importante. Si lo rompiste a patadas, si lo destruí a cabezazos para no estallar, es como el beso bajo la lluvia al final de la comedia romántica: totalmente estúpido e innecesario. Hoy la distancia nos hace libres y el olvido nos brinda nuevas oportunidades. Oportunidades buenas, aburridas, destinadas al fracaso, pero oportunidades al fin. Fin. Nuestra tragicomedia romántica se extinguió. La última copia que quedaba la cambié por una hoja de papel en blanco y un lápiz nuevo. Por suerte el lápiz tiene goma, con la cual pienso borrar tu nombre y, sí alguna vez paso frente a tu casa, arrojarla con mucha fuerza contra tu ventana. No por maldad, rencor o vandalismo, sino para darte motivos acerca de que todo lo malo que pasa en el mundo es culpa mía. Y que así sigas creyendo que tenés razón, para que cuando vuelvas a equivocarte, aunque sea invadida por la bronca, vuelvas a pensar en mí.


09-12-16

Noches cobardes


En noches cobardes que me incitan a recordarla, escapo de su risa, que desde el cielo sonríe distante. Despliega sus alas y velozmente desciende hacia el abismo del que intento huir. Su llegada convierte en tortura al simple infortunio que padezco como antesala del fin. Mis buenas intenciones caducan frente a su descomunal artillería de venganza. Mis estrategias no tienen forma, no tienen cara. Su risa es el vil instrumento del destino que el pasado utiliza para cobrarse partidas en las que aposté todo sabiendo que lo único que conseguiría serían toneladas de nada. Porque ni siquiera era un vacío para llenar. Era nada, abismal y cruelmente nada. Esa que al mismo tiempo puede ser el fuego que te quema y el hielo que te congela. El aire que te falta, el abismo que te espanta, ese reflejo que a través del espejo te dice que estás muerto y que ya no vale resucitar. Que no tiene sentido.
Ella gira sobre mi cabeza. Del movimiento de sus alas surgen huracanes que elevan mis penas hasta el firmamento que me castiga. Soy mi propia victima, el victimario de las horas que cada noche me aniquilan apuñalando cada espacio de mi ser con caricias de besos de esa boca que cuando reía me hacía creer en mí. Y en ella. E introducía en mi alma la necesidad de nunca jamás dejarla ir. Estaba todo planeado de antemano. El amor, la desdicha, el huracán, la ausencia de su risa. Esta noche tenebrosa que se repetirá hasta el fin de mis días como acreedora de todos los sueños que enterré esa tarde en la que le dije adiós. Esa tarde en qué, con la excusa de pensar en mí, olvidé completamente mi propio existir. Y me quedé en la tierra. Hundiéndome y pensando en ella, mientras el verdugo infinito del tiempo programaba su agenda para nunca más dejarme de torturar con la imagen de su espalda dejándome atrás. ¿En qué pensaba ella mientras se marchaba? ¿En que pensaba yo cuando la dejé ir?      


02/10/16

sábado, 3 de diciembre de 2016

Guerra contra la paz


El barrio se hizo silencio, y el silencio se hizo paz. Avancé entre los escombros como quien busca renacer, como quien busca olvidar. Después de una guerra, la paz te alivia tanto como te aburre. Como te enferma. Al comprender que la enfermedad es también la cura, todo recupera su sentido. Aunque abunde el vacío, aunque sea tanto el silencio que se confunda con el ruido, el alma perdida se te escapa como arena y contamina al viento mientras juega a poseer una libertad que no le pertenece, que la contamina, pero que por nada del mundo va a dejar escapar. 
Siento pedazos de sueños flotar en mi aire interior. Como en una cápsula espacial, que vaga por infinitos abismos imposibles de percibir. Sueños que no soñé, sueños que cumplí, sueños que perdí, inflaman mi espíritu y me convierten en globo. Un globo sin aire, que flota pero no respira; que grita, pero que nadie lo escucha. ¿Y si estallo? ¿Y si arrojo mis sueños a la superficie que me envuelve sin saber que estoy? 
El barrio se hizo silencio, y el silencio se hizo paz. Esa paz de cementerio que me estruja el alma y me llena de frío el cuerpo. Ni el sol me acompaña, cuando en cada esquina las penumbras me asaltan. Me preguntan por vos, por tu pelo, por esa risa que inmovilizaba hasta al mismísimo viento, por esos besos que sobre mi piel dieron a luz inmensos universos. Y no sé que responder, no sé que pensar. Sí ellas aún te recuerdan, ¿será posible que algún día te pueda olvidar? Y tampoco mi pregunta respondo. Respiro hondo solo para ganar tiempo, para no perder la calma. Y la paz del ambiente se traslada hasta mi alma, convirtiendo en titánica a la desbordante confusión. Tanta paz duele, hace mal. Altera mis sentidos y me hunde cada vez más. Prefiero mil infiernos entre tu cuerpo y mi cuerpo, que la sepulcral paz que me invade desde que no estás. Y no exagero. Prefiero morir, solo, y ciego, a vivir eternamente acompañado por la sombra de tu recuerdo. 
Tanta calma desespera. Cien mil estrellas que resplandecen, solo para recordarme que su muerte está más próxima a cada instante. Que yo también me puedo apagar en cualquier momento. Que el tiempo vuela, que ni la desgracia es eterna. Y me vuelvo a aburrir. Saber que hasta la inmensidad tiene un punto final, que aunque recemos o invoquemos divinidades, todo termina en oscuridad... todo se diluye, se esparce y se convierte en polvo. Como el barrio. 
Camino en círculos y enciendo luces. Mis manos se juntan en posición de oración tratando de omitir excusas profanas. Te invoco, invoco con mil plegarias al febrero que alguna vez hasta mí te trajo. Le prometo vientos que extingan humedades, paraguas para la lluvia y menos calor. Le prometo a quien alguna vez fuiste, priorizarte ante mí y antes mis ganas de guerrear. De guerrearte y demostrarte quien puede más. Te entrego mis armas, mis banderas y mis libros de estrategias. Si estoy solo, la paz no me sirve. Si estoy con vos, no quiero guerra. 
Hoy el mundo está al revés y me obliga a entrar en guerra contra la paz. No me hallo ni te encuentro en esta tempestad. Vacío, pero lleno de vos. Bordeando con mis pies el oscuro abismo, la tentación de saltar se convierte en posibilidad de alivio. ¿Cuánta paz necesito para saltar? ¿Cuánta paz necesito para no caer? Toda la paz que me diste, la cambio por no existir, por no dejarte ir, por esperarte una vez más en la esquina, y abrazarte, ignorando que siempre, al final del sueño, como viniste, te volvés a ir.

18/07/16






jueves, 24 de noviembre de 2016

Tan culpable como yo

Inmune a tus influencias, a tu egoísmo enfrento enarbolando una bandera gris. Gris oscura, casi negra, que oscureció de tanto contemplarte. No la viste. No me viste plantado frente a tu casa, con ansias de apagar el fuego, de detener el temblor. Tu casa y tu mirada se convirtieron en mi karma. Perdí la calma y perdí todo.
Te fallé tantas veces al jurarte que nuestro amor era para siempre. Las estrellas que colgué sobre tu cielo cayeron a prisa y formaron sobre la superficie cráteres imposibles de rellenar. La lluvia los inundó. Vos no sabés nadar, yo olvidé mis clases. En náufragos espaciales nos convirtió tu ego. Mi alma se estrelló contra el muro de tu indiferencia y colapsó la falsa armonía que sin ganas nos envolvía y nos obligaba a creer sin crecer, sin entender, sin permitirnos ser. Nos engañamos para pasar el tiempo, porque creímos que no existía mejor ni peor. Nos acostumbramos a pasar la bomba de una mano a otra, sin prisa, sin pausa, sin darnos cuenta de que sin importar que explote en vos, o explote en mí, en escombros nos convertiríamos los dos.
Fuiste tan culpable como yo. Quizás te dolió menos, pero al menos, yo no tuve que explicar nada a nadie más que a mí mismo. Y entendí. Finalmente, después de siglos, entendí. Y no me arrepiento de nada. Gané. Y que yo haya salido victorioso, no significa que hayas sido derrotada. Cada uno es arbitro y juez de sus desgracias. Hoy todo es distinto. Y más que entendimiento, el tiempo me llevó a aprender. No puedes derivarme, mi vida vale más que este sol, que por igual alumbra a los dos. Y tanto de vos, como de mí, depende que siempre sea así.

09-07-16

domingo, 16 de octubre de 2016

Mi excusa para volver

Ella tiene una manera de abrazar diferente a todas las que conozco. Sí, extiende sus brazos y me rodea como haría cualquier persona en el acto de abrazar, pero... pero es distinta. Al abrazarme me envuelve con sus brazos y con el resto de su cuerpo, de su historia y con su inmensa alma. Existe en mi corazón desde hace siglos, pero hace muy pocos suspiros que mis ojos la descubrieron y que de su nombre mis pensamientos hicieron un coro ensordecedor. De tan pequeña que es, sin proponérselo, inundó todo. Sin previo aviso, deshizo y enterró bajo el piso nubes de pasado que amenazaban con frías precipitaciones, con tormentas de ayer que solo vienen para acongojar a mi poca cordura.  
La encontré. Vagando por un jardín marchito, en donde casi no llegaba el sol y la lluvia solo caía en forma de diluvio, una Flor distinta de aroma nuevo mis sentidos alteró. La miro y la siento como no sabía que podía contemplarse un simple milagro de la creación. Es ella o soy yo, pero el destino de alguno de los dos decidió que era este el momento de encontrarnos. Si me esperaba, si la esperaba yo, hoy no tiene importancia. Su abrazo al envolverme parió mares de flores que inundaron el jardín, el universo, y la eternidad sensitiva que fluye entre sus ojos y los míos dispara realidades alternas en las que ninguno de los dos existe sin la mirada del otro. Ella es mi excusa para volver. Mi puente que se inclina sobre el abismo. Una Flor, un camino. Alguien que ayer me abrazó, y que a pesar de las horas, invisible, sigue al lado mío. 

08/10/16

lunes, 19 de septiembre de 2016

No hay tal cura


Cataratas vacías inundan senderos corruptos por los que alguna vez destellos de vida se confundieron con rayos del mismísimo sol. En medio de tanta quietud, los recuerdos se aceleran y quebrantan sepulcrales días que se ocultan tras la bruma de aquello que jamás llegará a ser. Se me acaba el mate, el tiempo, la vida, y no desisto de la esperanza de verla volver algún día. Mis sueños son suyos, varias horas del día también. Estoy al borde del abismo de resignación que me obliga a aceptar su presencia como a la de un fantasma que jamás va a dejar de atormentarme con recuerdos de tiempos mejores y con el baño de presente, que más que un baño es una lluvia de vómito que me grita en la cara que las cosas son como son porque no supe hacer lo que tenía que hacer. ¿Cuánta de esa culpa es mía? ¿Cuánta de esa culpa voy a cargar por el resto de mis días? ¿Cuántas veces más estas palabras sin sentido se apoderarán de mi existir, entregándome atado a un frío que solamente a su lado llegué a sentir? Hoy estoy convencido de que la enfermedad es mucho menos grave que la cura. Que en realidad, no hay tal cura. Y que como con un tercer ojo, o un sexto dedo en la mano derecha, esa historia durante varios siglos me acompañará. Será parte de mí, y yo de ella. Tomados de la mano descenderemos al infierno y ahí nos calcinaremos, y desde ahí volveremos a renacer. Y desde ahí... hasta ahí. Venimos del polvo y acabaremos siendo ceniza. Como al principio seremos rehenes de la brisa, y ella nuestro destino marcará. ¡Oh, viento! ¡Que tu soplido en huracán se convierta y me aleje para siempre de aquella que supo ser mi estrella! Que no quede ningún rastro de su mirada para alimentar mi pena. Que tan solo en olvido se convierta mi abismal tristeza. Que se acabe el dolor, que su risa de mi alma desaparezca. Que vuele, y me permita volver a volar. Sin culpas, sin excusas, sin alas. Libre, sin su cuerpo, sin su recuerdo, sin ella.  


03-09-16

lunes, 5 de septiembre de 2016

Tu extraña manera de estornudar


Cataratas de vos inundaron cuatro paredes que creían haberte olvidado. Volviste en forma de calor y de agonía que se esparcía por todos lados. Al contrario de la mayoría de las veces, me dejé llevar. Sin salvavidas, apartando la vista de cualquier orilla. Como cuando estabas.
Te recordé de aquella manera en la que cada segundo mi cuerpo me recuerda que jamás voy a olvidarte. Porque aunque te olvide, las letras de tu nombre sobre mi piel se reproducen y me aprisionan. Estalla en mi mente tu mirada como cuando solo me mirabas a mí, como cuando en el mundo no existíamos más que nosotros dos. Y esta vez no se trata de religiones o de cultos misteriosos. El aire se quiebra y el sonido estalla en una muda explosión que me sacude y me incinera el alma. ¿Qué hacer cuando volvés en forma de volcán, pero estás tan lejos que ni siquiera llegas a quemarme? Te convertís en sol. Te veo, te siento... pero no más. En esos momentos la distancia me duele y el saber que jamás voy a volver a alcanzarte se convierte en catástrofe. Si no eras vos, no era nadie. ¿Realmente será así para siempre? Todo indica que sí. Todo indica que al perderte me perdí, y condené a mi existir a existir sin vos. Ser agonía, lo puedo soportar. ¿Pero ser nada?
Cuando la distancia al sol se convierte en ausencia, todo vuelve a pesarme como en el momento en el que me di cuenta de que te había perdido. Me siento vacío, derrotado, y todo por culpa de la piel. ¿Por qué me la dejaste? ¿Por qué no te la llevaste, si era más tuya que mía? ¿Por qué me dejaste seguir viviendo así, cubierto de piel pero sin alma? ¿Por qué me dejaste?
Mañana seguramente voy a arrepentirme de estas palabras y de las maneras suicidas a las que acudo para enfrentar al vacío. Hace siglos que no estás, y sigo enfrentándote. Porque vos sos mi vacío.Los bufones de esta historia, asesinan mi memoria, y me invitan aolvidar. ¿Pero como olvidarte, si tu nombre me aturde en cada sitio al que voy? Tu nombre es tan común y a mí gusta tanto, que me tiemblatodo de sólo pensarlo, tarareo cada vez que esas cinco letras suenan y me escupen en la cara viles escombros de tu ausencia. ¿A dónde estás? ¿Qué hacés? ¿Alguna vez pensás en mí? Te extraño, daría lo que sea por volver a escuchar tu voz. Porque me mires y tu brillo opaque toda la mierda que gira y se estanca a mi alrededor, consumiéndome cada día más. Es tan inmensa la necesidad de volver atrás el tiempo, pero del mismo deseo escaparme. De vos, de mí, de lo que fuimos, de lo que no pudimos ser. Aunque la mayor parte del tiempo creo que te superé, y que hasta te odio... tenés el nombre más lindo del mundo. Esos ojitos chinos, inmensamente pequeños, que me hicieron descubrir el infinito. Tu risa, tu extraña manera de estornudar, tu mancha de nacimiento casi en donde muere la espalda. Vos, completa. Hoy, te extraño.

08-08-16